Mari Carmen Fernández Figueredo
‘Qué vacío más grande’: Poema a una mujer que quiso ser feliz
Brenda lópez fernández
No hay nada más difícil, que vivir sin ti. Te has ido de cuerpo, pero sigues en nuestra mente, pues en nuestros corazones y pensamientos, tú siempre estarás presente. Has marchado de este mundo, Para ir al cielo, y aún lloremos tú partida, seguirás entre nosotros a cada momento. Solo veremos tu imagen, dentro de nuestro corazón, caminaremos sin tus palabras, pero guardaremos tus grandes emociones, tus sentimientos, tu voz, tu recuerdo. Mari Carmen, durante tu paso por este Mundo, demostraste ser una mujer fuerte, luchadora con tu enfermedad, solo pretendías ser feliz con tus seres queridos, nos enseñaste, que las cosas más simples de la vida son las que nos hacen más felices y que debemos luchar hasta el último día de nuestras vidas para conseguir nuestros objetivos. Y en Ángel te has convertido, ahora velando por nosotros estas. Aguardando que se cumpla la cita de reunirnos en la eternidad. Abuela fue una tarde que sus ojos se durmieron y acabo su vida. La buscas, la llamas, no la encuentras, dime ¿Cómo te tengo que consolar? Sé que en el cielo, ella habita, al lado de Dios esta. Aguardaras impaciente tú marcha. Entonces será para siempre, nada, ni nadie os podrá separar. No temerás el momento abuela, pues tu presencia la confortará con el abuelo ella esta. Mari Carmen, te quiero, te queremos. A ti Rafa A ti Rafa queremos agradecerte que desde el día que la conociste, formaste parte de nuestra familia, dándole el amor que necesitaba. Dios quiso que en su vida entraras tú, un ser divino, que cambio su vida, Llenándola de felicidad, amor y sueños. Aprovechando cada segundo, minuto, siempre juntos. No quería jamás despertar de ese sueño. Tú le diste el amor y el cariño, la cuidaste en cada momento de su enfermedad, aún sabiendo, que estaba enferma, ella te pidió que le abandonaras y tú le dijiste que con ella hasta el final. Sin separarte jamás. Sufriendo día a día, siempre juntos. ú tenías tantas esperanzas, que no veías el mal. Siempre acariciándola, cogiéndola de la mano, pero ella sin despertar. Nosotros queremos darte las gracias de corazón, por todo lo que hiciste por ella. Gracias, Rafa.