La Voz de Almeria

Obituarios

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Hola, abuelo: Hace ya tres años que te fuiste aunque eso no significa que nos acordemos menos de ti. Al revés, cada mañana al despertar veo tu foto en la mesita de noche junto a la abuela, tan felices que da la sensación de que aún sigues aquí. Te echamos tanto en falta que es imposible no acordarse de ti a diario. Cada vez que voy a la casa miro hacia la habitación, sé que no estás pero me reconforta saber que puedo observar la cama donde durante tantos años echabas la siesta después de almorzar. El día 7 de junio es un día tan importante como triste para todos. Nos dejaste ese día, desde aquella cama nos dijiste adiós, no con palabras pero sí con tu ausencia. Será un día que nos marcará a todos para siempre en nuestros corazones y que mientras pueda escribir, te escribiré una carta porque sé que la leerás. Siento tenerte cerca cuanto escribo estas palabras y por eso no dejaré de hacerlo. Es tan reconfortante sentir que tal vez me lees, que se me llenan los ojos de lágrimas al escribir esto. No sé si existe Dios o no. Pero lo que sí sé es que una persona como tú no puede quedar en un saco de huesos en una caja introducida en un hueco rodeado de más huesos, no. Tú eres alguien que siempre seguirá vivo entre nosotros por lo tanto siempre vivo. Es una pena que mis hijos no puedan conocerte cuando los tenga, pero les hablaré de ti. Les contaré mis experiencias a tu lado, les diré tus paseos por la playa de madrugada y las hazañas del abuelo pirata. Siempre estás presente en nuestras conversaciones familiares. Cada vez que hablamos siempre recordamos alguna frase que solías pronunciar, que nos causa tanto alegría como nostalgia. Es una triste alegría. Si la memoria tuviera botón REC, habría grabado todas las escenas vividas contigo y las reproduciría en mi mente una y otra vez. Las mostraría a todo el mundo para que te conocieran, son algunas situaciones vividas que al recordarlas me causan una ternura exquisita que me sacan una sonrisa en los peores momentos. De hecho, si me preguntaran cómo me gustaría que fuera el abuelo de mis hijos, mi respuesta sería redundante: ¡como tú! Como era de esperar, desde tu partida las cosas no han vuelto a ser lo mismo. Es imposible que las cosas sean lo mismo sin ti, algo obvio. Quizá para el resto del mundo parezca una exageración lo que digo pero tu dabas alegría a la casa a tu manera. Ahora no se respira ese aire a familia totalmente feliz y completa como antes. Faltan tres piezas: la abuela vieja, el tito Juan José y la tuya. La vida continúa aunque el destino de todos sea el mismo que el tuyo, pero éramos una familia en un puzzle perfecto donde todas las piezas encajaban de forma perfecta, y aunque aún esas piezas encajen, faltan las piezas que le daban la totalidad. Un puzzle que se irá fraccionando con los años, desgraciadamente. Y te preguntarás: ¿Qué muestra el puzzle íntegro? Pues muestra la imagen de una familia caracterizada por el amor en todas sus vertientes, una familia, que como muy pocas, se apoyan y les encanta reunirse. Somos una familia que siempre se ha singularizado por su unión. Por ello, me enorgullece decir que pertenezco a ella, sello que llevo escrito en mi piel con tinta rodeado de flores que tan poquito te gustan. Pintar en mi piel la importancia de la familia en la vida, mostrándolo con orgullo y satisfacción. Casi la totalidad de los sentimientos que caben en mi corazón están ocupados por el amor a mi familia, que tanto me apoya y quiere siempre en cualquier circunstancia. Cada uno de nosotros dentro de tu familia somos especiales, cada uno aporta su granito de arena en este castillo tan bonito que hemos construido con los años. Todos tenemos nuestros defectos pero tenemos un fondo común que es la devoción que sentimos los unos por los otros en esta familia que tú creaste junto a la abuela. Creo firmemente que no podría desear otro futuro que no se asemejara en algo al tuyo: crear una familia extraordinaria al lado de una mujer que no podría describirse con palabras lo grande que puede ser para mí, un matrimonio como los de antaño de esos que duran para toda la vida y que da como fruto todas estas personas que conforman este grupo de almas que se desviven día a día. Por otro lado, hay un elemento que quizá no forme parte de tus debilidades. Qué es sino el tema de las flores, que ya sabemos todos que no te gustan. Pero es que vivimos en una sociedad en la que tenemos por costumbre recordar a nuestros familiares con flores en el cementerio, por lo que es complicado deshacerse de esa tradición que desde hace ya años venimos haciendo. No obstante, queda una cuestión pendiente, que es rociar con vino tu lápida. Es una costumbre poco habitual pero que llevaremos a cabo, todo sea por cumplir felizmente tus deseos cuando aún seguías con vida. El placer de conocerte es lo que me da el placer de recordarte. Tengo el privilegio de gozar de muchos recuerdos junto a ti, y eso perdurará mientras viva y recuerde. Tales como tus hazañas como pirata con un parche-chicle. Prevenida al escuchar tus pasos en el pasillo, pasos que muchas veces resuenan en mi cabeza, tan inconfundibles, esos pasos medio arrastrando las zapatillas y que sin duda sabía que eran tuyos. O también, mis encuentros contigo a la puerta del colegio cargado con una bolsa llena de huevos kínder sólo para mí. Mi infancia está plagada de recuerdos tuyos ya que pasaba el verano con vosotros en el Cabo, infancia feliz que tengo que agradecerte tanto a ti como a toda la familia. Debo confesarte un secreto. Cada vez que me encuentro en un momento difícil guardo una foto tuya en el bolsillo de la chaqueta, y casualmente en esos casos siempre sale todo bien. Siempre serás el ángel que cuide mi camino.

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