La Voz de Almeria

Vícar

De vender lámparas en los mercadillos de Almería a decorar hogares enteros: la historia de Antonio y Dolores

La familia comenzó recorriendo la provincia con una furgoneta cargada de lámparas; tres décadas después, su empresa es referente y afronta el relevo generacional

Antonio y Dolores junto a su hijo y Esther.

Antonio y Dolores junto a su hijo y Esther.Marina Ginés

Marina Ginés
Publicado por

Creado:

Actualizado:

En:

Hubo un tiempo en el que Antonio Miranda y su hermano madrugaban para cargar una furgoneta, recorrer kilómetros por las carreteras de la provincia y montar un puesto de lámparas en los mercadillos de Almería. Dolores Andrés, la mujer de Antonio estuvo siempre a su lado encargándose de la parte menos vistosa: la de los números. Entonces vivían en Padules, en plena Alpujarra y no tenían una gran nave industrial, ni una exposición de miles de metros cuadrados, ni proyectos de decoración integral para viviendas. 

Solo tenían trabajo, intuición y unas ganas inmensas de salir adelante. Treinta y dos años después, aquella aventura familiar nacida entre puestos ambulantes y carreteras secundarias se ha transformado en un negocio capaz de amueblar y decorar una vivienda completa, con clientes que llegan desde distintos puntos de España y con una segunda generación preparada para tomar el relevo.

La historia de esta familia es, en realidad, la historia de muchas familias emprendedoras de la provincia. Una historia construida a base de sacrificios silenciosos, de kilómetros recorridos y de decisiones tomadas sin manual de instrucciones. Porque cuando comenzaron, ni siquiera procedían del sector de la iluminación.

“Veníamos de la hostelería”, recuerda Antonio. Sin embargo, una idea surgida casi de forma espontánea acabaría cambiando el rumbo de toda la familia. “Empezamos en los mercadillos poco a poco y fuimos creciendo”, resume el fundador con la sencillez de quien ha pasado media vida trabajando sin pensar demasiado en el mérito de lo conseguido.

Una furgoneta, los mercadillos y mucho aprendizaje

Los comienzos estuvieron lejos de ser fáciles. Primero llegó una pequeña furgoneta. Más tarde, un camión. Cada semana recorrían pueblos y ciudades de toda la provincia: Roquetas de Mar, Almería, Adra, El Ejido, Campohermoso o La Mojonera, entre muchos otros destinos.

“Había muchísimo movimiento. La gente iba expresamente al mercadillo a comprar. No existían tantas grandes superficies y te ibas haciendo tu clientela”, recuerda Antonio.

Aquellos años fueron también una escuela acelerada de aprendizaje empresarial. No existía internet, no había tutoriales ni asesoramiento especializado. Todo se aprendía a base de errores.

La familia de Lámparas Mivi.

La familia de Lámparas Mivi.Marina Ginés

Una de las anécdotas que mejor resume aquellos comienzos ocurrió tras comprar unas lámparas especialmente caras para la época. Una de ellas sufrió la rotura de una tulipa de cristal durante un mercadillo. El problema era que desconocían por completo que aquella pieza podía sustituirse.

“La lámpara valía 30.000 o 35.000 pesetas. Recogimos y, de camino, paramos la furgoneta y la tiramos entera porque no sabíamos que se podía comprar un cristal de repuesto”, recuerda entre risas. "Todo para que mi mujer no se enterara y no nos echara la bronca", reconoce Antonio.

Hoy la historia provoca carcajadas en la familia. Entonces supuso una pequeña tragedia económica.

“Ellos se metieron en este mundo sin saber absolutamente nada”, añade su hijo Antonio, que ahora lidera la nueva etapa del negocio.

Del almacén a la tienda

El crecimiento llegó poco a poco. Primero compraron una nave industrial en Vícar destinada únicamente a almacenar mercancía. Mientras seguían vendiendo en los mercadillos, los clientes comenzaron a hacer siempre la misma pregunta. “La gente decía: ¿No tenéis tienda? ¿No tenéis exposición?”.

Aquella demanda terminó empujándolos a abrir un pequeño espacio de venta dentro de sus instalaciones. Después llegó la compra de una segunda nave también en Vícar. Más tarde nuevas ampliaciones. Y con cada paso crecía también la confianza de unos clientes que ya no solo buscaban lámparas.

La exposición de Lámparas Mivi.

La exposición de Lámparas Mivi.Marina Ginés

Lo que empezó siendo una empresa especializada en iluminación acabó incorporando decoración, descanso, mobiliario, textil para el hogar y proyectos integrales de vivienda.

Hace unos diez años empezamos con los colchones. Al principio daba miedo porque era algo que no conocíamos, pero fue funcionando y fuimos creciendo. Luego llegaron los sofás, las mesas, las sillas y el textil”, explica Antonio hijo.

Actualmente la empresa ofrece prácticamente todo lo necesario para equipar una vivienda. “Excepto cocina y baño, hacemos prácticamente una casa completa”.

El secreto: precio, calidad y trato humano

Cuando se les pregunta cuál ha sido la clave para sobrevivir a crisis económicas, cambios de consumo, competencia online e incluso una pandemia, la respuesta llega de forma inmediata. “La calidad, el precio y el trato personal”.

Es una frase repetida varias veces durante la conversación porque resume la filosofía que ha guiado al negocio durante más de tres décadas. “Queremos que el cliente se vaya contento, que su casa quede bonita y que luego le diga a su prima o a su amiga dónde lo ha comprado”, explica Antonio.

Descanso en Lámparas Mivi.

Descanso en Lámparas Mivi.Marina Ginés

La familia asegura que ha invertido durante años en publicidad, radio o campañas promocionales, pero que ninguna herramienta ha resultado tan eficaz como la recomendación directa. “Lo que funciona de verdad es el boca a boca”.

Y los ejemplos aparecen continuamente. Clientes cuyos abuelos compraban en los mercadillos y cuyos nietos siguen entrando hoy por la puerta.

“Ayer mismo vino una chica y me dijo que le diera recuerdos a mi abuelo. Resulta que su abuelo ya nos compraba cuando estábamos en el mercadillo”, cuenta emocionado Antonio hijo.

El relevo generacional y el “cuarto hijo” de la familia

Quizá el momento más emotivo de la entrevista llega cuando la conversación gira hacia el futuro. Antonio Miranda se jubiló recientemente después de toda una vida dedicada al negocio. Ahora observa con orgullo cómo su hijo toma el testigo y continua su legado.

“La gente joven es la que tiene que tirar ahora del carro”, afirma el fundador. Sin embargo, el relevo no se vive únicamente como una transición empresarial. Existe una carga emocional mucho más profunda. “Esto es otro hijo de ellos”, explica Antonio hijo mientras señala la empresa levantada por sus padres.

La familia de Lámparas Mivi.

La familia de Lámparas Mivi.Marina Ginés

Y añade una frase que resume perfectamente el sentimiento familiar que rodea al negocio: “Mi mayor miedo sería que esto dejara de funcionar. Sería como matar uno de sus hijos. Todo el esfuerzo de una vida está aquí dentro”.

Por eso la nueva generación tiene claro cuál es su objetivo. “La visión de un hijo que se queda con el negocio de sus padres es mejorar lo que ellos han construido. Como mínimo, mantenerlo”.

Mientras el fundador sueña ahora con viajar más, disfrutar de la playa y pasar tiempo con su familia, la siguiente generación trabaja para seguir ampliando un proyecto que comenzó en una furgoneta cargada de lámparas y que hoy forma parte del hogar de miles de familias.

Porque algunas empresas nacen para vender productos. Otras nacen para convertirse en parte de la historia de una provincia. Y la de Antonio Miranda y Dolores Andrés pertenece, sin duda, a esta segunda categoría.

tracking