De camarero a fisioterapeuta en Aguadulce: empezó la universidad a los 30 y hoy tiene su propia clínica
Román Martínez dejó la hostelería para estudiar Fisioterapia y hoy, tras casi una década al frente de su clínica, asegura que en Aguadulce ha encontrado su hogar y su vocación

Román Martínez ahora es fisioterapeuta y tiene su propia clínica en Aguadulce.
Hubo un tiempo en que Román Martínez Mancebo estaba convencido de que acabaría viviendo en cualquier sitio menos en Almería. Lo recuerda hoy con humor desde Aguadulce, donde lleva años instalado tanto a nivel personal como profesional, aunque durante mucho tiempo no imaginó que ese sería su destino. Natural de Granada, llegó por primera vez a la zona siguiendo el camino de su madre, que se estableció en la comarca a mediados de los años noventa. Vivió una etapa en la localidad, después se marchó y más tarde regresó sin un plan claro, sin imaginar que acabaría construyendo aquí su vida.
Con el tiempo, Aguadulce dejó de ser un lugar de paso para convertirse en el escenario de su proyecto vital y profesional. Pero antes de llegar a la fisioterapia hubo otro camino muy distinto.
De la hostelería a la necesidad de un cambio
Durante años, Román trabajó en hostelería. Era un sector estable, conocido y que le garantizaba ingresos constantes, pero no terminaba de encajar con lo que buscaba para su vida. No era un rechazo directo al trabajo, sino una sensación persistente de que aquello no le llenaba del todo.
“Era un trabajo que no me disgustaba, pero tampoco era algo que sintiera mío. El principal aliciente era que me pagaban”, reconoce.
A eso se sumaban los horarios exigentes, las jornadas partidas y la sensación de vivir en un ritmo completamente distinto al del resto. Trabajaba cuando otros descansaban y descansaba cuando los demás estaban libres. Esa desconexión empezó a pesarle con el tiempo.
Sin embargo, la idea de cambiar de rumbo no apareció de golpe. Venía de atrás, de una experiencia muy concreta.
Una lesión y el primer contacto con la fisioterapia
Con 17 años sufrió un accidente de moto que le provocó una lesión en el hombro y una intervención quirúrgica. Durante su recuperación conoció la fisioterapia como paciente, una experiencia que en su momento le llamó la atención, aunque quedó aparcada durante años.
“Me llamó mucho la atención en su momento, pero se quedó ahí. Con el tiempo volvió”, recuerda.
Ese recuerdo fue reapareciendo mientras la hostelería seguía marcando su día a día. Hasta que terminó convirtiéndose en una decisión.
Volver a estudiar con 30 años
Román decidió dejar de soñar y lanzarse a la piscina, empezó a prepararse el acceso a la universidad para mayores de 25 años y comenzar Fisioterapia en Almería ya cumplidos los 30. Fue un cambio vital profundo que implicaba volver a empezar en muchos sentidos.
La carrera, que normalmente se cursa en cuatro años, en su caso se extendió hasta seis porque la compaginó con el trabajo. Fueron años de esfuerzo constante, jornadas largas y poco descanso, pero también de una convicción cada vez más firme. Aunque no todo fue un camino de rosas, también hubo momentos de duda, especialmente al compararse con compañeros más jóvenes.
“Durante una temporada pensé que debería haber empezado antes. Me comparaba bastante con otros compañeros más jovenes”, admite.
Con el tiempo, esa sensación dio paso a otra más sólida: la aceptación del propio camino. “Luego entendí que lo que hay es lo que hay. Y estoy orgulloso de haberlo hecho”.
Una clínica propia en Aguadulce nacida del trabajo diario
Tras terminar la carrera en 2016, comenzó a trabajar como fisioterapeuta casi de inmediato. Aquella primera experiencia profesional le permitió confirmar que había acertado con el cambio y empezar a definir cómo quería ejercer.
Con el tiempo, surgió la idea de emprender. No como un objetivo inicial, sino como una evolución natural de su forma de entender la profesión. “Quería trabajar según yo creo que hay que hacer las cosas”, explica.
Así, en 2017 abrió su propia clínica en Aguadulce. Los comienzos fueron sencillos: redes sociales, tarjetas en farmacias y el contacto directo con pacientes. Pero el crecimiento llegó de forma constante a través del boca a boca, que sigue siendo hoy su principal vía de llegada de pacientes.
“Cuando alguien sale contento y te recomienda, eso es lo más importante”.
El sedentarismo, una de las grandes causas actuales
Desde su consulta, Román observa una realidad que se repite con frecuencia: el aumento de dolencias relacionadas con el sedentarismo. Aunque su especialidad es la fisioterapia traumatológica, cada vez atiende más casos vinculados a estilos de vida marcados por la inactividad.
El dolor cervical, especialmente en personas que trabajan frente a pantallas, es una de las consultas más habituales. “De las lesiones que veo en el día a día, el sedentarismo está detrás de muchísimas”, explica.
El patrón se repite: largas horas sentado, poco movimiento y posturas mantenidas durante demasiado tiempo. Una combinación que termina pasando factura al cuerpo.
Su recomendación no se basa en soluciones complejas, sino en recuperar hábitos simples. Levantarse, moverse y cambiar de postura de forma frecuente son, según explica, medidas mucho más eficaces de lo que parecen.
“No hace falta media hora de descanso. Basta con moverse cada cierto tiempo”. También insiste en evitar soluciones universales. “No existe el ejercicio mágico para el cuello o la espalda. Cada persona necesita un enfoque distinto”.
Por eso da tanta importancia a la valoración individual de cada paciente antes de iniciar cualquier tratamiento.
Una forma de entender la salud más global
Con los años, su clínica ha incorporado también servicios de podología y nutrición, áreas que entiende como complementarias dentro de una visión más global de la salud.
El enfoque no se limita a tratar el dolor, sino a entender el origen del problema y acompañar al paciente en su proceso de recuperación.
Esa misma evolución también se refleja en su forma de trabajar. Si en los primeros años el esfuerzo estaba centrado en sacar adelante el proyecto, ahora busca un mayor equilibrio entre su vida profesional y personal. “Mi trabajo es importante, pero también lo son mi familia y mi vida fuera de aquí”, resume.
Una historia de cambio y de arraigo
Mirando atrás, Román no ve tanto un salto brusco como una sucesión de decisiones que fueron encajando con el tiempo. Pasó de la hostelería a la universidad, de estudiante a profesional, y de ahí a emprender su propio proyecto en Aguadulce.
Hoy, con la clínica consolidada, su historia se resume en una idea que repite con frecuencia y que resume todo su recorrido: "nunca es tarde para cambiar de vida".
Porque, como él mismo demuestra, el lugar donde uno termina echando raíces no siempre es el que había imaginado, sino el que se construye paso a paso. Y a veces, empezar tarde es exactamente lo que te lleva al sitio correcto.