“Aquí van a rodar cabezas”

“La operación, la diseñe quien la diseñe, pasa por auparla a ella y hundirle a él”

Mala cosa cuando manifestantes, que claramente simpatizan con el Partido Popular, se plantan ante la sede maldita de Génova pidiendo que rueden cabezas. Malo también que una lectura ni siquiera demasiado atenta de la prensa de este fin de semana te deje con la sensación de que una mayoría de comentaristas piensa lo mismo: que es preciso que alguien caiga para que todo siga más o menos igual, suponiendo que ello fuese ya posible. Y peor aún que todos tus contactos en el PP, de un lado, de otro o de la ‘tercera vía’, te reconozcan algo similar: aquí hacen falta ceses, ya que no ha habido dimisiones. Esto huele a cementerio propiciado por el doctor Guillotin. 


Y ¿qué cabezas van a rodar? La lista es larga y variopinta, pero el ‘hit parade’ lo encabeza, desde luego, el secretario general del PP, Teodoro García Egea, a quien han adjudicado el papel de presunto ‘malo’ en una película de espías a la que le faltan muchas escenas para hacerla del todo comprensible. Puede que jamás sepamos toda la verdad sobre las comisiones del ‘hermanísimo’, ni sobre quién filtró un escándalo que en teoría no era para tanto, pero que vaya lo que está dando de sí. Al fin y al cabo, en Madrid sigue sin saberse cuál fue la mano que meció la cuna del ‘tamayazo’ o lo de las cremas de la que era presidenta de la Comunidad, Cristina Cifuentes.


Lo que sí se ve es que de lo que se trata es de que, tras la de Egea, sea la cabeza de Pablo Casado la que ruede. Él ha pretendido retractarse ante Isabel Díaz Ayuso, ofrecerla una paz algo débil y claudicante, pero ella, hasta ahora, no ha recogido esa mano tendida. La operación, la diseñe quien la diseñe, pasa por auparla a ella y hundirle a él, el hombre de quien hace una semana hubiéramos asegurado que era el más probable sucesor de Pedro Sánchez en La Moncloa, se produjese eso cuando se produjese.



Esta semana vendrán las encuestas, que oportunamente mostrarán una inequívoca preferencia de militantes y votantes del PP por el liderazgo de Díaz Ayuso: ella sí que es capaz de ganar a Sánchez, dirán esos sondeos, que sospecho que obviarán esas posibles ‘terceras vías’, como el aterrizaje en la planta séptima de Génova de algún ‘barón’ llegado de fuera, tal que, quizá, Alberto Núñez Feijoo, que, pese a no tener escaño en el Congreso de los Diputados, está siendo muy citado en estas horas. Veremos. Pero yo creo que los líderes territoriales, que cuentan tras ellos con votos y con una buena gestión, tienen mucho protagonismo que ejercer en este filme, que también se rueda, a partir de este lunes, en Castilla y León, donde Fernández Mañueco comienza sus contactos para llegar a formar un gobierno autonómico.


Lo que me parece claro a estas alturas es que el bando ‘ayusista’ va ganando la carrera, incluso la mediática --muy importante en este lance--. Lo cual no quiere decir que no se esté dejando algunas plumas de pavo real por el camino: porque otra de las cabezas dicen que guillotinables es la del ‘superasesor’ Miguel Angel Rodríguez, pero mucho me costaría creer que su jefa la deje caer así como así. Aunque rumores sobre cómo andan las relaciones entre ellos los hay para todos los gustos, que esa es otra: el PP se exhibe, abierto en canal, para todas las miradas, incluyendo vidas privadas, amoríos y odios del pasado, traiciones y malos pasos. Fíjese usted que hasta Esperanza Aguirre, que tanto tendría que callar --o que contar--, anda por ahí diciendo que ‘se está pensando’ si pedir la dimisión de Casado.



Sospecho que todo esto acabará en algo que hace tiempo debería haberse hecho: una reflexión en el PP que sea casi una refundación del partido, aclarándose, por ejemplo, sobre una cuestión nuclear: si es proclive o refractario al famoso pacto con Vox, que, a todo esto, sube como la espuma gracias a la estulticia que se derrocha en el PP. Veremos si alguien tiene la buena, o quizá no tan buena, idea de adelantar el congreso nacional del partido tras reunir a cara de perro a la Junta Directiva Nacional. Donde, sin duda, se hablará de eso, de cabezas que tienen que rodar, aunque nadie sepa muy bien para qué. Ni las de quiénes. Porque antes de hacer funcionar la guillotina, que ya se ha cobrado la vida política del tal Carromero, habría que poder responder a las preguntas más simples: quiénes, cómo, por qué, para qué, cuántos, tienen que pagar el pato y los platos irreparablemente rotos.




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