Inconcebible

Inconcebible, en esta era de lamentos, la imagen de las playas barceloneses abarrotadas. Cataluña sigue ostentando el récord de contagios por coronavirus. Pocos turistas osarán viajar a la Comunidad desastrosamente gestionada por un Quim Torra que tolera, y fomenta, cortes de tren en protesta por la visita de los reyes. Claro que en otras Comunidades los actos de rebeldía contra la más básica lógica del confinamiento, especialmente por parte de los jóvenes, nos hacen augurar lo peor para el otoño, que bastante caliente va a ser ya por diversas razones (entre ellas, claro, lo que vaya a ocurrir en las elecciones catalanas).


Inconcebible que haya voces, monárquicas o republicanas, que pidan el exilio del hombre que encarnó la jefatura del Estado durante casi cuarenta años. Ni el peor de los criminales, y Juan Carlos I obviamente no lo es, podría ser condenado a vivir fuera del país del que es nacional, del que ha sido el primero de los ciudadanos.


Inconcebible que, a la vista de lo que está cayendo, los partidos políticos no hayan llegado a un amplio acuerdo para la reconstrucción del país. Dentro de pocas horas conoceremos los resultados de esa comisión parlamentaria que no ha sido, la verdad, gran cosa. Uno, en su optimismo inevitable, aún sigue esperando alguna señal que muestre que nuestros representantes conservan un mínimo de lucidez, ya que no de patriotismo.

Inconcebible un país en cuyo Gobierno, que cuenta con cuatro vicepresidencias mal avenidas, conviven dos sensibilidades opuestas en cuanto a la forma del Estado. 


Inconcebible un país en el que, dos años después de haber vencido su mandato, sigue sin pactarse la composición del gobierno de los jueces ni la renovación del Tribunal Constitucional. Inconcebible la parálisis del Legislativo.



Inconcebible un país en el que las cuentas públicas difieren según quién las haga, si el Ministerio correspondiente, el Banco de España, la Autoridad fiscal (AIReF) o determinadas autonomías. 


Inconcebible un país que sigue viviendo, teóricamente claro, con los Presupuestos de hace casi tres años, por supuesto sin el menor respeto a las partidas del mismo. Inconcebible un país en el que la seguridad jurídica está, por tales y otras razones, bajo mínimos. Los límites de espacio de esta columna me impiden poner muchos más ejemplos que muestran que la política española se halla sumida en el surrealismo puro y duro, sin que la capacidad crítica de la ciudadanía exija corregir el rumbo de una vez. Pero este, de cierto caos y de debilidad de un Estado, es el mensaje que hemos enviado a los líderes de la UE que estudiaban el cómo, cuándo y, sobre todo, cuánto, dinero aportarán a esa reconstrucción de los países del sur, entre ellos el nuestro. 


Y, créame usted, consta que en la UE, tanto entre los 'pródigos' como entre los 'austeros', las cosas se estudian muy bien antes de aflojar, así como así, la bolsa. Y ese mensaje que enviamos al Consejo Europeo tiene algo de lo que estoy diciendo: inconcebible. Un desbarajuste del que el único culpable no es el Gobierno, bien que siento tener que decirlo.


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