La Voz de Almeria

Almería

Dos agricultores de Almería levantan un pódcast que da voz a las historias de su tierra

Entre riegos y focos, Grego y Fran compaginan la agricultura con Veleta Podcast, un proyecto que rescata historias reales

Grego Vílchez y Fran Asensio en el estudio de Veleta Podcast con camisetas personalizadas de Cycling Monkey

Grego Vílchez y Fran Asensio en el estudio de Veleta Podcast con camisetas personalizadas de Cycling MonkeySara Ruiz

Publicado por

Creado:

Actualizado:

En Almería, donde el sol cae a plomo sobre los plásticos y las mañanas huelen a riego recién puesto, hay dos voces que han aprendido a doblar el tiempo. Por la mañana, riegan, podan, cargan cajas de pimiento. Por la tarde, levantan focos, ajustan micrófonos y convierten un simple espacio en un pequeño plató desde el que contar historias que nacen a ras de tierra y acaban viajando por Internet.

Detrás de esos micrófonos están Grego Vílchez y Fran Asensio, dos agricultores almerienses y creadores de Veleta Podcast, un programa que empezó como una broma entre amigos y ha terminado siendo un altavoz para las vidas anónimas —y no tan anónimas— de la provincia. Grego pone la voz y la curiosidad insaciable; Fran, las manos técnicas y la paciencia para montar horas de grabación hasta convertirlas en un episodio. Juntos, han logrado que desde un rincón entre invernaderos se escuchen las historias que muchas veces no llegan a los titulares, pero sí se quedan en la memoria.

Una casa con silencio 

Grego creció en una casa donde se hablaba con las manos. Sus padres son sordos y, de niño, las conversaciones se medían en gestos, no en palabras. En su cuna, antes incluso de saber qué era el hambre, aprendió a ingeniárselas: sacaba la sábana por los barrotes para que lo vieran llorar, porque su madre no podía oírle. “Me faltaron diálogos de pequeño”, admite, “y ahora hablo por los codos”. De ese silencio inicial nació, sin saberlo, la necesidad de observarlo todo y de escuchar a los demás.

Con los años, la vida se encargó de darle materia prima: anécdotas intensas, tropiezos, un divorcio que lo reordenó por dentro, amistades que se convirtieron en refugio y un sentido del humor que lo acompaña incluso en los días grises. Entre historia y historia, sus amigos fueron los primeros en verlo claro: “Tú tienes que hacer un pódcast de tu vida”. Lo que empezó como una frase lanzada entre risas se transformó en una posibilidad real. No hacía falta ser famoso, ni tener plató, ni equipos profesionales: solo ganas de contar y de escuchar. Ahí fue donde la semilla de Veleta Podcast empezó a germinar.

El logo de Veleta Podcast

El logo de Veleta PodcastLA VOZ

Montar un estudio 

Así, el pódcast arrancó con un micro, una mesa cualquiera y mucha intuición. Al principio grababan donde podían: un local prestado, ventanas tapadas con telas para que no entrara el sol, trípodes caseros hechos con cajas de fruta. Llegaban después del invernadero, cansados, pero con la cabeza ya metida en el episodio del día. Montar, grabar, desmontar y volver a casa de madrugada. Si algo fallaba, se buscaba un tutorial; si no existía, se probaba hasta que sonara. El estudio actual fijo —en el barrio de Los Molinos— es el resultado de ese empeño.

El aprendizaje fue a contrarreloj. Entender cómo editar audio, cómo ajustar luces, cómo estructurar una entrevista o incluso cómo elegir la hora exacta para subir un vídeo a redes. Fran se convirtió, casi sin querer, en técnico, editor y realizador; Grego, en presentador, guionista y buscavidas. Lo que antes era dar al “grabar” y sentarse, ahora implica investigar invitados, preparar preguntas, cortar clips para TikTok, estudiar etiquetas, horarios y métricas. “No somos profesionales”, dicen, “pero tampoco nos conformamos con hacerlo a medias”. El resultado: un pódcast que, sin perder la sencillez de sus inicios, empieza a parecerse mucho a lo que soñaban.

Una jornada doble 

Las jornadas de Grego y Fran empiezan antes de que el sol queme los plásticos. Hay cajas de pimiento que cargar, plantas que revisar y llamadas pendientes del almacén. A veces, cuando toca grabar, avisan: “Hoy no puedo, tengo reunión”, aunque en realidad la reunión sea con un invitado y una escaleta esperando en la mesa. El invernadero es su sustento y el pódcast, su apuesta. Viven a contrarreloj, organizando las cosechas como quien organiza una parrilla de programación. Si no hay grabación, hay edición; si no hay edición, hay que preparar clips; y si no hay clips, hay que buscar historias. El descanso, si llega, es una excepción.

Esa doble vida no es queja: es motor. Saber que no hay productoras detrás ni un sueldo fijo. No tienen que gustar a todos, solo ser fieles a lo que quieren contar. Las entrevistas no se fuerzan: se cultivan como se cultiva una planta. Paciencia, observación, espera. Y cuando algo se tuerce, como en una campaña mala, toca improvisar. La disciplina del campo les sirve delante del micrófono: constancia, respeto, trabajo silencioso. De alguna forma, todo lo que aprendieron entre surcos y tierra se ha colado en este proyecto. Por eso Veleta Podcast no suena a estudio: suena a Almería. Y por eso, también colaboran con otros emprendedores como Cycling Monkey

Se escucha

A Veleta Podcast no lo sostiene la viralidad, sino la constancia. Detrás de cada episodio hay algo que no aparece en cámara: las horas que no se cobran, los invitados que se caen, la edición que se alarga, las dudas, las ganas de tirar la toalla. Y aun así, Grego y Fran siguen. Porque lo que han levantado no son solo episodios, es una pequeña comunidad que reconoce su acento, su forma de mirar a los demás y su manera de construir territorio. No van de referentes, pero sin darse cuenta se han convertido en espejo para quienes sienten que no hace falta ser famoso para tener una historia que contar.

El futuro no está escrito —quizá tocar política local, quizá crecer, quizá quedarse tal como están—, pero sí está claro el motor: hacer que Almería se escuche. Desde una mesa cualquiera, desde una sala improvisada, desde un invernadero que huele a trabajo honrado. Veleta Podcast es, al final, una veleta que gira, sí, pero no por capricho del viento, sino por la fuerza de una tierra que empuja. Si la voz nace aquí, dicen, que el mundo la oiga.

tracking