Arigato Tokio

Se apagan las luces de Tokio y arde París

Sandra Sánchez portando la bandera de España.
Sandra Sánchez portando la bandera de España. Cadena SER

Reconocimiento también a todos los voluntarios que hicieron posible que esto saliera adelante.Alivio, emoción, esperanza... La llama que tanto costó encender ya no flamea en el Estadio Olímpico de Tokio. Atrás queda un esfuerzo colosal para celebrar unos Juegos marcados por una pandemia que se ha llevado cuatro millones de vidas pero que finalizan con campeones olímpicos proclamados y sin que la COVID-19 se propagara por Japón. Un éxito añadido al deportivo. Aunque no hubiera público tampoco en el cierre. El alma la pusieron los deportistas. París 2024 asoma ya pronto... Ojalá que sin mascarillas y sin 80.000 test diarios.


Los Juegos más inciertos, los que se han clausurado en Tokio un año después de lo previsto por la pandemia, acabaron con la certitud para España de las mismas medallas que en Río 2016, 17. Ni para adelante ni para atrás. Bueno lo segundo. No tan bueno lo primero porque desde las 20 de Atenas 2004 se bajó a las 19 de Pekín 2008, a las 18 de Londres 2012 y a las 17 de las dos últimas citas. Por medio, la crisis económica que redujo las subvenciones del Gobierno y golpeó tremendamente al deporte.


Sandra Sánchez llevó la bandera de una delegación que termina con tres oros, siete platas y seis bronces en el puesto 22 de un medallero que dominó Estados Unidos tras un esprint en el domingo final en el que adelantó a China por un oro (39 frente a 38). La campeona olímpica de kárate subió a lo más alto del podio y también lo hicieron Alberto Ginés (escalada) y Fátima Gálvez y Alberto Fernández (trap mixto de tiro). Sólo tres frente a los siete de Río, lo que provocó un descenso de ocho puestos en la tabla. Ocho medallas de 'chocolate' hubieran cambiado el panorama de convertirse en bronce. Y 42 diplomas (entre los ocho primeros), cuatro más que en 2016, indican que el nivel sigue siendo muy parejo cinco años después.



Sandra Sánchez, abanderada en la clausura. COE

España descubrió a una estrella en Adriana Cerezo (plata en taekwondo con 17 años), vibró con los saltos de dos colegas, Ray Zapata y Ana Peleteiro, asistió a la recuperación de la vela (dos bronces), confirmó la fortaleza del piragüismo con Saúl Craviotto ascendiendo al Olimpo con cinco medallas... Y despidió con amargura a Pau Gasol (que tendrá ahora un sillón en el COI) y a Marc frenados por Estados Unidos y a Raúl Entrerríos con un bronce.



Sin Usain Bolt ni Michael Phelps, Simone Biles se hizo humana con sus problemas de ansiedad pero pudo terminar feliz colgándose el bronce en la barra. Un triunfo. Caeleb Dressel reinó con cinco oros en la piscina y Emma McKeon logró siete medallas. En el tartán, tres fogonazos en forma de récords de Karsten Warholm y Sydney MLaughlin (400 vallas) y el de triple de Yulimar Rojas iluminaron el estadio. También el doblete de Elaine Thompson-Herah en 100 y 200 y la irrupción del italiano Marcell Jacobs en 100.


Thomas Bach, presidente del COI, recordó unas palabras del fundador, el barón Pierre de Coubertain: "Los Juegos son una peregrinación al pasado y un acto de fe en el futuro". "Tokio 2020 le ha dado a nuestro frágil mundo fe en el futuro", agradeció el alemán. Arigato Tokio. Gracias por devolver los Juegos a la humanidad. La esperanza.


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