La ciudad interior del Convento de las Puras

Eduardo Blanes Arrufat presenta su libro ‘Convento de las Puras. Arquitectura’

Detalle de la foto de cubierta del libro sobre el Convento de las Puras.
Detalle de la foto de cubierta del libro sobre el Convento de las Puras.

Este jueves, en el Colegio de Arquitectos, Eduardo Blanes Arrufat nos presentó su libro 'Convento de las Puras. Arquitectura'. Un conjunto de edificaciones y patios conservados por sus habitantes: la congregación de Las Puras (hermanas concepcionistas franciscanas) durante 500 años (más que la catedral), que ha llegado a nosotros bien cuidado gracias a la restauración llevada a cabo por el autor a lo largo de 18 años de obras (1987 a 2005).

El libro está bien arropado por la presentación del Colegio y el prólogo de José Ignacio Linazasoro, profesor, arquitecto, referente en intervenciones en edificios históricos.

Es sin duda un libro de arquitectura. Los textos, los planos, las numerosas imágenes (inéditas, de una belleza sincera, serena y directa) son propias del arquitecto que ha conocido, recorrido y estudiado cada rincón del convento. Como ejemplo, en las fotografías del compás podemos recrear la vista en una calle de la Almería del siglo XVI recién inaugurada. La restauración, suprimiendo revestimientos y añadidos impersonales, a la vez que refresca el edificio, muestra todo su recorrido histórico.

Esta ciudad interior, bien conservada y restaurada, es una excepción en Almería, gracias a la continuidad de la congregación que ha habitado el convento. La paradoja es que esta excepción, oculta a la vista, era el ejemplo a seguir todos estos años, y lo que vemos con demasiada abundancia en nuestra ciudad, debería ser la excepción.  

Almería, ciudad maltratada por una sociedad que despreció las reglas de una arquitectura sensata y un urbanismo proporcionado que tenía ante sí. Sociedad que permitió superar las alturas de la torre del convento (llamada torre Miramar, de cinco plantas, por sus vistas), igual que permitió superar las de la propia torre de la catedral.

Si el peligro de destrucción del edificio parece hoy impensable, dada su protección, lo que hace falta ahora es, por un lado, hacer visible su valor arquitectónico y urbano, y por otro, ayudar a la congregación en su cuidado.

Siendo el convento patrimonio privado y oculto, el libro adquiere la propiedad de bien público de la ciudad. Cuando paseemos alrededor del convento y nos detengamos en sus tapias, lo que veremos tras ellas es tu libro, Eduardo.





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