“Ahora que soy mayor estoy repitiendo lo que vivía de niño cantando y bailando“

En el centro, Antonio García, ‘El Niño de las Cuevas’. Foto:  P. Uroz
En el centro, Antonio García, ‘El Niño de las Cuevas’. Foto: P. Uroz

Antonio nació en el barrio de Las cuevas de los Medinas. Con 5 años se inició en la guitarra de manera autodidacta inspirado por la pasión de su padre. Lleva 40 años al toque y al cante, a los que se ha sumado su familia dentro del grupo de nombre El Morato, donde se ha llevado toda la gloria del flamenco a las tablas de la provincia de Almería. Cuánto arte!


¿Su padre era cantaor?

Mi padre era muy aficionado. Se llamaba Paco García Molina. Me contaron que con 13 años, cuando iban a recoger el esparto, paraban para fumar un cigarrillo y mi padre cantaba un tema de El niño de la huerta, que se llamaba la Romería Loreña, y todos los trabajadores se quedaban maravillados. Yo con 5 años me inicié a la guitarra fijándome en los demás y con métodos.


¿Y por qué a usted le apellidaban Molina de joven?



Es el apellido que ha perdurado en toda mi familia.


Ese apellido le creó una anécdota

Sí, en el año 1979 se organizó un festival de cantautores en el Teatro Cervantes, yo cantaba canciones de Jarcha y recitaba poemas. El evento lo anunciaron por la prensa y la radio y, entre los participantes, a mí me anunciaron como Antonio Molina. Media provincia vino creyendo que era Antonio Molina el cantaor. Cuando se dieron cuenta del error todos pidieron la devolución de las entradas (se ríe).


El hombre no está hecho para la derrota. Lo dijo Hemingway.

A mí eso no me afectó en absoluto. Entonces un directivo de la peña El Taranto, Constantino Díaz Benete, me dijo que para que esto no me ocurriera más me puso el nombre de El Niño de las Cuevas, porque yo había nacido en el barrio de Las Cuevas de los Medinas.


¿Qué cantaor fue su inspiración?

Yo bajaba cada día desde el barrio de El Quemadero hasta el instituto Nicolás Salmerón y cuando pasaba por la calle Pablo Iglesias veía en la fachada de Río Preto Radio un cartel con la imagen de Sorroche y dentro se oía cantar en un disco. Yo me dije: algún día le voy a acompañar a la guitarra a este hombre, y con el tiempo he sido su guitarrista habitual y él mi maestro.


¿Se han visto después de los meses de confinamiento?

Tenemos pendiente vernos en Tabernas y echar nuestros raticos de cante. Él ahora está retirado y escribiendo un libros con nuevas letras.


¿Usted con qué templa la voz antes de cantar?

Yo soy muy bruto, caliento poco la voz. Hago un poquito de ‘rerreo’ para soltar las cuerdas vocales.


¿Cuándo descubrió que había talento en su hijo?

Tenía 7 años y estábamos en una reunión, cogió la guitarra de Gerundino que tengo y me dijo que la estaba afinando y, la verdad, ponía los dedíllos muy bien. Luego lo matriculé en el conservatorio.


¿Y Ana Mar?

Cuando viajábamos la familia en coche yo grababa canciones infantiles y entre medias ponía los fandangos del Alosno de Camarón. Un día con 4 años Ana estaba jugando y cantando unos fandangos de Almería, me sorprendió, y con 15 años le cantó una saeta a la virgen de La Soledad. Tiene el grado profesional de violín y es la primera persona de Almería en lograr el grado superior de Cante Flamenco.


Una familia unida por el flamenco, incluída Lola, su mujer, presidenta de la peña El Morato

Hemos hecho una recopilación de cantes navideños infantiles con el apoyo del Instituto de Estudios Almerienses, donde participamos toda la familia como colofón de años de estudio y rescate de las músicas de Almería. En este trabajo han estado en los coros Lola, mi cuñada Ana, mis tres hermanos y nuestro grupo “El Morato”.


¿Qué es para usted la familia?

Es fundamental en nuestra vida. Ahora que soy mayor estoy repitiendo todo lo que vivía de niño cantando y bailando en casa con mi familia y ahora también se ha sumado mi nieto, que hace notas al piano y a la guitarra; tiene mucha afición y nos da muchas satisfacciones.


Recite un fandango dedicado a Almería.

”Almería quién te viera y por tus calles paseara y a Santo Domingo fuera a ver la misa del alba y una salve te dijera”. El historiador Emilio Lafuente Alcántara la recopiló en 1860. De esa misma década es esta copla de un cantaor de Álora que se llamaba El canario: “Tengo que poner espías, por ver si mi amante viene al pie de Torregarcía. Madre yo no sé que tiene el camino de Almería”.


¿Se hace preguntas sobre el sentido de la vida?

En los 90 la vida me dio un golpe a la salud que me dejó apartado un tiempo del cante. Pero doy gracias a la vida, como decía Mercedes Sosa, por la familia que tengo y porque he sido profeta en mi tierra, desde la humildad, para cualquier actividad solidaria, sacándole el máximo rendimiento a mi guitarra por mí mismo, y soy dichoso por cómo la vida ha tratado a mi familia.


¿Cree que hay que tener un sueño a cada rato?

Hombre!, hay que tener sueños, objetivos; siempre hay que hacer cosas en la vida. Ahora estoy digitalizando mi discografía, es un legado para las próximas generaciones; doy conferencias, hablo del cante y del baile con mis alumnos del conservatorio... Me hace estar vivo que yo pueda transmitir mi experiencia en el flamenco.

 

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