“Si la religión levanta un muro con la vida y los demás, no cumple su función“

Tras presentar en el certamen Ópera Prima ‘Alegría’, Violeta Salama recoge el Premio RTVA

Violeta Salama con el Premio RTVA, que recogió este lunes de manos del director general de Canal Sur Radio y Televisión, Juande Mellado.
Violeta Salama con el Premio RTVA, que recogió este lunes de manos del director general de Canal Sur Radio y Televisión, Juande Mellado. La Voz
Evaristo Martínez
01:59 • 22 nov. 2021

En ‘Alegría’, proyectada en el certamen Ópera Prima y en cines a partir del 10 de diciembre, Violeta Salama (Granada, 1982) habla de religiones, familia y raíces. Una amable comedia dramática en una colorida Melilla, espejo de la que se crio, protagonizada por una mujer en lucha con sus raíces judías.


Apenas vemos alegre a su protagonista, Alegría.
Esa es la dicotomía. Es  un nombre que me gusta mucho y muy presente en la comunidad judía de Melilla. Un nombre poderoso que te marca, parece que siempre tengas que estar así. Ella está en lucha con su propia alegría. 

Una dicotomía como los contrastes que muestra.
Y las contradicciones. Para mí era muy importante que todas mis ‘personajas’ tuvieran esa contradicción entre lo que tienen y lo que quieren. Y Melilla te da esos contrastes: una arquitectura modernista de edad señorial pero a dos calles tienes Marruecos.

Su padre es sefardí, su madre católica. ¿Cuándo nace esta película?
Cuando mi abuela comenzó a enfermar. Ella vivía sola en Melilla y la cuidaba Ani, una chica de Casablanca. Veía esa relación entre una judía muy religiosa y una musulmana. Tenían mucha confianza, una convivencia fantástica pero se peleaban por si el cuscús llevaba calabaza o no: para ambas era algo suyo y cada una tenía su receta. Ahí vi una película.

‘Alegría’ habla del reencuentro con nuestras raíces. ¿Usted lo vivió así?
No, ha sido algo más natural porque nunca he tenido tanto rechazo a las raíces como Alegría. El personaje está basado en mi padre, judío sefardí. En la época de Franco quería ser periodista pero su padre le dijo que eligiera otra cosa, que no podía estar en la palestra: su nombre es Moisés Salama Benarroch y su firma no pasaría desapercibida. Era una época muy diferente a la mía. Franco no delató a los judíos pero no se les podía ensalzar; por eso aprendieron a estar calladitos. Las contradicciones de mi padre con el judaísmo son muy interesantes: nunca ha estado en Israel, no le interesa por lo que sufrió por la creación del Estado de Israel. Yo sí he ido, con mi abuela, lo he visto todo con ojos más puros e inocentes. Una cosa es que no quieras la religión pero quédate con esa conexión con tu familia. Y no habléis de religión en la mesa. 

Su película muestra que la religión separa pero las personas se encuentran.
Se encuentran en torno a las emociones. Hacia fuera la religión nos separa pero hacia dentro te da herramientas, las respuestas que te faltan para seguir viviendo. Pero no te puede marcar un muro con los demás o con la vida porque si no, no cumple su función.

¿Es usted religiosa?
Cero, no me bautizaron para evitar conflictos.  Me gusta más la tradición, la cultura religiosa. Cuando fui madre quería ser moderna, diferente, y al final tengo los valores de mi abuela, la judía y la cristiana, te queda lo que te han inculcado.

El color en la película es muy importante, define el entorno, Melilla, y a sus protagonistas, por cómo visten. ¿Cómo lo trabajó?
El vestuario recalca la personalidad de ellas. Y el director de fotografía [Pau Esteve Birba] es mi pareja, llevamos muchos años juntos, conoce Melilla al dedillo y llevamos siete años preparando la película. El director de arte es Pepe Domínguez, sevillano, con el que ha trabajado mucho y tiene mucha simbiosis. Yo les hablaba y ellos lo traducían. Quería una estética un poco de fábula, no realista. He delegado mucho en ellos: si un personaje llevaba una camisa azul, en el decorado de fondo había algo azul. Hemos partido de los colores de Melilla para hacer el vestuario y de ahí componer el plano.

Hay secuencias en las que las protagonistas viajan a Marruecos y el paisaje es muy similar al de Almería. ¿Pensó en rodar aquí?
Cuando nos cerraron las fronteras [la película se rodó entre febrero y marzo de este año] los productores nos dijeron que hacerlo en Cádiz. Pero les dije que el paisaje no tiene nada que ver, que la única opción sería Almería. El problema son las comunicaciones: es complejo venir a rodar dos o tres días cuando tardas 4 horas en venir desde Sevilla, tienes que montar,... Al final lo rodamos en Melilla, en un territorio militar. Almería es un paraíso terrenal para rodar pero le fallan las comunicaciones. Cuando eso se solucione, os vais a hinchar.

'Alegría' es una película muy femenina: cuando hay conflictos, el hombre queda fuera de plano.
Totalmente. Hay tres hombres judíos muy diferentes: uno sí pertenece al universo femenino, se interesa por las mujeres, se muestra cómplice; los otros no, algo que no los hace ni mejores ni peores. La decisión de que la cámara se quede en ellas es que la cabeza del espectador no deambule por tantos personajes. La música también refleja esos mundo interiores, nos da pistas de qué pasa en sus cabezas.

Cinco de las doce películas del Ópera Prima de esta edición del Festival de Almería las dirigen mujeres. ¿Cambio de tendencia?
A Alberto Rodríguez o Enrique Urbizu nadie les pregunta si su punto de vista es masculino, es obvio. Siempre hemos consumido esas historias pero ahora las cineastas tenemos la ocasión de mostrar otro punto de vista que echábamos en falta cuando crecíamos. Recuerdo ver en los 90 ‘Ellas dan el golpe’ y flipar con esas mujeres que tomaban decisiones y luchaban entre ellas por un campeonato, no por un hombre. Luego supe que la había dirigido una mujer. Con el cine de Alberto Rodríguez disfruto de otras cosas pero no me puedo identificar igual.

No va a olvidar este festival: su ópera prima seleccionada y además se lleva el Premio RTVA.
Ha sido una sorpresa que me hace tremendamente feliz. Cuando haces una ópera prima lo importante es hacer ruido, que alguien quiera verla. Y este premio ayuda a decir que hay una chica en Andalucía que ha hecho una película. Estoy súper agradecida y nos viene muy bien para destacar y sobresalir dentro del mogollón de oferta que existe.





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