Valente no quería que se le relacionase con nadie cuando eligió Almería

La vinculación de Valente con Almería al cumplirse 20 años de su fallecimiento

Imagen de archivo de José Ángel Valente, del que se han cumplido ahora 20 años de su fallecimiento.
Imagen de archivo de José Ángel Valente, del que se han cumplido ahora 20 años de su fallecimiento.
Antonio Torres
07:00 • 27 jul. 2020

La vinculación de José Ángel Valente con Almería ha sido objeto de homenajes al cumplirse 20 años de su fallecimiento. Casi todas las universidades se han expresado. La Facultad de Poesía José Ángel Valente y la de Santiago de Compostela que en colaboración con la Diputación y José Manuel Mouriño lanza su ensayo audiovisual. Sonia Miranda y Antonio Luís López homenajearon con un recital de altura.  El arquitecto Ramón de Torres en un entrañable artículo en LA VOZ DE ALMERÍA destacó que la presencia del Premio Príncipe de Asturias de las Letras se activa en la exposición “Manuel Falces, alquimista de la memoria”, que se celebra actualmente comisariada por Matilde Sánchez en el CAF. El exministro José Guirao, artífice de que Valente se asentara en Almería, José Antonio López Alemán que le abrió la puerta de El Taranto y el actual alcalde, Ramón Fernández-Pacheco que en su etapa de concejal abrió la Casa del Poeta de forma musealizada cuando fue concejal de Cultura.  En cambio, al poeta, autor de una prosa contundente y a veces controvertida por sus juicios de valor, tuve la oportunidad de entrevistar por encargo del entonces responsable de Cultura de El País, Juan Cruz, en la edición de 10 de febrero de 1986. Ahí se subraya que no quería que se le relacionase con nadie cuando ha elegido Almería para vivir. Ni con Goytisolo que también formó parte de su patrimonio. ¿Por qué eligió el Sur para instalarse?, fue la primera pregunta: “Paradójicamente, se sube hacia la sombra y se desciende hacia la luz. Parecería ése un sentido obvio del descenso hacia el Sur. La busca de una relación no sólo simbólica, sino carnal, con la luz. Habría, luego, la elección del lugar. ¿Por qué Almería? He oído muchas veces esa pregunta en los últimos tiempos. Pero no soy yo, en rigor, quien podría responderla. Porque uno no elige a uno. Y eso pertenece al orden en lo poco o nada racionalidad fiable, al orden de las cosas que sin que nosotros sepamos por qué configuran el destino”.



La memoria. “Usted es de otras tierras”, le pregunté a Valente,  hijo adoptivo de Almería del que tuve el privilegio de muchísimas tardes me visitara a las antiguas instalaciones de Canal Sur en Oliveros y de las que guardo grandes confidencias, “viene de lejos y la idea de regreso por lo menos planeará sobre su mente”: “Sí, yo soy gallego de nación”, dijo, “nací y viví en Galicia toda mi infancia, toda mi adolescencia, y tengo con respecto a aquella tierra un intenso sentido de pertenencia, tanto que soporto con dificultad la idea de un regreso. Irme fue mi modo de quedarme para siempre Tal vez por eso sea el regreso imposible. Es como si temiera que la memoria abrasase allí el territorio de la realidad, lo abrasase todo Galicia es para mí el territorio sin límites de la memoria. Y en ese sentido Galicia me condiciona, me impone un sentimiento contradictorio, que es el sentimiento del regreso y a la vez el sentimiento de que el regreso no existe. No se regresa nunca”.



¿Y Almería?



“Así entendidas las cosas, Almería me descondiciona. No me impone ninguna pertenencia, me acoge como una tierra nueva, tierra incógnita; me ofrece una pura receptividad. En el tiempo que llevo aquí no ceso de asombrarme de la honda receptividad de este lugar al que he venido. Entiendo ahora que ya desde sus orígenes árabes tuviese Almería fama de lugar de acogida, de hospitalidad. Esa capacidad de acogida se percibe de modo difuso en la ciudad, sus gentes, “pero tiene además en mi caso nombres propios, muy sólidos fundamentos. Sería desleal si a ese propósito no agradeciese la elegante y continua ayuda que recibo de los amigos de la Diputación Provincial, entre los que he de citar ante todo a José Guirao y a Gabríel Núñez. Tampoco podría excluir la mención explícita de Ramón de Torres, arquitecto de extraordinario talento y sensibilidad”, dijo el autor de El fulgor.







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