“La residencia de Roquetas es un ejemplo de trabajo colectivo contra el virus“

Entrevista / Los héroes de la batalla de Almería: Javier Sandoval, médico

Javier Sandoval Codoni, con flores como las que han adornado la residencia de mayores de Roquetas.
Javier Sandoval Codoni, con flores como las que han adornado la residencia de mayores de Roquetas. La Voz

Javier Sandoval Codoni (Granada, 1979), vive desde hace 10 años en Almería, donde se especializó en Medicina Familiar, en el centro de salud de La Mojonera, del Distrito Sanitario Poniente. Casado y con dos hijas, asegura que la única afición que le queda ahora mismo es la familia. De hecho, resalta que para él los grandes héroes de esta batalla son los familiares de los sanitarios. También destaca el gran trabajo que se está realizando en la residencia de mayores Virgen del Rosario de Roquetas de Roquetas, una de las cuatro que fueron medicalizadas en la provincia, de la que acaba de salir y donde se produjo uno de los mayores brotes de coronavirus en Almería.


¿Cuál es la situación actual en la residencia?
El brote está controlado. Y como sigue medicalizada, detectar cada positivo permite ser más rápidos y ágiles a la hora de controlarlo. Que puede haber pequeños repuntes, igual que en la sociedad, seguro, pero con las herramientas diagnósticas que ya tenemos -test rápidos, PCR, pruebas en sangre-, cuando detectamos un nuevo positivo, en seguida sabemos quien está en contacto con cada uno. Se hacen test a todos los residentes y trabajadores semanalmente, con lo que es difícil que haya un nuevo brote, porque en  cuanto sale un nuevo positivo se aisla y es más fácil el control. Supongo que esto es lo que había que haber extrapolado a la población, y es lo que han hecho los países que han controlado la enfermedad. 


La medicalización de residencias ha dado grandes resultados aquí. ¿Se podrían haber salvado muchas vidas en España con ellas?
Depende de la incidencia. Hemos podido hacer esto en Almería, gracias a la Delegación de Salud, a la Agencia Sanitaria Poniente y al Distrito de Atención Primaria, porque porque aquí la incidencia del coronavirus no ha sido muy alta. Tengo amigos que trabajan en Madrid y han vivido una tragedia completamente diferente a la nuestra, que ha sido también durísima y nos ha llevado al límite, pero teníamos los recursos mínimos necesarios y personal para cubrir todos los puestos. Este modelo era arriesgado, porque incluía un esfuerzo titánico, tanto de los trabajadores de las residencias como los que íbamos de refuerzo. Creo que ha sido un acierto.


¿Cómo ha sido su trabajo?



Se medicalizó a principios de abril, y los fallecimientos coincidieron con nuestra entrada, imagínese el panorama al que nos enfrentamos. Lo fascinante de aquello es que los médicos hemos recibido mucho más de lo que hemos aportado, hemos sido ‘solo’ la punta del iceberg. El trabajo que allí estaban haciendo, su organización, la sectorización por zonas limpias, la agrupación de pacientes en zonas rojas, el uso de equipos de protección por parte de todos, ha sido impresionante, y todavía no ha terminado, todo lo contrario.


Lamentablemente ha habido que lamentar fallecimientos, entre ellos cinco en pocos días, pero ¿cuál ha sido el índice de recuperación de la enfermedad?
Ha sido impresionante, y muchos abuelos muy mayores con una dependencia grande han superado la infección, muchísimos. Es un logro de la medicina que algunos estén vivos, pues son muy mayores y tienen una escala de fragilidad máxima.


También han tenido contagios entre el personal
Claro que los ha habido, ese era el miedo. Y ha habido que reforzar plantillas, y debido al uso de mascarillas defectuosas se tuvo que aislar a cuatro médicos, y éramos cinco, con lo que me quedé yo solo, aunque rápidamente vinieron refuerzos, y luego todos se reincorporaron tras la cuarentena.  Nos hemos sobrepuesto a todas las adversidades. Ninguno de los médicos nos hemos contagiado, porque  teníamos medidas de protección individual suficientes, llevábamos pantallas, gafas. Nunca nos ha faltado de nada, pedíamos una cosa y al día siguiente había tres, hemos tenido una atención extraordinaria.


¿En qué difiere el tratamiento en una residencia medicalizada respecto a la de  un hospital?
Verá, en este virus,un respirador no salva la vida cuando hablamos de residentes mayores de 85 años con muchas comorbilidades, pues sus características impiden cuidados agresivos. Para personas tan frágiles, los cuidados son mucho más eficaces con auxiliares que conocen a los pacientes, que tienen cercanía, dedicación. Es difícil de explicar pero lo aprecias cuando ves el cariño de quienes conocen por su nombre a personas de 96 0 97 años, a quienes hay que hacerles todo respecto a higiene, alimentación, cambios posturales, hay que levantarlos, sentarlos, porque se desorientan.  Respecto al tratamiento médico, han recibido el mismo seguimiento que en un hospital.


¿Qué sintió cuando fue despedido de la residencia entre aplausos?
Esos aplausos son muy emotivos, pero me sonroja que fueran para mi, porque son para todos los que hemos trabajado allí. El trabajo, que  ha sido titánico, se ha sustentado en los trabajadores de la residencia. Allí hay mucha gente dejándose la piel, médicos, internistas, epidemiólogos, enfermeras de enlace. Me gustaría que algún día se supiera el esfuerzo que han hecho todos. Había limpiadoras, técnicos de farmacia ayudando en traslados de pacientes. Tenga en cuenta que eran 100 residentes, a los que hay que hacerles todo, asearlos, darles de comer, la medicación. Y todo eso se ha hecho con mucho esfuerzo y responsabilidad, pero también con estrés, incertidumbre, miedo al contagio, que todos han asumido con gran entereza. Por eso, cuando veía a la gente a la que yo quería aplaudir, aplaudiéndome a mi…


¿Le gusta que les llamen héroes?
Los grandes y verdaderos héroes son los familiares de todos los sanitarios. Si yo puedo ir a las residencias es porque mi mujer ha asumido todas las tareas del cuidado de las niñas y del hogar.


¿Cuántos médicos del sistema público han trabajado en Roquetas?
Ocho, de Medicina Interna de la Agencia Sanitaria Hospital de Poniente, los doctores Salas, Gámir,  Laray y Jerez, y del Distrito Sanitario Poniente las doctoras Sanabria, Cortés, Aguilar, y yo. Pero insisto en que el mérito y el trabajo ha sido de todo el personal, empezando por el de la residencia.


¿Cómo ha sido ese trabajo?
Empezó mucho antes de la medicalización, de unas 70 personas. Me gustaría que viera lo que tarda una limpiadora en ponerse el equipo de protección, cómo trabaja ocho horas con la máscara apretada y cómo sale.


Suponemos que todo esto ha sido también muy difícil para los familiares de los residentes.
Claro. Y quería agradecerles que hayan entendido siempre la situación que había...El drama era que no podías entrar a despedirte de un abuelo, abrazarle o darle un beso.


Y ahora vuelve usted a la atención primaria.
 Sí, antes de ir a la residencia trabajaba en el servicio de urgencias de Aguadulce. Ya me había curtido en la calle, había ido a más de 100 domicilios a valorar pacientes. Tenía ya bien inculcadas las  medidas de distanciamiento, de higiene y autoprotección, por eso aunque nos llegaron mascarillas defectuosas no nos contagiamos, porque teníamos la autoprotección muy interiorizada.


¿Cómo será la desescalada en el ámbito sanitario?
En la vuelta a la rutina de los cuidados de salud es fundamental que la gente entienda que va a haber cambios, que se va a intentar que no se acumule gente en la salas de espera, que las consultas telefónicas se mantengan. Desde el Distrito nos están facilitando que cada centro se adapte mejor a sus cupos y pacientes, para darles el mejor servicio minimizando riesgos.


¿Piensa que se está produciendo ya una relajación, en la asistencia a las urgencias, por ejemplo?
Todo lo contrario, quiero agradecer a toda la población su comportamiento, se han portado de 10. Y el plan de desescalada previsto va en la línea de agradecer a la gente el esfuerzo que ha hecho y en la mejora que ha supuesto no tener todo saturado. Hemos podido sobrellevar el aumento tan brutal de carga laboral y de intensidad porque tenemos las urgencias más liberadas.


¿La gestión de la crisis por el Gobierno ha sido la adecuada?
No puedo opinar de lo que no conozco. Lo único que puedo decir es que necesitamos test, test y más test. Después de lo que yo he vivido con esa gente tan frágil, tan mayor, con su salud tan pendiente de un hilo, con esa tensión, discutir sobre algo sin conocerlo lo dejo para tertulianos. Solo puedo decir cosas buenas, porque he visto trabajar a tanta gente con tanta humanidad. La residencia, por ejemplo, ha sido un ejemplo de trabajo multidisciplinar contra el coronavirus. De hecho, diferentes comunidades científicas ya se han dirigido a nosotros para contar nuestra experiencia.



 

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