La Casa del Mar: una vieja exigencia

El barrio de Pescadería vuelve a soñar con el sanatorio medio siglo después de su creación

Eduardo del Pino
15:00 • 17 nov. 2016

Los vecinos del barrio de Pescadería vuelven a batallar por una aspiración por la que antes lucharon sus padres y antes sus abuelos: tener un sanatorio en el barrio, con unas urgencias dignas y un servicio médico a la altura de los nuevos tiempos. La reforma de la Casa del Mar es una necesidad para los vecinos y una obligación para la administración que no puede seguir atrasándose un año más.

La historia no es nueva. La gente de La Chanca había conocido la austeridad más absoluta, cuando en la posguerra el practicante era una mujer o un hombre del barrio que había aprendido a poner inyecciones para sobrevivir y visitaban las casas con sus instrumentos: la jeringa, la aguja y la cajetilla en la que las ponía a hervir. 

Aquella gente vio a Dios cuando en 1944, las Siervas de los Pobres abrieron un pequeño dispensario donde iba la gente a curarse las heridas de los ojos y a ponerse las inyecciones que le mandaba el médico. El oculista don Manuel Gázquez acudía una vez a la semana para atender a los enfermos de tracoma que buscaban el milagro de la medicina. En los años cincuenta, el Instituto Social de la Marina instaló su delegación en un edificio de dos plantas en la calle Arráez, donde montó sus oficinas y también el servicio del seguro médico para los pescadores y sus familias. Allí pasaba consulta don Antonio Abad, el otorrino; don Antonio Salas que era el especialista de pulmón; don Antonio Langle que trataba las enfermedades de la piel; don José Abad, una eminencia para curar las enfermedades digestivas, y don Manuel de Oña, el médico que se pasó media vida ligado a las familias de la gente del mar. 

Por aquellos años seguía funcionando el ambulatorio que en 1957 había inaugurado el Obispo Alfonso Ródenas, donde las monjas curaban las heridas y repartían la leche en polvo de los americanos. Estos pequeños centros de subsistencia servían para paliar a duras penas las carencias en infraestructuras sanitarias y sociales, por lo que se hacía urgente la construcción de la Casa del Mar.  El proyecto tardó cuatro años en hacerse realidad. El arquitecto Javier Peña levantó un edificio con las instalaciones más modernas que existían en la ciudad. En la primera planta se puso el ambulatorio, un laboratorio de análisis, el bar, la capilla y un salón de reuniones al que llamaron club del pescador.

En la segunda planta habilitaqron las oficinas y la tercera la destinaron a los quirófanos y una residencia para pescadores y marineros en tránsito. Cerraba el edificio un ático donde se instaló la residencia de las religiosas que atendían en el centro, y coronándolo, se instaló un auténtico palo mayor de barco para que sirviera de norte y guía a las embarcaciones. 

El día de la inauguración, el 24 de abril de 1964, fue una fiesta en el barrio. El ministro le impuso la medalla al mérito al trabajo a Encarnación García Escánez, que en el naufragio del pesquero ‘María Enriqueta’, en 1949, perdió tres hijos, dos yernos y un nieto, quedando a su cargo desde entonces la educación de veinte nietos.
 







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