El restaurante árabe halal a pies de la Alcazaba de Almería que se niega a convertirse en franquicia
Vistas privilegiadas en el casco histórico de la capital acompañado de platos de Turquía, Egipto, Túnez o Marruecos. Otra de sus joyas culinarias son los postres

Restaurante Almedina Baraka, en la calle Almanzor 27, en Almería
En el corazón más antiguo de la capital, donde Almería comenzó a escribirse con acento andalusí, late un proyecto que ha sabido unir gastronomía, cultura y sensibilidad social de manos de Yolanda Martinez Lirola. Y es que, a decir verdad, Almedina Baraka no es solo un restaurante: es una declaración de amor al barrio de la Almedina y a la historia viva que custodia la Alcazaba de Almería. En concreto, en la calle Almanzor, 27.
El proyecto se gestó a fuego lento durante ocho años, desde una idea cargada de ilusión hasta la apertura de sus puertas. Detrás está una familia almeriense sin experiencia previa en hostelería, pero con una firme convicción: devolverle vida a un barrio tan bello como olvidado, y ofrecer alternativas reales para disfrutarlo, habitarlo y visitarlo.

Vistas a Almería desde una de las terrazas del restaurante Almedina Baraka
Una tetería con alma en el casco histórico de la capital
Almedina Baraka —baraka significa “gracia divina”— se concibe como un lugar donde los sentidos despiertan. La terraza regala vistas privilegiadas a la Alcazaba, mientras que el patio árabe-andaluz, salpicado de fuentes y vegetación, envuelve al visitante en una calma difícil de encontrar.
La acústica cuidada, el sonido del agua y la ausencia de música alta invitan al diálogo y a la conexión, algo nada casual en un proyecto impulsado por una trabajadora social que buscaba, como contrapunto a su día a día, crear un espacio donde aflore el lado más amable de las personas.

Vistas a La Alcazaba desde una de las terrazas del restaurante Almedina Baraka
Almedina Baraka, gastronomía "arte-sana"
La cocina de Almedina Baraka es artesana —arte-sana, como les gusta definirla— y se elabora siguiendo los tiempos de la tradición, con productos frescos y, siempre que es posible, de cercanía. Tajín de cordero, bastela y cuscús encabezan una carta donde brillan también las opciones vegetarianas y sin gluten: falafel, tajines vegetales, cuscús de quinoa o ensaladas marroquíes de verduras asadas.

Platos de diferentes países árabes
Todo, acompañado de un pan casero que se ha convertido en seña de identidad. En bebidas, la creatividad se sirve al momento: limonada de hierbabuena, té verde (caliente o frío) y la ya emblemática Pasión Baraka —naranja, remolacha, jengibre y manzana—, tan vistosa como sabrosa. Otro de los puntos a tener en cuenta tiene que ver con la repostería árabe.

Repostería árabe
Solete de la Guía Repsol en un espacio cultural único
Almedina Baraka es también un espacio cultural y social. Talleres de cocina árabe, pan tradicional, yoga con desayuno, bordado, joyería artesanal, jam poética o encuentros creativos forman parte de una programación que busca compartir experiencias y generar comunidad.
El reconocimiento no ha tardado en llegar: Solete de la Guía Repsol, Plato de Oro de Radio Turismo, menciones de asociaciones vecinales, colaboración con Cruz Roja y recomendaciones en guías nacionales e internacionales. Incluso ha servido como escenario para rodajes musicales y programas de televisión, desde CNN hasta el célebre viajero británico Michael Portillo.
"No todo tiene que estar en todos los sitios"
Pese a las propuestas de expansión, su creadora lo tiene claro: Almedina Baraka no quiere ser franquicia. “No todo tiene que estar en todos los sitios”, afirma. Para disfrutarlo, hay que venir a Almería, pasear por su casco histórico y dejarse llevar.

Teteria Restaurante Almedina Baraka | Instagram: @almedinabaraka
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Lola González
Abierto de miércoles a domingo, con cocina ininterrumpida, meriendas y, desde Semana Santa, desayunos árabes y tradicionales, Almedina Baraka se ha consolidado como uno de esos lugares que no solo se visitan, sino que se recuerdan. Un rincón donde la historia se saborea despacio y la ciudad se reconcilia consigo misma.