Reabre un clásico bar de vinos en pleno corazón de Aguamarga
El Descorche es un espacio renovado donde el vino, los productos locales y el ambiente cercano marcan el inicio de una nueva etapa

Izquierda, fachada de El Descorche. Derecha, interior del bar de vinos.
En Aguamarga, donde las tardes caen lentas y el aire trae el aroma del mar, hay rincones que parecen esperar el momento adecuado para renacer. Calles tranquilas, fachadas dormidas, silencios que guardan historias. Y de pronto, un local que se ilumina, que respira de nuevo, que invita a entrar como quien abre una puerta a un pequeño mundo propio: cálido, cercano, lleno de sabor y de vida. Así empieza a latir El Descorche, un espacio que parece hecho para disfrutar con calma y brindar por las cosas buenas.
Y fue precisamente el viernes cuando esa luz volvió a encenderse de verdad. Las puertas se abrieron como quien descorre una cortina para dejar pasar un aire nuevo, fresco, lleno de promesas. La gente entraba con curiosidad, dejándose abrazar por el aroma a madera y a vino, por la calidez de un local que parece pensado para quedarse. Había sonrisas, brindis tímidos, conversaciones que empezaban a despertar, como si el pueblo entero celebrara un lugar que volvía a cobrar vida.
Vivir el vino
En El Descorche, el vino no es solo una bebida: es el eje que sostiene la experiencia, la chispa que enciende cada encuentro. Quien entra descubre estanterías que cuentan historias en botella, etiquetas que viajan desde distintas tierras y variedades pensadas para todos los paladares. Esta nueva etapa nace de la pasión de Diego Esteban y Eva Ruiz, una pareja que camina dentro de la hostelería y que ahora decide dar forma a su propio sueño. En cada copa se percibe su ilusión y su manera de entender el disfrute: con cercanía, con calma y con ese deseo sincero de compartir lo que aman.
Pero la propuesta va más allá de la vinoteca. Este espacio quiere ser también un refugio gastronómico donde los productos de la tierra ocupan un hueco esencial: tablas de queso seleccionadas con mimo, embutidos de Serón, mermeladas elaboradas en Almería y una variedad de aperitivos que acompañan la experiencia sin robar protagonismo al vino, sino realzándolo. Todo ello se sirve en un ambiente cálido, luminoso y completamente renovado, fruto del gran cambio de imagen que Diego y Eva han impulsado para dar claridad y amplitud al local. La idea es sencilla y, a la vez, poderosa: que quien cruce la puerta se sienta en casa, que encuentre un rincón donde parar, conversar y disfrutar de ese ritmo tranquilo que solo Aguamarga sabe ofrecer.

Eva y Diego con el uniforme de El Descorche
Su momento
Para Diego y Eva, El Descorche es mucho más que un negocio: es la materialización de un deseo que venían persiguiendo desde hace tiempo. Por eso, afrontar este proyecto ha sido para ellos un auténtico desafío, lleno de decisiones, reformas, dudas y pequeños triunfos que han ido dando forma a este bar. Cada detalle —la luz suave, la amplitud del local, los tonos claros y la selección cuidada de vinos y productos— habla de ese sueño compartido que por fin se ha materializado.
Y lo que más les emociona no es solo ver el local terminado, sino sentir cómo la gente lo hace suyo. Desde el primer día, vecinos y visitantes se acercan con curiosidad, preguntan, prueban, brindan, y ese ambiente vivo confirma que Aguamarga estaba esperando. Ambos lo afrontan con humildad y entusiasmo, sabiendo que los comienzos son intensos, pero también llenos de magia. Cada gesto de apoyo, cada palabra de ánimo y cada copa que se sirve refuerzan la sensación de que este era, realmente, el momento de descorchar su proyecto.
Para quedarse
Así, este clásico bar de vinos ha renacido con la voluntad de convertirse en ese lugar al que siempre apetece volver: un refugio donde desconectar del ritmo del día, donde encontrar una copa que sorprenda o un producto que evoque la tierra que lo rodea. Diego y Eva han creado un espacio donde cada detalle invita a quedarse un poco más, a conversar sin prisa, a reencontrarse con el placer sencillo de compartir algo bueno. Su propuesta combina cercanía y calidad, tradición y renovación, con el vino como hilo conductor de experiencias que se disfrutan mejor despacio.
Con esta apertura, Aguamarga gana un rincón luminoso y vivo, que suma y que respira autenticidad. Lo que comenzó como un sueño compartido se abre ahora como una puerta para todos los que buscan nuevos sabores. Y mientras las botellas se descorchan y el ambiente se llena de voces suaves, El Descorche empieza a escribir su historia, una que promete crecer copa a copa, encuentro a encuentro, como solo crecen las cosas hechas con verdadera ilusión.