Ayudando al planeta abriendo el grifo de casa
Beber agua del grifo evita el uso de botellas plásticas y reduce la presencia de microplástico

El laboratorio de Aqualia en Almería realiza meticulosos controles analíticos cada semana.
El ser humano lleva desde hace décadas llenando de plástico el mundo que nos rodea y de microplásticos nuestro propio cuerpo. En el Día Mundial del Medio Ambiente charlamos con Aqualia para descubrir que el gesto más sencillo —abrir el grifo— puede convertirse en un acto poderosísimo de sostenibilidad y salud.
En Almería, cada vez que un vecino llena su vaso con agua del grifo está evitando que una botella de plástico más acabe en la basura. “La gente no lo sabe, pero consumir agua embotellada multiplica por miles el impacto medioambiental frente al agua del grifo”, explica Antonio Amazares, responsable de tratamiento y calidad de Aqualia en la ciudad.
La producción de plástico se ha disparado hasta los 400 millones de toneladas anuales, con proyecciones que auguran el doble para 2050. El agua embotellada no es ajena a esta marea: cada año genera 25 millones de toneladas en envases plásticos. Pero existe otra forma, más limpia, más económica y más segura: el agua del grifo, sometida a estrictos controles que garantizan su calidad en todo momento.
La emergencia climática y el cuidado del planeta es una de las líneas de trabajo de las empresas que, como Aqualia, invierten en mejorar la red para minimizar las pérdidas de agua, implementar sistemas de gestión eficiente y fomentar un consumo responsable.
Seguimiento diario
Antonio lleva 15 años supervisando en Aqualia la calidad del agua de consumo en los hogares. “Todos los días tomamos al menos 16 muestras para comprobar el cloro en distintos puntos de la ciudad. Y, además, realizamos ocho controles semanales en laboratorio para verificar parámetros como los coliformes”, cuenta con entusiasmo.
“Además, el agua del grifo es uno de los productos alimentarios sometidos a mayor control; triple control: sanitario y autocontrol que se extiende a lo largo de toda la cadena de producción del agua; desde su punto de origen hasta el propio grifo del consumidor. Así, desde la desaladora o los pozos, el agua se clora mediante dosificadores que ajustan la cantidad exacta en función del volumen de entrada.
“El cloro es lo que nos permite garantizar que no haya bacterias ni patógenos. Puede dar cierto sabor, pero es lo que hace que el agua sea segura”, afirma. “Mucha gente piensa que al tener sabor es mala, pero es al contrario. El agua sin cloro es un caldo de cultivo perfecto si no se conserva bien. A veces pasa meses almacenada, al sol, y no sabemos si ha generado bacterias o incluso ha absorbido microplásticos del envase”.
Agua de calidad
En los controles realizados por Aqualia, asegura, las muestras del grifo nunca presentan contaminación. “No hay ni un coliforme. Nada. Puedes traerme la botella que quieras”. Además, esa seguridad está reforzada por controles externos de Sanidad, que contrastan los resultados con los de Aqualia.
La paradoja es que, mientras se desperdician recursos para fabricar botellas, almacenar y transportar agua, la del grifo fluye con seguridad y calidad directamente en nuestros hogares. Y todo ello con un coste ínfimo: mientras una familia puede gastar casi 500 euros al año en agua embotellada, hacerlo del grifo es hasta cien veces más barato. Se estima que en torno al 90% del precio que pagamos por el agua embotellada se debe solo la botella en la que se ofrece.
Pese a todo, Amazares reconoce que aún queda camino. “Las nuevas generaciones empiezan a estar más concienciadas, pero muchos siguen pensando que el agua del grifo no es buena porque tiene sabor. Es una percepción equivocada. La calidad, al menos en Almería, es incuestionable. Trabajamos para que así lo sea”, afirma.
Y si alguien tiene dudas, basta con un dato personal: “Mis hijos y yo bebemos agua del grifo. No compramos embotellada ni cuando salimos de viaje. Yo la lleno en casa, la enfrío y me la llevo en el coche”. Porque el mejor ejemplo, muchas veces, no está en los informes técnicos, sino en la vida cotidiana de quienes más saben del tema.