Menos bajas en autónomos que entre los asalariados
De las 44.025 que se dieron el año pasado sólo una sexta parte fueron autónomos
Las bajas laborales por enfermedades profesionales, que no tienen las mismas restricciones en salarios que las que se generan por contingencias comunes o enfermedades no profesionales, ascendieron el pasado año 2016 en la provincia a 44.025 de las que la gran mayoría correspondieron a personal asalariado.
En las estadísticas de la Seguridad Social de ese total de bajas la gran mayoría, 30.006 y un 86 por ciento, correspondieron a trabajadores por cuenta ajena o asalariados. Las 6.019 bajas restantes fueron de trabajadores autónomos o por cuenta propia, sólo un 13,7 por ciento.
Más bajas
La mejora del empleo, o bien el hecho de que hay en la actualidad más personas ocupadas, ha generado un incremento en el número de bajas laborales que habían descendido desde el año 2008 a consecuencia del incremento constante del paro.
A pesar de ello no son los almerienses los que presentan mayores índices de bajas por enfermedades profesionales ya que la tasa provincial se ha situado en el último año en 13,07 casos por cada mil empleados, frente a una media andaluza que está en 16,63 casos por cada mil.
Tampoco en el caso de los autónomos las tasas son superiores a las del resto de Andalucía ya que en el último año han sido 8,87 casos de baja profesional entre los trabajadores por cuenta propia frente a una tasa regional que está en 8,94 casos. Lo que sí se observa es que la tasa es inferior en cualquier caso entre los autónomos que entre los trabajadores asalariados.
Las mutuas
Los datos que señalan que la gestión del absentismo por Incapacidad Temporal por Contingencias Comunes ha ido empeorando a medida que ha mejorado la situación económica, un fenómeno que se lleva produciendo desde el año 2013.
Según las mutuas de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales los índices de absentismo por causa de salud debe ser regulada adecuadamente para evitar la picaresca y evitar que los costes se disparen. Sólo entre 2015 y 2016 esos costes aumentaron desde 66,4 a más de 75 millones de euros.