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Llevó casi siempre el mando para perderlo al final con los cambios

El punto: premio y castigo por los que tres tantos que marcó y encajó

Miguel del Pino
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Decía Johan Cruyff que “al fútbol siempre debe jugarse de manera atractiva, debes jugar de manera ofensiva, debe ser un espectáculo”. Desde el cielo el que fuera futbolista y técnico holandés habrá visto con satisfacción el duelo entre el Girona y el Almería, sin lugar  a dudas un homenaje al fútbol ofensivo y a la efectividad de uno y otro.
Pero desde el punto de vista almeriense, como declaraba al finalizar el partido, el empate “nos quedamos con un sabor agridulce. Satisfechos con el punto ,pero pensando que podíamos haber conseguido más”.


Castigo y premio
En el 90 por ciento de los casos un equipo que encaja tres goles fuera, no puede ganar; por otra parte un conjunto que marca tres tantos fuera de casa, debe vencer. Por eso el empate fue un castigo para los almerienses por sus carencias defensivas y un premio por su poder para resolver. Lo cierto es que el partido entró en el tramo final de cara a los almerienses que se pusieron por delante a falta de 12 minutos, pero los cambios realizados por Soriano repercutieron negativamente en el rendimiento del equipo. La salida de Pozo, Azeez y Antonio Puertas cortó de raíz el poder ofensivo del equipo. Las posiciones invertidas de Corona y Joaquín, hicieron que los almerienses dejaran de mirar al meta rival y se vieran superados y arriconados por el Girona hasta el punto de andar perdiendo tiempo y pidiendo la hora.


Los errores
Los goles encajados  fueron fruto de errores no forzados. El primero por una mala ocupación de los espacios; el segundo y el tercero porque la pelota rebasó la cabeza de los defensores que tenían ganada la posición. La pareja Jorge Morcillo-Ángel Trujillo no funciona. 


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