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El Almería desapareció

El descanso y el gol de Pere Milla apagaron al equipo de Ramis

Carlos Miralles
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De un partidazo a la desesperación. Los primeros 45 minutos del Numancia-Almería fueron espectaculares, de un ritmo de fútbol vertiginoso, con llegadas a un área y otra. En ese ida y vuelta los rojiblancos se sentían superiores, con ocasiones claras para Pablo Caballero y Fidel Chaves, pero no era el día para cambiar la historia en Los Pajaritos, donde el equipo sigue sin ganar. El Numancia también apretó, y le anularon un gol por claro fuera de juego. Veintidós futbolistas en su salsa, disfrutando del balón en su plenitud. Pero en el descanso se apagó la luz de forma repentina e inesperada para los de Ramis.


En picado
Con el once cargado de tarjetas, Marco Motta se quedó en el vestuario y entró Fran Rodríguez, que debutaba de rojiblanco. El Almería no apareció en el césped en todo el segundo acto. La energía se diluyó y el Numancia se aprovechó de la mejor forma. En una transición, de la que Ramis ya había avisado a los jugadores, Valcarce jugó con Diamanka, el exrojiblanco atravesó la defensa como cuchillo en mantequilla, y sirvió en bandeja el tanto a Pere Milla. Ese gol en el minuto 67 terminó con las aspiraciones del Almería.


Apático
Nunca se le vio cómodo al equipo, que jugaba muy en horizontal y con poca profundidad. Caballero perdió la lucha con los centrales Escassi y Calvo, mientras que Pozo, Fidel y Gaspar se topaban con el muro de la defensa rival. El 1-0 puso cuesta abajo el partido al Numancia y minó la moral del Almería. Y por si fuera poco, el mejor del choque fue Pape Diamanka, crecido ante sus excompañeros. 
El culpable de la derrota no fue Diamanka, sino la desconexión peligrosa del Almería en todo el segundo tiempo. Ni rastro de aquel conjunto compacto, vertical y con las ideas claras que venció en Tarragona y reaccionó ante el Real Oviedo con el resultado totalmente en contra. Soria no es una tierra para puntuar.


La primera
Precisamente ahora el Almería tiene que pasar otro examen. Levantarse para entrenar con victoria o empate no es igual que con derrotas, y ahora Luis Miguel Ramis tiene la misión de recuperar al equipo, porque pese a la derrota, hay motivos para ser optimistas. Se puede pelear de tú a tú en un combate por el balón y por el gol, pero como se dice en la vida, lo difícil no es llegar, sino mantenerse, y el Almería no pudo, o no supo, aguantar el ritmo de un primer tiempo positivo en ataque e irregular en defensa. De las derrotas se aprenden, y el martes toca Copa del Rey. Hay que dar un voto de confianza al equipo, pero haciendo autocrítica.


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