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Sentimiento de unión

Quique y Fidel acaban con la mala racha y alegran el debut de Fran Fernández

Carlos Miralles
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Tuvo que ser en Lugo, en la otra punta de España. El Almería llegaba al Anxo Carro inmerso en el caos, con cambio de entrenador y un recambio que no llegaba. En ese túnel aparecieron dos personas para dar luz a un proyecto que se niega a caer. Fran Fernández tomó las riendas de una nave a la deriva, con un vestuario hundido y la clasificación mandando señales de vida o muerte.
Fran no estuvo solo. El técnico almeriense se rodeó de Pepe Morales, Sergio Pardo y el psicólogo Javi Fernández. La mejor ayuda mental para el Almería fue la victoria.


Comenzó el partido en Lugo y el Almería no se despedazó. De hecho, no se había llegado al primer minuto cuando Quique González aprovechó una indecisión entre Ignasi Miquel y José Juan para marcar el 0-1. A veces la suerte llama a tu puerta y le tienes que abrir. Todo de cara. 
Hubo un tramo en la primera mitad en el que el Lugo apretó y puso en aprietos la meta de Casto, que esta vez sí fue decisivo y no contempló en ninguna salida. El Almería no jugaba con contemplaciones; cada vez que se recuperaba la pelota había que buscar el contragolpe. Se llegó al descanso con ventaja y la capacidad de sufrimiento intacta sobre el campo.


Es la palabra que define el partido de Lugo. En el segundo acto Fidel Chaves aprovechó un centro de Borja Fernández para batir a José Juan después de que la pelota golpeara en Jordi Calavera. 0-2 en el marcado y el triunfo mucho más cerca.
Pero ¿qué sería un Almería sin sufrimiento?. En el ecuador de la segunda mitad Ximo cayó al pedir una falta de Joselu, el árbitro no paró el juego y lo aprovecharon los locales para meterse en el encuentro gracias a Pablo Caballero, que pudo ser del Almería en el mercado invernal.
Por delante minutos de angustia, ya que el Almería no competía solo contra el Lugo, sino también ante sus fantasmas y los rivales directos que puntuaron esta jornada. Ahí apareció la unión que pedía Fran Fernández. Como un acordeón todos defendieron a capa y espada un 1-2 para la esperanza rojiblanca.
Llegó el pitido final y la explosión de júbilo en el campo. Los jugadores sabían que acaban de derribar el muro psicológico que les separaba de las victorias y con un técnico de la casa en el banquillo.
El objetivo aún está lejos, concretamente a dos puntos, pero el Almería ha vuelto a la vida. Si los once jugadores salen dispuestos a sufrir hay futuro, y es que en el Anxo Carro se vio a un equipo de verdad. Hay futuro con unión y sacrificio, y puede que con Fran Fernández como míster.


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