La Voz de Almeria

Almería

Posiblemente, las plazas que peor han soportado el paso del tiempo en Almería

Una de las plazas más castigadas ha sido la de Barcelona, convertida en carretera

La Plaza de Barcelona es un canto al despropósito. Hasta la escultura de la fuente se suma al caos.

La Plaza de Barcelona es un canto al despropósito. Hasta la escultura de la fuente se suma al caos.Eduardo D. Vicente

Eduardo de Vicente
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Cuando escucho la palabra plaza, mi mente se va automáticamente a un escenario tranquilo, con árboles, con una fuente, con asientos para descansar y con ese ambiente de reposo que tenían las plazas cuando uno era niño. La idea de aquellos lugares bucólicos que le daban alma a mi ciudad se ha ido desvaneciendo. El paso del tiempo ha destrozado no solo calles, sino también plazas importantes que hoy se han transformado en otra cosa. Uno de los ejemplos más rotundos de esta degeneración lo tenemos en la Plaza de Barcelona, que ha dejado de ser una plaza para convertirse en una carretera con una de las rotondas que más tráfico soportan en el centro de Almería.

El escenario es una antología del disparate en el que no encuentras un lugar donde poner la vista sin que se te contamine la mirada. El único alivio que puedes encontrar es el de la fachada de la antigua estación de autobuses, convertida actualmente en un supermercado. Alguien podría añadir que también podría ser un respiro dirigir la vista al sur y contemplar el edificio de la vieja estación de ferrocarril, pero esta posibilidad ha quedado anulada por la presencia de los edificios gigantescos que le han colocado al lado a nuestra estación, tan querida y tan poco respetada a la vez. Otra posibilidad de encontrar alguna esencia de plaza en este escenario sería contemplar su fuente, pero tampoco te evoca nada, medio profanada por una escultura de hierro oxidado que no sé si se puede considerar una obra de arte, pero en el caso de ser así, se trata de una forma de arte que no alcanzó a comprender.

Esta importante plaza, que rinde homenaje a la ciudad condal, cumplirá el próximo mes de agosto sesenta años con su formato actual. En su momento, su reforma y el cambio de nombre sirvió para hermanar a Almería con Barcelona en una época donde la presencia de almerienses en Cataluña era ya un fenómeno social. Para darle más realce al acontecimiento, se consiguió el compromiso del ilustre alcalde de Barcelona, José María Porcioles, que recibió con complacencia la propuesta y aceptó la invitación. La llegada del señor Porcioles estuvo rodeada de gran boato para que no pasara desapercibida, para que ocupara incluso algún minuto en los reportajes de NO-DO que se emitían en los cines antes de cada película y así dar a conocer nuestra tierra más allá del Cañarete y del Ricaveral. Desde entonces la plaza de la estación de autobuses lució con otra cara, con otro nombre, con mejor iluminación, con un pavimento más moderno y con una fuente de luces que servía de nexo con la estación del ferrocarril.

La céntrica Plaza del Carmen ya no tiene naturaleza de Plaza.

La céntrica Plaza del Carmen ya no tiene naturaleza de Plaza.Eduardo D. Vicente

Si la Plaza de Barcelona puede ser la más horrorosa a extramuros, en el casco histórico tenemos otro escenario que también ha ido perdiendo su condición de plaza. A cincuenta metros de la Puerta de Purchena aparece la Plaza del Carmen, donde solo la presencia de los árboles nos recuerda que allí hubo una plaza. Se trata de uno los lugares más castigados por el progreso desde que en los años sesenta tiraron el viejo caserón del Hotel la Perla para sustituirlo por un edificio de diez plantas donde actualmente sigue ubicado el hotel. Las obras comenzaron en 1962 cuando las piquetas echaron abajo un viejo caserón del siglo XIX. Fue el comienzo de una agonía que no cesó en la década siguiente, cuando la construcción masiva de pisos dejó la plaza completamente desolada. Hoy ya no conserva ningún detalle que pueda hacer pensar que estamos en una plaza, sino en una calle despersonalizada, con un tráfico intenso y un ruido espantoso.

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