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Universidad de Almería

Las humanidades resisten por vocación: "Con un 12,9 podía estudiar casi cualquier carrera. Elegí Historia"

Pese a contar con una de las ofertas más reducidas en grados de la UAL -cuatro simples y dos dobles-, la Facultad de Humanidades sigue atrayendo a estudiantes con expedientes brillantes

María Garrido, estudiante de Historia y Humanidades en la Universidad de Almería.

María Garrido, estudiante de Historia y Humanidades en la Universidad de Almería.La Voz

Elena Ortuño
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Decía la filósofa Martha Nussbaum que "la salud de la democracia requiere pensamiento crítico, comprensión de la historia del mundo y cultivo de nuestra capacidad imaginativa, y eso lo dan las humanidades". Hace más de quince años que la estadounidense defendía así el papel de las disciplinas "de letras" en la formación de una ciudadanía crítica y, sin embargo, la realidad universitaria no parece reflejar su relevancia.

En la Universidad de Almería (UAL), los cuatro grados y dos dobles grados que integran la Facultad de Humanidades llevan más de una década con la nota mínima de acceso, mientras Medicina, Enfermería, Matemáticas o Inteligencia Artificial encabezan cada año la lista de titulaciones más demandadas y, por ende, con notas que este 2026 han superado el 10,5.

Aunque las notas de corte de la mayoría de los grados de Humanidades llevan años situadas en el 5 -la calificación del último estudiante que obtuvo la plaza-, entre sus aulas también hay alumnos con expedientes sobresalientes. Es el caso de María Garrido, que obtuvo un 12,9 en la PAU de 2025, una nota con la que podía acceder a prácticamente cualquier grado y, sin embargo, eligió estudiar aquello que siempre había querido: el doble grado de Historia y Humanidades en la UAL.

La vocación, salvavidas del sector

A María la Historia le interesaba desde pequeña. La curiosidad por comprender el pasado, sumada a la influencia de su familia, hizo que nunca se planteara otro camino. Ni siquiera cuando en julio de 2025 recibió la alegría de un 12,9 como nota final en la PAU. Fue entonces cuando comenzó a escuchar comentarios como "Piénsatelo bien, que puedes aspirar a más con esa nota", "Podrías estudiar una carrera de ciencias" o "Historia tiene pocas salidas".

Si bien su entorno más cercano mostraba preocupación, sobre todo, por las salidas laborales que pudiera ofrecerle la carrera, María también tuvo que escuchar comentarios que situaban a las ciencias en un escalón superior de prestigio respecto a las humanidades. Asegura que esa percepción la arrastra desde el instituto, donde algunos compañeros de Ciencias e incluso algún profesor trataban a los alumnos de Humanidades como si fueran menos capaces: "Recuerdo el típico discurso de que las ciencias son mucho más difíciles o que las letras están para pasar el rato".

Un año después de comenzar el doble grado de Historia y Humanidades, no lo duda: volvería a tomar exactamente la misma decisión: "Estoy contentísima. No me arrepiento. Era lo que realmente me gustaba y aposté por ello, haciendo oídos sordos al resto".

María Garrido, estudiante de Historia y Humanidades en la Universidad de Almería.

María Garrido, estudiante de Historia y Humanidades en la Universidad de Almería.La Voz

Como María, Francisco Javier Rueda también se ha matriculado en un grado motivado únicamente por sus gustos. Con un 8,57 obtenido en la PAU de este año, podía acceder a otros grados, incluidos algunos de Ciencias, pero nunca se planteó estudiar algo que no le apasionara. 

Su interés por la Historia surgió en la ESO, cuando disfrutaba leyendo sobre el pasado y sobre acontecimientos contemporáneos de diversos países. "Para mí era un pasatiempo", recalca. Ese interés se vio reforzado por su hermano (quien acaba de terminar un máster en Historia) y por profesores que despertaron en él la vocación. 

El joven rompe también con un tópico: que los estudiantes se introducen en las letras huyendo de Matemáticas. "Era una asignatura que me gustaba mucho, pero aún más la Historia. La elección de grado no fue consecuencia de 'a qué me da la nota', sino de 'qué quiero estudiar'", defiende, para después añadir que habría que poner en valor el talento propio de estas disciplinas. 

La presión tras la elección del grado

Aunque María y Francisco antepusieron la vocación a cualquier otro criterio, no siempre ocurre así. Según una orientadora educativa de Almería, factores como las salidas laborales, el prestigio social de determinadas titulaciones o las propias notas de corte pesan cada vez más. "Muchos alumnos llegan convencidos de que una carrera con una nota más alta es mejor, cuando en realidad la nota de corte solo indica la calificación del último estudiante que consiguió plaza", señala.

A su juicio, esa percepción acaba condicionando las decisiones académicas incluso antes de acceder a la universidad. "La presión existe y no siempre responde a los intereses o capacidades del alumno, sino a las expectativas del entorno y a la idea de que hay estudios que garantizar un futuro mejor". Una idea que, según indica, considera equivocada: "La sociedad avanza muy rápido y lo que hoy parece tener muchas salidas puede que mañana ya no las tenga. Yo recomiendo a los alumnos que escojan algo que les guste y para lo que tengan capacidades, pero no siempre aceptan el consejo".

Una alumna, concentrada durante el examen de Historia de España en uno de los aularios de la UAL.

Una alumna, concentrada durante el examen de Historia de España en uno de los aularios de la UAL.Elena Ortuño

El peligro de infravalorar las letras

A primera vista hay quien no entiende la utilidad real de la rama humanística para su supervivencia cotidiana. "Un matemático brillante puede que no sea capaz de hacer un buen análisis sintáctico", explica al respecto Francisco Javier, para después añadir: "Cada disciplina exige habilidades distintas". 

En esta misma línea se posiciona Rafael Quiroga-Cheyrouze, decano de la Facultad de Humanidades de la UAL.  "La formación técnica, por sí sola, no basta para ejercer bien una profesión. Pone como ejemplo que un médico puede tener excelentes conocimientos científicos, pero si carece de empatía o de habilidades de comunicación con sus pacientes, estará fallando en una parte esencial de su trabajo"; competencias que, a su juicio, ayudan a desarrollar las humanidades.

Inmersos en un contexto en el que la Inteligencia Artificial está en auge, tanto profesor como alumnos coinciden en que las humanidades ofrecen a las personas el pensamiento crítico necesario para afrontar los cambios y la evolución. "Quitar esta rama de la ecuación es como quitar la base de un edificio. Sin ella es imposible el progreso", señala Francisco.

Aunque en los últimos años muchas universidades han ampliado su oferta de ingenierías y titulaciones tecnológicas, Quirosa considera que la pérdida de peso de Humanidades comienza mucho antes, en la educación secundaria. 

Una presentación de un poemario en una librería.

Una presentación de un poemario en una librería.EMR

A su juicio, la reducción de asignaturas y de horas lectivas derivada de los cambios en los planes de estudio limita el contacto de los alumnos con estas disciplinas: "Si a un estudiante no le ofreces la posibilidad de cursar Griego, evidentemente no va a elegir esa asignatura". Se genera así un círculo vicioso: "Al disminuir su prestigio social baja la demanda, y esa menor demanda acaba justificando una oferta más reducida".

El decano advierte así del peligro de una mirada reduccionista de la rama humanística: "Considerarla inútil es peligrosísimo. Muchos de los males que vivimos vienen, precisamente, de haber perdido la valoración de las humanidades. Son estas las que refuerzan el pensamiento crítico y la capacidad para valorar lo que ocurre a nuestro alrededor". Una advertencia que trasciende el ámbito universitario.

Las palabras de Rafael Quirosa encuentran eco en la reflexión que la filósofa Martha Nussbaum formulaba al comienzo de este artículo y que hoy siguen plenamente vigentes: "Relegar las Humanidades no solo empobrece la cultura de una sociedad, sino que pone en riesgo su capacidad para formar ciudadanos críticos y, con ello, la solidez de la propia democracia".

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