La calle del inspector Ramos
Se empeñó en que la calle Jaruga llevara su nombre y no paró hasta que lo consiguió

Antonio Ramos fue capataz de limpieza y primer inspector de municipales desde 1903. En la foto aparece de pie junto a otro capataz.
En la zona norte de la ciudad reinaba el viejo huerto de Jaruga antes de que las calles y las casas lo acabaran convirtiendo en un barrio más de Almería. Los parajes del huerto de Jaruga empezaban a integrarse en la ciudad. Sin embargo, este primer proceso de urbanización presentaba graves carencias como la falta de luz que convertía la zona en un lugar peligroso de transitar cuando llegaba la noche. Como las calles eran de tierra y cada vez que llovía se formaban grandes surcos, caminar de noche era un atrevimiento porque se corría el riesgo de caer en una zanja o de precipitarse por un terraplén.
El huerto de Jaruga tenía sus lugares de referencia, espacios que marcaron una época en la ciudad, como el frontón ‘Jai Alai’, que nació como consecuencia de la afición al juego de pelota que se convirtió en una moda a finales del siglo diecinueve. En enero de 1894 se construyó, aquella moderna instalación de frontón, con un local espacioso con capacidad para más de doscientas personas y una gigantesca pared con veinte metros de anchura y diez de altura. Tenía palcos, sillas, grada general, ambigú y una caseta para apostar en la que se llegaron a gestionar apuestas de hasta cien duros.
Décadas después, en los terrenos que pertenecían a la huerta de los Cámaras, se levantó otra instalación deportiva, el conocido como campo de Regocijos, que fue el primer escenario oficial para partidos de fútbol que hubo en Almería. En aquella barriada que empezaba a gestarse, una de sus calles principales fue bautizada con el nombre de Jaruga para que la memoria del antiguo huerto quedara perpetuada. La calle de Jaruga nacía por el sur en la explanada que después se convirtió en la Plaza de la Inmaculada y ascendía a lo largo de una cuesta hasta desembocar en el Paseo de la Caridad. Siempre fue una calle larga y estrella que llevaba en sus entrañas las huellas del cerro sobre la que se asentaba. En su origen se le llamó calle de Jaruga, hasta que a finales del siglo diecinueve se planteó el cambio de nombre por iniciativa de uno de sus vecinos más activos, Antonio Ramos Oña, que en octubre de 1897 dirigió un escrito al Ayuntamiento pidiendo que a la calle de Jaruga le pusieran el nombre de Ramos, su nombre, argumentando que: “habiendo construido veinte casas en la calle de Jaruga, que constituyen la mayoría de las que existen allí, solicito que la mencionada calle de Jaruga se denomine en lo sucesivo calle de Ramos”.
La solicitud del constructor fue estudiada en una de las sesiones municipales hasta que la comisión de ornato y el arquitecto decidieron “que se desestime la pretensión de don Antonio Ramos, ya que aunque el nombre de Jaruga que hoy tiene no tenga importancia alguna y exista sólo como un recuerdo del paraje o huerto en que se estableció, no debe sustituirse por otro a menos que fuera de un personaje ilustre o acontecimiento notable”.
El señor Ramos era un personaje emprendedor que además de construir viviendas ocupó el cargo de capataz de la limpieza desde enero de 1893 y fue primer inspector de municipales desde 1903. También debió de ser un hombre perseverante, de los que insistía cuando quería conseguir algún objetivo, como quedó demostrado en su pretensión porque la vieja calle de Jaruga llevara su nombre. Dos años después de recibir la negativa del Ayuntamiento, Antonio Ramos Oña volvió a la carga y en el verano de 1899 repitió la solicitud y una vez más le echaron para atrás su propuesta. Pero como no estaba conforme y sí convencido de que la calle tenía que llamarse de Ramos, no dudó en presentarse en la esquina donde estaba el rótulo con la denominación de Jaruga y colocar encima el de Ramos, ante la queja de los vecinos.
Del incidente dio cuenta el periódico La Crónica Meridional, que publicaba la siguiente noticia: “Se ha presentado en nuestra redacción don Luis Díaz Villa, denunciando que a pesar de la prohibición del Ayuntamiento, se ha colocado en una de las esquinas de la calle el nombre de ‘Antonio Ramos’, borrando el de Jaruga”.
Tanta insistencia acabó dando el resultado que el señor Ramos buscaba y en abril del año 1900 los concejales aprobaron el cambio de nombre “que se llame calle de Ramos y que a la más importante que se abra en aquel grupo de población se le dé el nombre de Jaruga”, decidieron los ediles, a pesar de la oposición de un grupo de vecinos del lugar que pidieron que no se accediera a la variación.