La Voz de Almeria

Tal como éramos

El Parque en los años de la Transición

Los dos parques vivieron tiempos difíciles, con sus instalaciones deterioradas y a la sombra de la delincuencia

Vista de la zona del Parque y el puerto en 1976. Fueron años caóticos, marcados por el deterioro de sus instalaciones

Vista de la zona del Parque y el puerto en 1976. Fueron años caóticos, marcados por el deterioro de sus instalaciones

Eduardo de Vicente
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Tramos sin enlosar, farolas abatidas, bordillos sin colocar, aceras que se habían quedado sin terminar, una zona de columpios donde había nacido la hierba y se habían oxidado los hierros, dos estanques donde la gente se lavaba los pies antes de coger el barco y después de regresar de la playa. Esta era la realidad de los dos parques en aquellos complicados años de la Transición, donde todo parecía que estaba a medio hacer, donde lo antiguo parecía viejo por el abandono y donde lo nuevo nacía si alma.

El Parque de los años setenta había ido perdiendo prestigio. Qué lejos quedaban los días de esplendor, cuando el Parque y el puerto formaban una unidad, un gran escenario que era el patio de recreo de la ciudad, cuando las noches de Feria pasaban ineludiblemente por los jardines y por los bancos del Parque, que entonces olían a algodón dulce, a bocadillos de salchichas y a morcilla caliente.

Se puede decir que existía entonces un Parque con tres semblantes distintos. Había un Parque de días de diario que pasaba desapercibido; un Parque de domingos lleno niños hambrientos de sol y tierra y de novios paseando de la mano, y un Parque del día de Reyes, cuando de pronto, aquel lugar se transformaba en una colmena de niños, de padres y de madres, envueltos en una excitación de juguetes recién estrenados.

Para los niños de los años sesenta el Parque Nuevo fue un territorio común en las mañanas festivas. Si el Parque Viejo era más de veranos por las frondosas sombras que daban sus árboles, el Parque Nuevo fue el refugio de los inviernos cuando las familias salían con los niños para que jugaran un rato y tomaran el sol. Se decía entonces que aquella zona era muy saludable porque además de los beneficios del sol los niños se aireaban con la brisa que llegaba del mar, que abría el apetito y reconfortaba el espíritu. Allí acudían también los últimos retratistas callejeros que vimos por la ciudad con el carrillo del caballo donde se montaban los pequeños para ser fotografiados. Niños con sus ropas de fiesta, oliendo a recién lavado y a colonia infantil, en una época en la que había una ropa para los domingos, una para el colegio y otra para salir a la calle a jugar. Niños que arrastraban la timidez de una época y que miraban desconfiados y con mala cara al desconocido que se ponía delante con la cámara y les decía: “Mira, mira el pajarito”...

Los tiempos cambiaron y el Parque se fue quedando solo, atrapado en parte por ese azote social de la delincuencia y también por la falta de recursos municipales para renovarlo y llenarlo de nuevos atractivos. Ir al Parque de noche se convirtió en una aventura. Las noticias de las parejas que eran atracadas a punta de navaja para robarle el reloj y la cartera eran el pan nuestro de cada día en la prensa y eran pocos los que se atrevían a atravesar el Parque Viejo de madrugada.

En aquellos años, el Parque Nuevo le ganó terreno a su hermano mayor gracias al empuje de los negocios que fueron llegando. Allí reinaba el bar El Barril, que desde 1971 se había convertido en una referencia para la juventud. Contaba con un decorado genuino, con las paredes decoradas por fotos que recordaban los años dorados de los rodajes de películas. Ir a tomarse una jarra de cerveza con una tapa de cacahuetes en El Barril se convirtió en una ceremonia colectiva.

En la acera del Parque surgieron también establecimientos de ocio nocturno que marcaron una época. En el verano de 1975 abrió sus puertas la discoteca Vía Veneto, que se anunciaba como ‘discotheque’ para atraer más la atención de la clientela. Nació en la esquina con la calle Martínez Campos y tenía un reservado especial para las parejas. De la misma época era el Wagon Pub, que se inauguró el otoño de 1976. Empezó su andadura promocionando el churrasco argentino. También en 1976 llegó al Parque la discoteca Odeón, uno de los templos de la juventud almeriense los fines de semana, cuando había que hacer cola para entrar y evitar en lo posible la hora de los soldados.

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