La Voz de Almeria

Tal como éramos

Los queridos coches de los años 70

Teníamos el Renault 4 que era un coche para todo y en 1972 llegó el Seat 127 que fue una revolución comercial

Coches aparcados en el andén de la Rambla a comienzos de los años 70. El Renault 4 era ya un clásico de nuestras carreteras.

Coches aparcados en el andén de la Rambla a comienzos de los años 70. El Renault 4 era ya un clásico de nuestras carreteras.

Eduardo de Vicente
Publicado por

Creado:

Actualizado:

En:

Los niños nos sabíamos de memoria todas las marcas de coches que salían al mercado. Cuando estábamos aburridos, sentados en los trancos en medio de la calle, a veces jugábamos a ver quien averiguaba primero la marca del vehículo que se nos cruzaba por delante. Eran los tiempos del Seat 600, el querido ‘seíllas’ que fue nuestro coche de cabecera, con el que crecimos varias generaciones de niños en una época en la que cuando veíamos pasar uno por la calle salíamos corriendo detrás a ver si lo alcanzábamos antes de llegar a la otra esquina. El Seat 600 era para nosotros un coche casi infantil, tan pequeño, tan manejable, tan redondo que daban ganas de tocarlo, tan práctico que lo mismo lo utilizaba un tendero para transportar la verdura que un maestro de escuela para ir a trabajar o aquella señora que pasó a la historia por ser la primera mujer del barrio que manejaba un volante.

Al ‘seíllas’ le salió la competencia del Renault 4, bautizado con el pseudónimo del ‘cuatro latas’, un coche versátil, un coche para todo y para todos los escenarios: lo mismo lo utilizaban en el campo que en la ciudad.

El Renault 4-L fue el coche fetiche de los tenderos de Almería cuando empezaron a progresar y se cansaron de la bicicleta y del carrillo con el que iban a la alhóndiga. Aquel coche tenía una parte trasera holgada que cuando se le quitaban los asientos se podía utilizar como zona de carga, además de la baca que se le colocaba en el techo para lo que hiciera falta. En mi familia, el ‘cuatro latas’ fue más que un vehículo porque fue nuestro primer coche, el que nos colocaba definitivamente en el estatus de la nueva clase media que venía pisando fuerte desde abajo dispuesta a conquistar el mundo.

En aquel tiempo, el primer coche era, junto a la televisión, la señal inequívoca de que a una familia le iban bien las cosas. La mayoría se lo compraban para pagarlo a plazos y muchas veces tirando de lo poco que tenían ahorrado para poder darlo de entrada. La llegada del primer coche era un acontecimiento de los grandes y en el seno de las familias se celebraba como una fiesta. Y esa tarde, cuando el padre aparecía por la esquina conduciendo despacio el vehículo, los hijos corrían para coger sitio dentro y disfrutar del primer paseo. A muchos, aquel perfume a nuevo que echaban los coches recién estrenados se nos quedó grabado para siempre en lo más hondo de nuestra memoria.

Cuando en una calle alguien se compraba el primer coche, todos los vecinos pasaban por su casa para verlo, con la misma solemnidad y con las mismas emociones que se compartían cuando a una familia llegaba el primer hijo.

El coche te daba prestigio, te colocaba un escalón por encima de los que iban en moto, y a dos de los que sólo podían mantener una bicicleta. El primer coche fue cambiando la vida de la gente y también le cambió el pulso a la ciudad. Aquella estampa antigua de domingos de caminatas de una punta a otra del Paseo, de familias y parejas de novios paseando por el Parque y por el puerto, empezó a derrumbarse cuando los coches se fueron generalizando y cuando se puso de moda salir los domingos a comer al campo o la playa con toda la familia.

Al Seat 600, que seguía reinando a comienzos de los años setenta, le salió un hermano adelantado, el Seat 850, que fue su sucesor natural con más espacio y más potencia que el viejo ‘seíllas’. Después llegaría al mercado el Seat 124, que destacaba por su potencia, por ser el coche perfecto para afrontar los viajes largos, y en 1972, el Seat 127, que fue una auténtica revolución ya que llegó a convertirse en el coche más vendido en España a lo largo de toda la década.

En esa lista de coches que llevamos en la memoria no pueden faltar el Simca 1000, el Seat 1430, el Dyan 6, que sacó aquel eslogan de “el coche de la gente encantadora”, y el querido y recordado Citroën 2CV, popularmente conocido como el ‘dos caballos’ y como el coche de las monjas desde que a finales de los sesenta la actriz Gracita Morales protagonizó la película ‘Sor Citroën’.

tracking