La Voz de Almeria

Tal como éramos

Cuando se iba la luz en el ‘cine rojo’

El Katiuska, que ahora renace, sirvió durante la guerra civil para mítines y películas de carácter propagandístico

El edificio donde estuvo el cine Katiuska, cuando en los años 60 servía de almacén y de taller de apoyo para la fábrica de Oliveros.

El edificio donde estuvo el cine Katiuska, cuando en los años 60 servía de almacén y de taller de apoyo para la fábrica de Oliveros.

Eduardo de Vicente
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José del Pino, que era un niño en los años treinta, contaba que en los días de la guerra se proyectaron muy pocas películas en el cine Katiuska, en primer lugar porque las autoridades restringieron el uso de la sala por estar situada frente al puerto y ser objetivo fácil en el caso del ataque de un barco, y en segundo lugar porque a medida que la ciudad se fue quedando más aislada se hizo más complicado la adquisición de nuevas películas para que pudieran ser proyectadas. Hubo domingos que para mantener animada a la población, el cine abría sus puertas para repetir algunos de los reportajes propagandísticos que hablaban del fin próximo de la contienda y del triunfo irremediable de la República.

Contaba también este vecino del barrio de la Huerta de Cadenas, que el Katiuska era el cine de los apagones, que era rara la función que no se cortaba el rollo por un corte de luz que en el mejor de los casos provocaba un descanso de media hora hasta que se volvía a restrablecer el servicio. Cuando llegaba el apagón se armaba tal revolución en el patio de butacas que más de una vez hubo que desalojar al público para restablecer el orden.

El Salón Katiuska llevaba el nombre de la célebre zarzuela del maestro Sorozabal ‘Katiuska’ o ‘La Rusia roja’, como también se le conoció, que contaba una historia de amor en la época de la revolución bolchevique. El Katiuska nació en tiempos de la República y fiel a su nombre siempre tuvo una clara inclinación soviética. En la ciudad le llamaban el cine rojo. A diferencia del Teatro Cervantes, que sólo proyectaba películas los fines de semana, el Katiuska abría todos los días con dos funciones, a las seis y a las ocho de la tarde. Fue el primer cine en la ciudad que puso de moda una sesión infantil, los domingos a las tres de la tarde. Antes de convertirse en sala de cine. el Katiuska fue un almacén de barrilería, por lo que hubo que hacer una reforma completa en su interior. Una de las paredes del local se levantó sobre la vieja muralla árabe que bajaba desde la torre de poniente de La Por dentro, el salón era estrecho y alargado. Las butacas eran sillas de madera y la pantalla estaba situada al fondo, metida hacia la calle del Socorro. Los fines de semanas, ofrecía tres sesiones diarias: a las tres y media, a las seis y media y a las diez de la noche. Siempre proyectaba dos películas, la primera de dibujos animados y la segunda de reestreno. Fue el primer cine que se instaló en el barrio. Pertenecía a la vez al distrito de la Plaza de Pavía y a La Chanca. Allí pudieron ver los jóvenes de la época las películas de Charlot y las del Gordo y el Flaco al módico precio de dos perras gordas. Tenía un modesto patio de butacas y bancos de madera a modo de gallinero que llevaban impregnado el olor del zotal.

El cine Katiuska siguió abierto durante los años de la Guerra Civil. Antes de las películas se proyectaban documentales de propaganda marxista que enviaban desde el Ministerio de Cultura de la República. Aquellas cintas intentaban levantar el ánimo de la población con arengas que hablaban de la inminente victoria de las tropas republicanas. En los días de guerra el Katiuska era también sede de mítines y arengas políticas. En septiembre de 1936 celebró una función benéfica a beneficio de las milicias antifascistas, y llegó a convertirse en la única sala de la ciudad que mantuvo las puertas abiertas en los tiempos más complicados, aunque todos los días se repitiera el mismo rollo.

Al terminar la guerra el edificio fue clausurado. Quitaron de la fachada el cartel con el nombre y la bandera de la República y en su lugar pintaron con letras rojas: “Viva Franco”. En el mes de noviembre de 1939, el cine volvió a abrir sus puertas al público, pero con el nombre cambiado. El Katiuska pasó a llamarse ‘Salón Nacional’. La primera película que dio fue ‘Satanás’, una de miedo con Boris Karloff y Bela Lugosi. El nuevo Katiuska, ahora con otra denominación, estuvo abierto un año. El negocio no fue rentable porque la gente no tenía dinero para ir al cine y mucho menos en un barrio tan humilde donde muchas familias no tenían ni para comer.

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