La Voz de Almeria

Tal como éramos

El tren que nunca volvió a pasar

En el verano de 1975 desmontaron la vía de ferrocarril que atravesaba el puente de la Rambla

Los obreros  haciendo el desmonte de la vía que cruzaba el puente de las Almadrabillas para unir la estación con la zona portuaria. Julio de 1975.

Los obreros haciendo el desmonte de la vía que cruzaba el puente de las Almadrabillas para unir la estación con la zona portuaria. Julio de 1975.

Eduardo de Vicente
Publicado por

Creado:

Actualizado:

Una mañana de julio de 1975, cuando íbamos camino de la playa, el puente del tren que salvaba la Rambla, por el que cruzábamos para llegar a las Almadrabillas, estaba cortado. Un grupo de operarios trabajaba desmontando las vías que durante más de cincuenta años habían formado parte de la vida comercial de la ciudad. Esas vías donde a los niños se les quedaban atrancadas las ruedas de las bicicletas se habían quedado colgadas en el tiempo desde que el último vagón que iba al puerto dejó de transitar y se habían convertido en un obstáculo para la ciudad.

Los niños de mi generación conocimos, disfrutamos y sufrimos aquel puentecillo que cruzaba la Rambla pegado a la playa cuando ya estaba en desuso, cuando por allí sólo cruzaba un tren de forma esporádica, y cuando aquella pasarela estrecha y de muros abiertos ya se había convertido en un estorbo . Era nuestro camino obligado cuando nos internábamos hacia el cargadero y el Club Náutico. Pasábamos por aquella rampa medio abandonada donde siempre olía mal y por donde sólo podían cruzar los peatones, las bicicletas y las motos.

La historia de aquel puente se remontaba a los tiempos en los que el mineral se transportaba en carros de bueyes hasta los barcos, dejando su rastro fatídico por toda la ciudad cuando iban camino del puerto. Almería tuvo que seguir soportando como los carros tirados por animales, cargados de mineral, recorrían las calles para llegar al puerto, y como las montañas de mineral de hierro tomaban el muelle de Levante durante días a la espera de ser embarcado. Era tanta la suciedad que en las autoridades pusieron en funcionamiento un carro de limpieza destinado a retirar del muelle el barro y el polvo del mineral cada vez que la situación se hacía insoportable.

Una de las soluciones que se pusieron en marcha para solucionar el problema fue la construcción de una vía marítima que enlazara la estación de ferrocarril con el puerto a través de un trazado próximo a la playa que dejara libre a las sufridas calles de Jaúl y Pescadores, amenazadas permanentemente por el mineral.

En el invierno de 1908, como la Compañía de los Caminos de Hierro del Sur de España, responsable del ferrocarril, no había cumplido su obligación de hacer un proyecto de vía definitiva, se dictó una Real Orden mandando a la Junta de Obras del Puerto que redactara un proyecto de esta vía. Dos años después de la Orden, el problema seguía siendo el mismo.

En diciembre de 1910, el Gobernador civil, señor Pérez Gironés, tomó cartas en el asunto, reuniéndose con los representantes de las empresas mineras. Acordaron que se construyera una tapia de separación de tres metros de altura; que se adoquinaran las calles de Jaúl, la de Tejares y sus callejones transversales; que se hiciera un camino alternativo desde la esquina del Matadero hasta la rampa del muelle por donde cruzaran los carros; y que se colocaran bocas de riego en cada calle afectada.

Finalmente, fue la Compañía del Sur la que se encargó de los trabajos de dicha vía marítima, mientras que la Junta de Obras del Puerto puso en marcha la construcción del puente necesario, en la desembocadura de la Rambla, para unir la zona de la playa con el andén del puerto. Con esta iniciativa se quería suprimir totalmente el transporte de mineral en carros y que fueran los vagones del tren los que llevaran la carga hasta los mismos pies de las escalerillas de los barcos.

El puente lo proyectó el ingeniero Francisco Javier Cervantes en 1912, pero se fue retrasando de la misma forma que las obras del tendido viario, por lo que la ansiada vía marítima no fue realidad hasta el verano de 1925. El seis de junio entró por el puente hacia el puerto la primera locomotora procedente de la Estación. La máquina arrastraba tres vagones abarrotados de paja y otros tres de esparto, ante la mirada de una multitud que acudió al andén a presenciar el gran acontecimiento.

tracking