La Voz de Almeria

Tal como éramos

El fracaso del Paseo Alto del Malecón

En los años treinta sirvió como patio de juegos para los niños acogidos en el Hospicio

El entierro multitudinario de dos milicianos muertos en el frente, pasando por el Paseo de San Luis en agosto de 1936.

El entierro multitudinario de dos milicianos muertos en el frente, pasando por el Paseo de San Luis en agosto de 1936.La Voz

Eduardo de Vicente
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Está ahí pero nadie lo mira; pasa desapercibido, siempre eclipsado por la grandeza del Parque.El Paseo de San Luis no ha podido quitarse la etiqueta de lugar menor, de ser un parque a medias. Nunca llegó a ser un lugar de encuentro ni fue el refugio de las familias que salían a pasear los domingos, que siempre terminaban eligiendo los árboles y los bancos del gran Parque y la libertad del puerto. Tampoco fue un escenario de enamorados, ni de niños, ni de pintores, ni de vagabundos ni, ni de botellones.

El Paseo de San Luis fue más camino que parque, un paisaje que había que atravesar para llegar al Hospital y al barrio de la Almedina.

A pesar de su privilegiada ubicación, elevado sobre la zona del puerto, y dotado de una frondosa vegetación con grandes árboles que regalaban sombra en verano y palmeras que se extendían a lo largo de todo el recorrido, el también conocido como Paseo Alto del Malecón nunca llegó a tener los cuidados ni el mantenimiento necesario para que la ciudad lo convirtiera en su punto de referencia a la hora de salir a pasear.

El Paseo de San Luis sufrió la dejadez de la época y tuvo que padecer las carencias de las calles que lo rodeaban. Fue víctima del mal estado en el que se encontraba el último tramo de la calle de la Reina, donde cada vez que llovía se formaba un río de agua y un lago de fango.

Pese a los problemas constantes a los que se tenía que enfrentar, el Paseo de San Luis tuvo una edad dorada cuando en los primeros años del siglo pasado reinaba en solitario mirando al mar, hasta que la construcción del primer gran Parque de la ciudad trajo consigo que aquella alameda que lo recorría por encima fuera perdiendo protagonismo y ganando en decadencia.

En los años treinta sirvió de lugar de recreo para los niños alojados en el hospicio. En 1931, el diario local La Independencia, denunciaba que “bandas de holgazanes frecuentan por las tardes nuestro Parque y el Paseo de San Luis provocando a los pobres niños asilados que salen en busca del sol y del aire del mar. Ya podrían nuestras autoridades enviar una pareja de guardias a la zona, donde estarían mejor que sentados en la puerta del Ayuntamiento”, escribía el periodista.

El Paseo de San Luis estuvo marcado siempre por la presencia del edificio del Hospital Provincial, que no fue el único centro sanitario del lugar. Allí abrió un sanatorio el doctor don Manuel Gómez Campana, un centro privado donde después ejercieron sus hijos, los también médicos don José Manuel Gómez Angulo, especialista en cirugía general y traumatología, y don Luis Gómez Angulo, que en los años cincuenta montó allí su consulta de riñón y vías urinarias.

El Paseo de San Luis comenzaba por la parte de levante en el bar La Marina, que lindaba con la casa del consignatario de buques Francisco J. Ruso. Le seguía el mencionado sanatorio quirúrgico, y al lado estaba la célebre agencia de transportes Páez.

El paseo tuvo desde 1946 un colegio, el de San Luis, donde iban los jóvenes a prepararse para el ingreso en la Escuela Normal y en la de Comercio. A continuación aparecía el gran edificio del Hospital, que llegaba hasta la esquina de la calle de la Reina. A la derecha, formando parte también del Paseo de San Luis, estuvo ubicado en los primeros años de la posguerra la escuela de monjas de las Jesuitinas, que después fue colegio ‘Virgen del Carmen’, para las niñas de los pescadores.

En esa época la avenida presentaba grandes carencias como denunciaba un artículo del periódico Yugo: “Se ha convertido en un vertedero de inmundicias y en una parada de carros no autorizada”. En 1947 el Ayuntamiento emprendió una reforma importante, mejorando los jardines, colocando nuevos bancos, asfaltando la calle y potenciando el alumbrado.

La reforma mejoró notablemente la estética del Paseo de San Luis, que recuperó su condición natural de lugar de ocio, pero no pudo competir con la fuerza que tenían el Parque Viejo y el Parque Nuevo que en aquellos años de la posguerra había empezado a funcionar.

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