La Voz de Almeria

Sucesos

Bédar vuelve a la vida tras el incendio de Los Gallardos: reencuentros tras la pesadilla

Emoción contenida en el primer día del municipio tras los desalojos por el incendio que le ha costado la vida a 13 personas

Vista de una de las zonas calcinadas en Bédar.

Vista de una de las zonas calcinadas en Bédar.

Álvaro Hernández
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A las 21:10 horas del domingo, la Guardia Civil anunciaba la reapertura de la AL6109, la carretera que comunica Bédar con el resto del mundo. Con ello, se certificaba el regreso definitivo a la vida tras el incendio de Los Gallardos: los vecinos habían vuelto progresivamente a sus hogares y tocaba hacer balance de los daños después de que las llamas lo devoraran todo, incluyendo la vida de 13 personas. 

En el primer bar que hay al entrar al pueblo de Bédar, parece que nada ha pasado. Es la tarde del lunes y la terraza está llena: todas las mesas, salvo una, están llenas de extranjeros que residen en la zona o pasan sus vacaciones en esta atalaya desde la que se ve sin dificultad el mar de Mojácar. En otra, un cura nacido en Los Gallardos charla con varias señoras, parroquianas de Bédar. 

Sin embargo, rascando un poco la situación y observando bien, nada es lo mismo y empiezan a dejarse ver las cicatrices del drama. Detrás de la barra, Antonio insiste en una sola cosa: "Sin comentarios", repite en varias ocasiones. Frente a él, tres franceses preguntados por una fotógrafa prefieren guardar silencio y seguir descansando. Entran otros extranjeros. Una mirada a Antonio. "¿Bien? Bien". Y se han cogido la mano, apretándola. Era el reencuentro.

A pocos metros de allí, Peter hace fotos en el interior de su casa. O, mejor dicho, a lo que queda de ella. Ahora toca hacer los trámites con el seguro y, mientras tanto, vive en un hotel. No le faltan alternativas: este inglés lleva 20 años viviendo en Bédar y son muchos los amigos que le han propuesto formas para ayudarle. Saldrá adelante, mientras llora a los amigos que se le han muerto en esta desgracia. 

De pronto, tres todoterrenos de la Guardia Civil pasan por la puerta del bar a toda prisa, con las sirenas puestas. Al sacerdote le suena el móvil y se levanta a toda prisa. Alguien avisa de que el fuego ha vuelto, esta vez a un paraje de Lubrín. Sus compañeras de mesa, las mismas que tocaron las campanas de la iglesia de Bédar para avisar de la catástrofe, se miran entre lágrimas. Porque la vida ha vuelto, pero ya nunca será igual. 

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