La Voz de Almeria

Cuevas del Almanzora

El joven de Cuevas del Almanzora que triunfa como consultor de grandes empresas de EEUU y Europa

Antonio Miguel López de Haro convirtió los idiomas y la tecnología en las claves de una trayectoria que ahora quiere acercar a otros jóvenes almerienses

Antonio Miguel López de Haro, joven consultor de Cuevas del Almanzora

Antonio Miguel López de Haro, joven consultor de Cuevas del AlmanzoraCedida a LA VOZ

Sara Ruiz
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Hay distancias que se miden en kilómetros y otras que, durante mucho tiempo, parecían medirse en oportunidades. Crecer en un pueblo de Almería y acabar trabajando para grandes compañías al otro lado del Atlántico podía parecer un camino reservado a quienes hacían las maletas y se marchaban para no volver. Pero el mundo laboral ha cambiado. Hoy, una jornada puede transcurrir entre reuniones con distintos países y, unos días después, continuar a miles de kilómetros, en las oficinas, almacenes o fábricas de una gran compañía.

Antonio Miguel López de Haro nació en 1998 y, aunque lo hizo en Murcia, creció en Cuevas del Almanzora, el lugar que considera su casa y al que continúa profundamente ligado. Actualmente reparte su trabajo entre Pozo del Esparto, pedanía cuevana, y Madrid, mientras participa como consultor tecnológico en proyectos para grandes compañías de Estados Unidos y Europa. Una trayectoria que lo ha llevado a recorrer diferentes puntos del mapa y que comenzó mucho antes de que él siquiera pudiera imaginarlo, tal y como relata en una conversación con LA VOZ.

Una maleta con 13 años

El primer gran viaje llegó con solo 13 años, sus padres hicieron un importante esfuerzo para enviarlo durante cuatro meses a estudiar a Irlanda. Era la primera vez que Antonio se alejaba durante tanto tiempo de su familia, sus amigos y todo aquello que conocía para instalarse en un pequeño pueblo, convivir con otra familia y desenvolverse en un idioma que todavía estaba aprendiendo.

"De repente te ves allí solo, con una familia diferente, un clima diferente y unos compañeros completamente distintos", recuerda. La experiencia le obligó a adaptarse cuando apenas era un adolescente y terminó convirtiéndose en uno de los primeros puntos de inflexión de su vida. "Me enseñó que, sin esfuerzo y sin atreverse, nunca se progresa".

Detrás de aquella experiencia estuvieron sus padres, a quienes Antonio atribuye buena parte de la mentalidad que después marcaría sus decisiones. Le animaron desde pequeño a aprender idiomas, conocer otros lugares y no reducir sus posibilidades al entorno más cercano. Irlanda fue la primera prueba de que podía hacerlo. Años después llegarían Valencia y Francia, esta vez para decidir hacia dónde encaminar su futuro.

Antonio Miguel López de Haro, joven consultor de Cuevas del Almanzora

Antonio Miguel López de Haro, joven consultor de Cuevas del AlmanzoraCedida a LA VOZ

Los idiomas como puerta al mundo

Aquella inquietud por conocer lo que había más allá también empezó a tomar forma en las aulas. Tras estudiar en el colegio Álvarez de Sotomayor y continuar su formación en el IES Jaroso, Antonio apostó por Negocios Internacionales en la Universidad de Valencia, una elección que ya apuntaba hacia una carrera sin demasiadas fronteras.

El grado le permitió cursar una doble titulación: dos años en Valencia y otros dos en una escuela de negocios de Francia, cerca de Marsella. Para entonces, los idiomas se habían convertido en una pieza fundamental de su formación. Al español sumó inglés y francés, una combinación que terminaría siendo decisiva cuando llegó el momento de buscar su primera oportunidad laboral.

En ese camino guarda un agradecimiento especial para Isabel Caparrós, su profesora de francés en el IES Jaroso, que durante años insistió a sus alumnos en la importancia de no abandonar una tercera lengua. Una enseñanza cuyo valor Antonio comprendería plenamente tiempo después, cuando empezó a llamar a las puertas de empresas internacionales. "El inglés ya se da por hecho", sostiene ahora. Por eso defiende que aprender francés, alemán, italiano o cualquier otra lengua puede multiplicar las posibilidades profesionales, independientemente de los estudios o el oficio que cada joven decida escoger. 

De una oportunidad a Estados Unidos

El salto al mercado laboral surgió, precisamente, cuando el mundo se paró. En 2020, Antonio realizaba unas prácticas en una empresa de República Checa cuando la pandemia obligó a cancelarlas. Regresó entonces a Cuevas del Almanzora y, desde una pedanía del municipio, comenzó a enviar solicitudes en busca de una oportunidad que le permitiera aprovechar su formación y los tres idiomas que dominaba.

La encontró en el programa para recién graduados de una empresa tecnológica estadounidense, donde comenzó a formarse en el ámbito del software empresarial. Aquel primer paso terminó orientando su carrera hacia la consultoría tecnológica y, tras pasar por distintas compañías del sector, hoy trabaja en Mashfrog, un grupo especializado en transformación digital y en herramientas como SAP, Infor o Salesforce —programas que permiten a grandes empresas gestionar buena parte de su actividad, desde las compras y las ventas hasta los almacenes, la producción o la relación con sus clientes—.

Ahí entra precisamente el trabajo de Antonio. Su labor se centra en acompañar a grandes compañías cuando sustituyen el sistema con el que llevan años trabajando por uno nuevo, un cambio mucho más complejo que instalar un simple programa. Son proyectos que pueden prolongarse durante años porque obligan a adaptar procesos y formas de trabajar que, en algunos casos, llevan décadas asentados. "De un día para otro, la empresa pasa de utilizar un software a otro", explica, aunque detrás de ese momento haya un largo trabajo de preparación.

A pesar de que desarrolla buena parte de su jornada desde casa, sus días no terminan delante del ordenador. Algunas fases de estos proyectos requieren desplazarse hasta las oficinas, fábricas o almacenes de los clientes para conocer sus procesos sobre el terreno. Estados Unidos es ahora uno de sus destinos más frecuentes, después de una trayectoria que también le ha llevado por Francia, el Caribe y distintas partes de Europa.

Abrir camino a los que llegan

Después de construir su carrera entre idiomas, tecnología y proyectos internacionales, Antonio mira ahora hacia quienes empiezan. Esa es también una de las razones por las que ha querido contar su historia: mostrar a otros jóvenes de la provincia que crecer lejos de los grandes centros empresariales no tiene por qué reducir sus aspiraciones y que existen caminos que, muchas veces, simplemente se desconocen.

Entre las herramientas que pueden facilitar ese recorrido sitúa ahora a la inteligencia artificial, que, a su juicio, está "democratizando el acceso a herramientas y conocimiento" antes mucho más ligado a grandes empresas o profesionales con años de experiencia. Pero hace una advertencia: no basta con utilizarla para conseguir una respuesta. "Ahí está la diferencia entre un junior que usa la IA como muleta y uno que la usa como mentor. El primero obtiene respuestas; el segundo construye entendimiento".

Su consejo, sin embargo, comienza mucho antes: aprovechar la educación pública, aprender idiomas y atreverse a buscar oportunidades fuera de lo conocido. "El inglés ya se da por hecho", señala, por lo que anima a sumar una tercera lengua independientemente de que después se elija una carrera universitaria o una Formación Profesional.

Y si su experiencia puede servir para despejar alguna duda a quien esté empezando, Antonio tampoco cierra la puerta a compartir lo aprendido con otros jóvenes que quieran acercarse a un recorrido similar. Porque detrás de los viajes, las reuniones internacionales y los proyectos tecnológicos hay una historia que comenzó de una forma bastante más sencilla: con un adolescente de Cuevas del Almanzora que salió por primera vez de su entorno con 13 años y descubrió que el lugar del que uno parte no tiene por qué marcar hasta dónde puede llegar.

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