Diez hermanos melenudos se adueñan de una calle de Almería y traen de cabeza a sus vecinos
Los residentes de la calle Juan Segura Murcia reclaman la poda de los árboles cuyas ramas alcanzan fachadas, ventanas y copan la calzada

Los árboles de la calle Juan Segura Murcia, en el barrio de Los Molinos.
Un café a media mañana da para mucho en los barrios donde, pese a los cambios urbanísticos y demográficos, todavía se respira más ambiente de pueblo que de capital. Basta con fijarse en las mesas que ocupan la acera frente a una confitería fundada en 1968, donde los vecinos se sientan cada mañana a desayunar. Entre sorbo y sorbo, se saludan, se ponen al día y repasan la crónica social de Los Molinos. "¿Y este quién es?", pregunta uno. "Mi sobrino", responde otro. "¿Te has enterado de quién está malico?", acaba rematando la jugada un tercer interlocutor.
Y así, casi sin darse cuenta, el café da paso a una de esas tertulias vecinales que sobreviven al paso del tiempo. En las últimas semanas, entre los asuntos habituales del barrio se ha colado una familia numerosa asentada en la calle Juan Segura Murcia.
Son diez hermanos que crecen con una salud envidiable, aunque, según sus vecinos, lo hacen de forma "asalvajada". Tan exuberantes se muestran que, bromean, "necesitan una visita urgente al peluquero". No hablan de personas, sino de los árboles que desde hace meses extienden sus ramas de lado a lado de la estrecha calle presidida por la iglesia del barrio.
Un Nicolás Salmerón de Bolsillo
La paradoja de Juan Segura Murcia es que los vecinos no quieren el retiro de los árboles, ni siquiera que disminuya su cantidad, sino más cuidados. Basta asomarse a cualquiera de los extremos de la vía para comprobarlo. Los diez ficus de hoja corta plantados después de la remodelación de las aceras del barrio han transformado esta calle en una especie de Parque de Nicolás Salmerón de bolsillo, donde el verde gana terreno al hormigón y las copas son capaces de cruzar la calzada.
Una imagen de la que los residentes presumen con orgullo. "Esta calle podría ser ejemplar para la ciudad. Podría ser El Paseo en miniatura, pero sin embargo, parece otra cosa...", asegura uno de ellos. Y precisamente por eso se quejan. El problema, explican, no es la presencia de los árboles, sino la falta de mantenimiento. Los ejemplares apenas se elevan unos dos metros de tronco antes de abrir unas copas generosas que se expanden sin control de fachada a fachada. Las ramas invaden la calzada en algunos puntos hasta el extremo de rozar las lunas y techos de los vehículos que pasan por esa calle.
Los vecinos, explican también que, sobre las aceras se acumulan también hojas caídas, aunque no es esta la principal preocupación de quienes viven en la calle donde se encuentra la parroquia molinera de Santa Magdalena. Lo que más inquieta a algunos vecinos es la proximidad de los ficus a las viviendas. Las ramas ya empiezan a alcanzar balcones y ventanas tanto en la acera donde están plantados como en las fachadas situadas enfrente.
A pesar de su juventud, los troncos se han ido inclinando a su libre albedrío aproximándose cada vez más a los edificios. En este sentido, los vecinos temen que esas ramas puedan convertirse en una vía de acceso para los amigos de lo ajeno o que terminen causando daños en persianas, cristales y cerramientos.
"Estoy esperando para hacerme un patio andaluz"
Ante el avance estos 10 hermanos melenudos, la ironía se ha convertido en la mejor pomada para aliviar el malestar de tantas noches interrumpidas cuando el paso de un camión agita las ramas y desata un concierto de roces y golpes. Las bromas brotan casi al mismo ritmo que crecen los árboles. "Estoy esperando a que crezca un poco más para tender un cable de pared a pared y hacerme un patio andaluz", comenta un vecino que tiene uno de los ejemplares a apenas dos metros de distancia de su balcón, en un segundo piso. "Esto parece una selva", resume una residente mientras señala los nuevos tallos que brotan al lado del tronco. Otro vecino aporta su propia teoría sobre el vigor de los árboles: "Están tan verdes porque agua no les falta. ¿No ves que por aquí pasan las tuberías de uralita del servicio de aguas?"
Entre bromas y retranca, los vecinos comparten una misma queja: consideran que el crecimiento de los árboles lleva demasiado tiempo sin control y reclaman una poda que devuelva algo de orden a una calle.
Los residentes aseguran haber trasladado sus reclamaciones al Ayuntamiento en varias ocasiones. Afirman que, ante la ausencia de una actuación que consideran necesaria, algunos han señalado que han tenido que intervenir por su cuenta y riesgo. "Con unas tijeras y una hachilla hemos tenido que cortar algunas ramas".
Los residentes de Juan Segura Murcia, consideran que estos árboles aportan personalidad a una calle donde el paso del tiempo se deja notar en fachadas desconchadas y elementos urbanos envejecidos. Creen incluso que, con un mantenimiento adecuado, podrían convertirse en un rincón atractivo de Los Molinos.
Para los próximos días
"Podrían estar redondos, arreglados, como los árboles que siempre se han visto en Almería", apunta otro vecino, recordando esa característica poda que durante décadas ha dado levantado la curiosidad de los visitantes de la ciudad.
Consultado por LA VOZ, el concejal de Zonas Verdes del Ayuntamiento de Almería, Juanjo Segura, ha señalado conocer la situación de esta zona de Los Molinos. De hecho, según explica, durante la mañana de este mismo lunes 7 visitó la calle Juan Segura Murcia para comprobar personalmente el estado de los ejemplares.
El edil ha señalado a LA VOZ que la previsión pasa por actuar en los próximos días. "se llevar a cabo esta semana", señala el concejal. Hasta entonces, los diez hermanos seguirán dominando las conversaciones de la mañana entre café y saludos.