SailingMike: las 50.000 millas navegadas del maestro Miguel
No siente impavidez cuando su velero surca las aguas y ese lienzo costero, esa acuarela del litoral de Almería, se difumina en un atardecer.

Miguel.
Luz grácil en el puerto de Roquetas. Un velero blanco de doce metros nos acompaña en la travesía. A refugio de los vientos, Miguel, el dueño de la academia de navegación SailingMike, acaba de fondear. Es domingo. Mientras emergen las velas y el murmullo del mar y el sol mañanero del estío espolean a la tripulación, piensa entonces el navegante en lo severo e inclemente que es el mar: arriar y plegar, amarrar, recoger cabos, achicar, baldear.
Miguel, acostumbrado a deleitarse en la libertad azul del Mediterráneo, no siente impavidez cuando su velero surca las aguas y ese lienzo costero, esa acuarela del litoral de Almería, se difumina en un atardecer. Y el mar se riza. Y se agita. Y anochece. Y las olas sacuden. Todo es asombro en su alma marinera. Como cuando aquel niño de El Zapillo descubrió, al regazo de su padre y a bordo de un pequeño barquillo, que aquel mar era una intuición del paraíso. O un espejo, que dijo Lorca. Ahí, casi sin saberlo, brotó en Miguel el gen marinero, el fascinante viaje por la isla de la vocación, el olor a espuma, la brisa, el mar enardecido e indómito, la belleza muda y desafiante del silencio.
Luego la vida le llevó a la Armada Española y allí, en años de madrugones y rectitud, aprendió el oficio con estoicismo, entre el Atlántico y el Mare Nostrum. Un día regresó al barrio y su cabotaje quedó hibernado.
Una inquietud. ¿Qué se siente cuando ya no se ve tierra, Miguel?
Cuando no se ve tierra se siente paz. Es algo para lo que no todo el mundo está preparado, pero que debería experimentar al menos una vez en la vida.
¿Cómo fueron aquellos primeros paseos en barco por los mares de El Zapillo?
-La primera vez que subí a un barzo de niño fue con mi padre en un bote de cuatro metros de fibra. Vomité hasta no tener nada más. Fue la primera y la última.
Miles de horas de embarque y decenas de miles de millas navegadas. Eso es media vida.
Llevo muchas decenas de miles de horas navegadas, aunque las millas nunca son suficientes. Siempre quieres más.
Instrucción militar, escuela naval… Qué valores aprendió en la Armada Española.
Me inculcó valores como el compañerismo, la seguridad en uno mismo y, sobre todo, el ver el mar desde el respeto y la responsabilidad.
SailingMike. Cómo se forjó el sueño de la academia.
Nunca quise transformar mi sueño en trabajo, pero después de un par de años con dudas decidí lanzarme al vacío y entré con todo, sin pensar en las consecuencias. Es algo de lo que nunca me arrepentiré.
Las titulaciones náuticas exigen formación. El mar no perdona. Le pregunto a Miguel cómo convence a los alumnos de que los títulos se ganan con letra y prácticas. La tentación de ir a escuelas que ofrecen salidas rápidas, a veces, fuera de la legalidad, es un gran riesgo: lo dicen los expertos. Y algunas sentencias judiciales. Solo hay que ver la hemeroteca para comprobar que el aprendizaje debe estar en manos de gente éticamente sólida.
¿Cuál es el principal error del principiante? ¿Qué es lo primero que debe aprender el alumno?
La formación náutica regulada en España (titulaciones) está mal regulada... Se le presta mucha atención a la teoría y se deja a un lado la práctica. Al final, el principiante lo que necesita es saber manejar un barco con seguridad y confianza, pero a veces se da cuenta demasiado tarde y puede perder parte de su afición. Por eso, odio cuando alguien me llama y me dice que si es necesario asistir a las prácticas o que ha oído que en tal sitio...

Imagen del velero en un lugar paradisíaco.
Eso es una temeridad, Miguel.
Al final, cuando asisten conmigo a alguna práctica no conozco a nadie que quede indeferente.
Miguel, cómo es su rol de consultor náutico.
En la náutica hay una palabra que rebota por los cuatro puntos cardinales: desconocimiento. Las personas han oído, les han dicho, han leído... Al final, les hacen perder el tiempo, el dinero y, sobre todo, la afición. Por eso, les recomiendo que se asesoren bien, pero que no les engañen.
Nació en una familia emprendedora. Eso hoy es un milagro.
En mi familia casi todos tenemos o hemos tenido negocios. Desde pequeños hemos estado de cara al público, luchando todos los días por mejorar. Yo mismo he tenido un negocio de hostelería 25 años.
Un amanecer en la costa de Almería. Su rincón.
En Almería tenemos un paraíso que se llama Cabo de Gata. El ver amanecer fondeado en Genoveses o en la Isleta del Moro, casi en soledad, no tiene precio.
De todos los colores del mar, cuál es el suyo.
El mar tiene tres colores: el gris, cuando está nublado, que no nos gusta a nadie; el azul intenso en alta mar, con su paz solitaria; y el verde turquesa de las calas de nuestro Cabo de Gata.
Además de delfines, qué sorpresas le ha deparado el mar de Almería…
-El mar de Almería no solo tiene delfines, que todos los días vemos en la costa del Cañarete. También tiene pasos de ballenas, calderones y tortugas enormes; tortugas que te intentan morder cuando las ayudas a zafarse por estar atrapadas en todas las porquerías que los humanos tiramos al mar y que luego ves alejarse a nado agradecidas.
Qué enseña el mar como lección de vida.
El mar, cuando casi vives en él, te enseña a vivir con poco, a apreciar lo que tienes, a respetar el medio y las condiciones climatológicas, a cuidar el entorno en el que te mueves todos los días para que cada mañana se muestre todo en su esplendor.
Salió aquel mozo que un día quiso ser historiador de la Armada Española. Y regresó en unos años a las calles de arena y sal, al lugar de la memoria, entre la playa y la vieja vega: la de Acá. Montó entonces un pub y después una cuidada cafetería en la plaza de El Zapillo. Pero mientras crecía la familia y el negocio se ganaba el respeto del cliente, Miguel seguía sintiendo, como el poeta Hierro, el latido del viento: que el mar es su jardín.
Un día, puso nombre a su sueño. Nació así la academia SailingMike, una de las mejor valoradas de Andalucía: licencias de navegación, PNB, PER, patrón y capitán de yate, talleres, travesías, paseos. Y así, como un suspiro, despertó para siempre el niño azul y su pacto con las velas. Que, como José de Espronceda, Miguel vive “arrullado por el mar”. Que, como su padre, sabe que en cada ser de mar hay, en el fondo, una búsqueda épica de la Ítaca de Homero: la libertad.