“SABER VIVIR”
“SABER VIVIR”
Con un cierto desahogo económico y una dosis, aunque sea pequeña, de poca vergüenza se puede pasarlo bien en esta posada en la pernoctamos poco tiempo, si hacemos una comparación con la eternidad donde podemos encontrar la dicha junto a Dios. Acaba de llamarme mi querida esposa para que vea y oiga la propaganda que hace el Vaticano de manera insistente y prolongada para vender rosarios electrónicos. Yo le recuerdo al fenicio en cuestión cuando Jesús echó de manera furibunda a los mercaderes del templo. “SABER VIVIR” es un programa sin pies ni cabeza; “temprano madrugó lo madrugada”. Primero futbol que te crió y otros asuntos de mínima importancia. Mas tarde Los desayunos, compuestos de periodistas o mejor de analistas políticos a los cuales se les ve el plumero de manera descarada. En medio, como un salpicadero de sal, pimienta y clavo, el absurdo Mariño -ignoro como se escribe ni me importa. Seguidamente una lección de medicina que si nos interesa, aunque a decir verdad yo no soy hipocondríaco; pero hay una joven de cabello luengo que no deja explicarse al médico viejito y gordo, recuerdo a Argentina, lleno de experiencias. Yo también soy algo parecido en lo físico. Luego llega el doctor, doctor y algún que otro periodista; la señora de las guedejas inmensas toma cartas en el asunto, chilla y patalea y ”sabe más que nadie”. Llegan catedráticos según la enfermedad de que se trata y he aquí donde surge Fernando Don, “cuya sabiduría no tiene límites”. Unos y otros prescinden del Don menos él a quien le encanta e intenta, en términos asertivos, mojarles las orejas a los referidos catedráticos. Inútil empeño, el que sabe, sabe. El afán de notoriedad de este individuo es semejante, aunque menos dañino para nosotros que el afán de poder de los políticos. Yo respeto los Dones del Espíritu Santo. Sin embargo sería ridículo que a los poetas de mi preferencia los llamase Don Antonio Machado. Don Miguel Hernández etc. etc. Por esta zona del Zapillo no recuerdo a ningún Don o Doña, En esta Casa los hay pero están guardados celosamente. El silencio es más elocuente que las palabras, yo sé porqué lo digo y lo dicho, dicho está. El Amor y el Interés se juntaron en el campo cuajado de orquídeas. Venció el Amor y éste lo dirijo a los niños y ancianos. En los versos o poemas no hay partidos.