La Voz de Almeria

Política

¿Hasta cuándo podrá resistir?

¿Hasta cuándo podrá resistir?

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El pueblo sencillo y llano está cansado de aguantar promesas que no se cumplen, agotado y desmoralizado ante los que les siegan, con guadañas infernales, todas las ilusiones de un merecido progreso. La esperanza no cuenta para nada porque si es verdad que donde muere una ilusión siempre nace una esperanza, si tensamos la cuerda demasiado esta se romperá. Muchas familias de estirpe honrada y trabajadora han agotado sus pobres recursos y muchos de ellos han caído en un letargo que les conduce a la muerte paulatina, tras una agonía lenta y sufriente. Los que han rendido sus pequeñas e inocentes deudas al Altísimo, aquellos que esperaban una pequeña dádiva de justicia y equidad, duermen en los brazos de Jesús. Tengo que aclarar porque “nobleza obliga“ que hay gran número de personas que no pisaron la escuela en su tiempo y ahora, con sus voces torrenciales e iracundas, pontifican sobre cualquier tema proponiendo soluciones drásticas. Resulta tremendo estar sentado en un sitio cualquiera y escuchar -sin poder intervenir- sus disparatadas conversaciones. Son los irresponsables, aquellos que no tuvieron ningún tipo de formación ni procuran informarse adecuadamente, solo alimentados mental y espiritualmente por el espectáculo arrollador y mortífero del fútbol. A alguna de estas mentes, cuyo candor produce pena ya que sólo piensan en asquerosas bagatelas mundanas, Dios no las juzgará severamente, si lo hará con los que pudieron remediarlo y no lo hicieron. Los esclavos son convenientes: proporcionan mano de obra barata, acatan con sumisión todo tipo de imposiciones, ignoran u olvidan cuales son sus derechos y tienen grabado en el centro de esa víscera que llaman corazón, además de la bondad e inocencia, aquello tan tremendo de la obediencia ciega, yo diría fatalista, que les inculcaron acabados de nacer. Estas personas tienen que hacer verdaderos esfuerzos para abrir sus ojos, esos ojos que nunca fueron analizados por oculistas de valía. No, este tipo de enfermedad tan rara que produce la sociedad, no entra en la Seguridad Social de nuestros tiempos de recortes. Hasta hace muy poco, yo suplicaba que me dejaran soñar, que soñar no cuesta dinero. Ahora estoy siempre despierto, con los ojos avizores oteando allá en lontananza, por donde me imagino que, en cualquier momento, pueden aparecer las naves piratas cargadas de malas intenciones para machacar más al pueblo.

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