Jóvenes detenidas y encerradas sin juicio en Almería: la historia del Patronato de Protección a la Mujer en la ciudad
La película 'Ruega por nosotras', estrenada este viernes en cines, da voz a las supervivientes ingresadas en las cárceles encubiertas del régimen franquista para jóvenes "descarriadas"; la ciudad tuvo su propio centro en Obispo Orberá

A la izquierda: fotograma de la película 'Ruega por nosotras'. A la derecha: expediente del Archivo Histórico Provincial.
Fumar, tener relaciones sexuales y quedarte embarazada fuera del matrimonio, bailar, llevar minifalda, salir de fiesta, ser lesbiana, fugarte de casa, manifestarte en contra de la dictadura, ser violada por tu padre. Eran algunos de los motivos por los que cualquier joven de entre 16 y 25 años podía ser ingresada en un centro del Patronato de Protección a la Mujer. La institución, dependiente del Ministerio de Justicia, operó desde 1941 hasta entrada la democracia en 1985 con el objetivo de recluir y reeducar a las féminas "descarriadas" bajo un régimen punitivo y carcelario.
Así, el Patronato se convirtió en el principal aparato de control y represión contra las jóvenes consideradas "caídas o en riesgo de caer, en riesgo de corrupción". Bajo esta etiqueta, el régimen persiguió a milicianas, activistas, viudas de republicanos y chicas que simplemente se mostraban contrarias al régimen o ejercían su libertad sexual. Su pecado: no ajustarse al modelo de mujer sumisa, al servicio del marido, madre y ángel del hogar promovido por el franquismo. Cualquier disidencia moral, sexual o política podía ser interpretada como desviación y era motivo de ingreso.

Mujeres cosiendo en un centro del Patronato de la Mujer.
De torturas a trabajos forzados y robo de bebés
La familia, el cura, un vecino, policías, maestros... Cualquiera podía denunciar inmoralidades. "Muchas fueron detenidas e internadas sin haber cometido delito alguno y sin resolución judicial", aseguran desde el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática en una publicación reciente del Boletín Oficial del Estado donde declaran el Patronato "Lugar de Memoria Democrática". Miles de adolescentes vivieron un infierno bajo los barrotes de sus centros: desde palizas y torturas de electroshock a maltrato psicológico, trabajos forzados, celdas de aislamiento e incluso el robo y la posterior adopción de sus bebés.
Almería tuvo un centro en Obispo Orberá
La película Ruega por nosotras de Daniel Monzón, estrenada en cines este viernes, da voz a las supervivientes ingresadas en la institución. Almería tuvo un centro en la capital situado en la calle Obispo Orberá, número 30, bajo el nombre Hogar-Taller Virgen del Mar. La doctora Pilar Iglesias Aparicio (Madrid, 1949) lo confirma a LA VOZ tras una minuciosa labor de investigación sobre lo ocurrido en la ciudad. La escritora Consuelo García del Cid también nos puso en la pista del lugar.
En Almería, el Patronato funcionó a través del Hogar-Taller Virgen del Mar, "clasificado como centro de preservación en régimen de semiinternado con capacidad para 30 jóvenes", explica Iglesias en un artículo publicado en la revista Rayuela tras consultar memorias de la época. Aunque las Adoratrices fue la orden que regentó "un mayor número de centros del Patronato", la ciudad andaluza se convirtió en la única provincia donde se delegó en el Instituto Secular Obreras de la Cruz la labor de regentar su reformatorio hasta 1971.
"Fecha en que, según la Memoria de 1972, el Hogar-Taller Virgen del Mar pasó a ser regentado por las Religiosas Oblatas del Santísimo Redentor, hasta el traspaso de competencias a la Junta de Andalucía, por Real decreto 3340/1983, de 23 de noviembre. Tanto la sede de la Junta (Obispo Orberá, 16) como el Hogar-Taller Virgen del Mar (Obispo Orberá, 30) estaban situados prácticamente frente al Colegio de las Hijas de María (Obispo Orberá, 35)", desentraña Iglesias.

Imagen actual de dónde estaba situado el centro del Patronato en Obispo Orberá.
Juan Borrego, responsable de comunicación de las Oblatas a nivel europeo, reconoce a LA VOZ que hubiera sido mejor que el Patronato "no hubiera existido". "Había personas, religiosas o no religiosas, que se excedieron y utilizaron la represión de manera impresentable. Eso nos genera desazón y asco. Pensar que en un centro de Oblatas pudo haber actos de violencia, de represión, incomunicación, genera una gran tristeza... La propia estructura del Patronato, a ojos de hoy, es inexplicable", denuncia Borrego mientras aclara que desde la orden "hay compromiso de buscar todo lo que existe en el archivo y acompañar y escuchar a las supervivientes". Además de continuar con su labor en Almería donde ofrecen atención social integral a mujeres en situación de prostitución o trata con fines de explotación sexual.
Si era virgen constaba como completa
Antes de entrar en un centro del Patronato, a la jóvenes se las detenían, se las esposaba y no se les leían sus derechos. Las llevaban al un Centro de Observación y Clasificación, una especie de comisaría encubierta. En estos espacios, se le hacía un examen ginecológico: la que era virgen constaba como completa, la que no lo era se la clasificaba como incompleta. Estaban allí una semana y, dependiendo de las pruebas (médicas, psicológicas y de conducta), se les llevaba a un reformatorio más o menos estricto.
"Desde el principio, se aplicaba un sistema de clasificación moral que determinaba el destino de cada interna: las menos "desviadas" podían ser enviadas a centros de prevención, de carácter más laxo [como el hogar-taller de Almería capital], mientras que otras eran destinadas a centros de rehabilitación, con un régimen mucho más severo", explica la investigadora y profesora Carmen Guillén en su libro Redimir y adoctrinar (Crítica, 2026).
LA VOZ ha llevado a cabo una investigación donde ha consultado documentos de la hemeroteca del periódico almeriense El Yugo, del Archivo Municipal y del Archivo Histórico Provincial (especial agradecimiento al equipo por su amabilidad). Del Histórico Provincial, este medio ha podido acceder a expedientes del Tribunal Tutelar de Menores, organismo encargado de la tutela de los/las jóvenes de 16 años desde su creación en 1918. A veces el Patronato y este tribunal albergaban jóvenes en los mismos centros. Además, el Tribunal Tutelar de Menores podía transferir casos al Patronato cuando eran de su competencia.
"Actos inmorales": vivir amancebada
La almeriense M. O. C., de 13 años, fue internada por "actos inmorales" en el asilo colegio de preservación y rehabilitación de jóvenes a cargo de las religiosas Adoratrices de Córdoba "por no haber en la ciudad". "Ella misma ha declarado que cohabitó con su novio y su hermana mayor ejerce la prostitución en Granada. Se trata de huérfana de padre y madre y pobre y deseando regenerarse", se lee en las diligencias abiertas en el expediente de la adolescente.
Volvió a Almería con 19 años. "Me dicen que en una cueva contigua a la que habita, vive un sujeto viudo que estuvo amancebado hasta hace muy pocos días con una tal Antonia, a la cual despidió dejándole un hijo [...] Parece ahora amancebarse con con M. J. C. Considero de urgencia se haga cargo de ella", se lee en una carta enviada el 27 de enero de 1948 al presidente de la Junta Provincial del Patronato de Protección a la Mujer en Almería.
Entre las finalidades del Patronato: "la dignificación moral de las mujeres, especialmente de las jóvenes"
El Patronato tenía su propia junta en cada provincia española. La de Almería se constituyó un 21 de julio de 1942. La primera reunión tuvo lugar el 1 de junio de 1943. Aparece recogido en prensa de la época como el periódico El Yugo donde se lee: "En la Jefatura Provincial del Movimiento, y bajo la presidencia de la provincia, camarada Manuel García del Olmo, tuvo lugar ayer la primera reunión extraordinaria que celebra dicha Junta, después de su constitución legal". Entre las finalidades de la institución, en palabras del gobernador civil García del Olmo, estaba "la dignificación moral de las mujeres, especialmente de las jóvenes; impedir su explotación, apartarlas del vicio y educarlas con arreglo a las enseñanzas de la Religión Católica".

Noticias en 'El Yugo' y en 'La Voz de Almería' donde aparecen recogidas actividades del Patronato.
La Junta Provincial del Patronato en Almería estuvo presidida por los siguientes gobernadores civiles: "[El citado] Manuel García del Olmo (1941-1945); Antonio Rueda Malo (1945-46); Manuel Urbina Carrera (1946-1954); Ramón Castilla Pérez (1954-1961); Luis Gutiérrez Egea (1961-1968); Juan Mena de la Cruz (1968-1972); Joaquín Gías Jové (1972-1974) y Antonio Merino González, todos ellos militares, a excepción de los dos últimos", precisa Iglesias.
Más de 300 ingresadas
En Almería, el número de internamientos ascendió a 315, y el de traslados a 97, "evidenciando la práctica del Patronato de deslocalización de jóvenes fuera de su provincia, como castigo por rebeldía o intento de fuga". "Las deslocalizaban de su lugar de procedencia. Si eras de Almería te podían llevar a Cuenca. Si eras de Barcelona a Madrid. En caso de fuga, tú no tenías a donde ir. El patronato indujo a la fuga y a la persecución", sostiene la superviviente Consuelo García del Cid en una entrevista con LA VOZ.
Fuga de "dos jovenzuelas" del Patronato en 1978
Aparece documentada una fuga en las inmediaciones de Obispo Orberá en 1978. En la información, titulada 'Dos jovenzuelas fugadas del Patronato de Protección a la Mujer y publicada el 27 de julio de 1978 en La Voz de Almería, se cuenta: "Del Patronato de Protección a la Mujer en Almería, se han fugado dos acogidas de 16 años. La evasión de las dos jóvenes ha sido denunciada en la Comisaría de Policía. Las dos muchachas al parecer son drogadictas y se llevaron en su huida el dinero y las ropas de sus compañeras de retención en el mencionado Patronato".
Ingresada por estar en "casas de mal vivir"
Otra de las jóvenes ingresadas en el Patronato de Protección a la Mujer en Almería que figuran en los expedientes del Tribunal Tutelar de Menores es A. H. H. El motivo: "fuga de casa; anda por casas de mal vivir". "Abandonó su domicilio estando fuera cerca de tres meses dedicada a cometer actos inmorales, llevando a cabo raterías, vida de hampa", explican en las diligencias abiertas.
A veces, las trasladaban por "tratarse de jóvenes solteras embarazadas, que, desde 1955, eran trasladadas a la Maternidad de Nuestra Señora de la Almudena (Peñagrande, Madrid)". Se trata, según Carmen Guillén en su libro Redimir y adoctrinar, del "centro maternal más importante y simbólico de toda la red del Patronato". "Llegaban para ser atendidas ante la soledad de un embarazado no deseado y se las retenía en los centros con estancia que podían dilatarse varios años. [...] El Consejo Superior de Protecciones de Menores definió las condiciones de vida como "sórdidas". Y desde luego que lo fueron: bebés robados, trabajos forzados de gestantes, separación de los hijos, aglomeraciones". Hay constancia de un viaje pagado a T. A. A., menor almeriense embarazada, a Peñagrande en 1971, en la documentación del Archivo Histórico Provincial consultada por LA VOZ.

Documentos relacionados con el expediente de T. A. A.
La institución dependía del Ministerio de Justicia. A su vez, relegaba el control y la supervisión a la Iglesia y sus congregaciones religiosas. "Hablamos de políticas de protección que inmediatamente se convierten en políticas de represión y de punición. Hablamos de violencia institucional específica contra las mujeres", asegura la investigadora madrileña Pilar Iglesias. No se entiende el Patronato sin el apoyo del propio estado que lo financia; la Iglesia y las órdenes religiosas cómplices, encargadas de la férrea dirección de los centros; y el silencio de la sociedad, primero sumida en una crisis en plena posguerra y luego, en plena Transición, callada ante la existencia de estos centros hasta 1985.
Se trataron de "instituciones de confinamiento y control patriarcal gestionadas en colaboración con órdenes religiosas que cometieron violaciones sistemáticas de los derechos humanos de miles de mujeres y niñas", apunta Iglesias en el artículo académico titulado Violación de los derechos humanos de las mujeres en las Lavanderías de la Magdalena de Irlanda y los centros del Patronato de Protección a la Mujer de España, publicado en el monográfico Mujer y poder de la revista TSN de la Universidad de Málaga.
¿Qué era un hogar-taller dentro del Patronato?
Los hogares-taller como el de Almería capital, en palabras de Guillén, "fueron diseñados para acoger adolescentes que aún no habían caído del todo en la "desviación moral", pero que ofrecían alguna resistencia al proceso de redención". "Allí, la libertad era limitada y la rutina, estricta. Las internas pasaban la mayor parte del tiempo encerradas dentro del establecimiento, donde desarrollaban "cursillos de Formación Intensiva Profesional de los diferentes oficios más caracterizados y aptos para la mujer" como costura, bordado, plancha y labores domésticas", explica.
"Esta supuesta función formativa encubría un sistema de explotación laboral en el que las jóvenes trabajaban sin remuneración bajo condiciones extremadamente duras. No era una alternativa al futuro, sino una fórmula de castigo encubierto donde el trabajo servía para la redención y financiación de las religiosas", asegura Guillén.
La "peluquería de las monjas"
El trabajo forzado era una pieza clave de la "pedagogía correccional" aplicada por el Patronato. "En el Hogar Virgen del Mar se impartían talleres de corte y confección, bordado, peluquería y manicura (Memorias de 1969 y 1972). El Diario de Almería hace alusión a la existencia de la conocida como "la peluquería de las monjas" donde trabajaban las internas, ya bajo la dirección de las Oblatas", explica Iglesias. Actualmente funciona como un centro de acogida inmediata para menores migrantes.

Imágenes del expediente de apertura de la peluquería de las monjas.
El Archivo Municipal de Almería conserva el expediente de apertura de la academia de peluquería, al que LA VOZ ha tenido acceso. En el documento de 1977, la Junta Provincial del Patronato de Protección a la Mujer expone que "desea abrir al público una Escuela-Academia de Peluquería, con el nombre de Escuela Virgen del Mar".
Al frente de dicha academia estuvo María Teresa Martín Fernández, "maestro industrial en peluquería, religiosa oblata, una de las cuatro religiosas al frente del Hogar Virgen del Mar, dependiente de esta Junta Provincial". El Patronato pagó 12.000 pesetas al Ayuntamiento por la licencia de dicho establecimiento. El 2 de septiembre de 1977 se le concedió la licencia municipal para abrir y funcionar en la calle Obispo Orberá, número 16.
La historia del Patronato está atravesado por miles de experiencias de jóvenes "detenidas, privadas de libertad, aisladas, humilladas, castigadas, explotadas laboralmente, obligadas a cumplir las obligaciones religiosas impuestas, sin ningún tipo de juicio ni sentencia, por actos y situaciones que no constituían delito para los hombres", denuncia Iglesias, doctora en Filología Inglesa. "Es más, en muchos casos, por haber sido víctimas de violencia sexual [...] como en el caso de jóvenes embarazadas que habían sido violadas por sus padres, hermanos u otros familiares, o por su empleador o un sacerdote, sin que en ningún caso los victimarios fuesen perseguidos o castigados", critica.
La Conferencia Española de Religiosos pidió perdón a las supervivientes del Patronato el pasado 9 de junio de 2025 y el Ministerio el Ministerio de Política Territorial ha declarado recientemente el Patronato "Lugar de Memoria Democrática". La película Ruega por nosotras, ahora en cines, las recuerda y las homenajea. También lo hará esta noche RTVE al estrenar El Patronato, un documental que saca a la luz los abusos y torturas de la institución a miles de mujeres. Que no caigan en el olvido.