La Voz de Almeria

Historias de Almería

Cuando los almerienses descubrieron el 600 y la Vespa

Hubo un audaz almeriense llamado Modesto García Ortega, hijo de un carrero de bueyes de Los Molinos, que partiendo de unos alicates y unas manos grasientas fundó un imperio del motor

Modesto García Ortega, a la izquierda de la imagen, con los primeros Seat 600 que llegaron a la ciudad.

Modesto García Ortega, a la izquierda de la imagen, con los primeros Seat 600 que llegaron a la ciudad.

Manuel León
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Hubo un sarampión en Almería que empezó a brotar por aquella ciudad ya lejana, sin orden ni concierto, a partir de los sobrevalorados años 20 del siglo cambalache. Fueron esos primeros garajes y talleres, que iban tomando el relevo de los talabarteros, herreros y albéitares, que se ocupaban en los arrabales de cambiar las herraduras de las mulas, de tener a punto monturas, albardas y correajes, de enjabonar la capa del animal y cortarle las greñas.

Había llegado ya la revolución del automóvil y en esa mudanza de la tracción de sangre a la de motor, surgió el emprendimiento de los hermanos Modesto y Antonio García Ortega, que montaron el célebre Garaje Internacional, justo al lado de donde hoy está La Salle, entonces llamado Malecón de Abellán, en una de las naves de esparto y almendras que había pertenecido a Antonio Peregrín Zurano, a dos pasos del viejo Puente de Hierro. Era toda una novedad para la época: un patio con modernas jaulas con cierre mecánico para que durmieran los vehículos, lavado a presión y taller de reparación con adiestrados oficiales.

Tenían mano de santo los hermanos García Ortega para abrirse paso en ese nuevo universo de bielas, culatas, cilindros, cigüeñales y cojinetes, necesarios para que los utilitarios rodaran por las calles empedradas de aquella Almería. La nueva instalación durante décadas fue uno de los talleres con más recorrido y nombradía de esa ciudad cada vez más metropolitana y de allí surgió ese gran imperio del motor que fue la empresa de Modesto García Ortega, concesionario durante décadas de marcas como Fiat, Seat, Simca, Lancia o las Vespas y Vespinos, con talleres, almacenes de recambios y salas de exposiciones repartidas por toda la ciudad y el Poniente almeriense. Todo ese fragor de marcas y nuevos modelos de autos que gerenciaba Modesto, tuvo su génesis en el Garaje Americano que montó el consignatario Berjón en la calle Arapiles en 1926 como agente comercial de la Ford.

Allí entró Modesto -hijo de un pobre carrero de bueyes de Los Molinos- de aprendiz junto con su tío llamado el Ortegón. Después se independizó y por un tiempo se estableció en una cochera de doña Pepa Padilla en la calle Tenor Iribarne, junto al actual Restaurante Valentín. Hasta que creó, por tanto, con su hermano el Garaje Internacional donde trabajaba también el gran maestro chapista que fue José Gómez Gómez. Cuando empezó la Guerra, el garaje fue incautado, aunque Modesto continúo trabajando como jefe de taller para reparar los vehículos de los republicanos y después de la Guerra, ya conocido el lugar como Mártires de La Salle, para el nuevo Régimen instaurado.

En esos años, tanto Modesto como Antonio, habían sido unos de los pioneros de la aviación en la ciudad fundando el Aeroclub Almería con un avioneta de Paco Gázquez que tenía en el aeródromo de Tabernas. También constituyeron la primera empresa de autobuses, antecedente de Saltúa, junto con José García Zamora.

Pasados unos años, los hermanos García Ortega separaron los negocios y Modesto, junto al maestro Gregorio Fernández, entró como jefe la asistencia técnica del concesionario Ford que regentaba en Almería el profesor José María Artero en la calle Padre Juan Aguilar. Hasta que hicieron un taller nuevo de su propiedad en la Carrera del Perú y después adquirió Modesto, en la mayor de sus operaciones empresariales, el edificio de don Francisco Rueda Cassinello donde había estado la imprenta y redacción de La Crónica Meridional, aquel genuino periódico almeriense fundado en 1860 por Francisco Rueda. Su socio Gregorio puso también por su cuenta un nuevo taller en la Avenida de la Estación, en lo que había sido el Garaje España.

Allí, en Reyes Católicos, haciendo esquina con Rueda López, montó Modesto el almacén y tienda de material industrial y después de recambios de automoción, junto a la fábrica de gaseosas de Enrique Ruiz y enfrente del cine Reyes Católicos que vino después. El salto definitivo lo dio Modesto, que ya contaba con seis hijos criados en la calle Ramos, al quedarse con la concesión de la Seat, que pertenecía al Instituto Nacional de Industrial. Y empezó a vender como rosquillas los primeros 1.400, 1.4030, 1.500 y sobre todo los célebres 600, aunque había que esperar cupo con más de un año de antelación y dar una entrada de 10.000 pesetas. Había tal demanda que a veces se revendían los derechos de reserva por el doble de lo que había entregado a cuenta el peticionario. Después entraron con Fiat, vendiéndole coches al médico Cristóbal López, José Arigo, Cristóbal Gómez, Eusebio Alvaro, Manolo Beltrán Ramón Gómez Vivancos, entre otros muchos. La segunda revolución llegó en 1954 con la Vespa, cuando empezaron a aparecer en los escaparates de Reyes Católicos con Rueda López las primeros unidades que se vendían a 16.500 pesetas. Hubo tal furor en la ciudad que se llegó a crear el Vespa Club presidido por el profesor Emilio Napoléon Peral Loaisa. Los hijos de Modesto, Ignacio y Antonio, daban clases de circular en Vespa a los primeros clientes que nunca habían montado si quiera en bicicleta.

La empresa llegó a tener una plantilla de más de 70 mecánicos y vendedores, como Eduardo Verdejo Paulín, José Belvet o Diego Cazorla, junto a los hijos Modesto, Ignacio, José y Manuel. También abrieron concesionario y taller de Simca y de Lancia e instalaciones en El Ejido y Roquetas de Mar cuando el Poniente empezaba a despegar donde también vendieron tractores. El negocio iba viento en popa y el fundador compró el cortijo de Los Peñoncillos, en Huércal de Almería, y el del Avispero, en Abrucena para desarrollar su otra pasión que era el campo y el cultivo de manzanas y cerezas. Falleció Modesto García, un audaz empresario almeriense que empezó de cero con unos alicates y un mono lleno de grasa, en 1982, legando a sus hijos el mayor negocio de reparación y venta de coches de Almería, hasta que feneció definitivamente bajando la persiana en 1994. 

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