La Voz de Almeria

Almería

Medio siglo del caso Javier Verdejo, asesinado cuando hacía una pintada en San Miguel

Tenía solo 19 años cuando la bala de un subfusil le destrozó la garganta

El caso de Javier Verdejo.

El caso de Javier Verdejo.La Voz

José Ángel Pérez
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El magistrado Roberto García Calvo, fallecido en el mes mayo de 2008, era Gobernador Civil de Almería cuando ocurrió la lamentable muerte de Javier Verdejo Lucas

Ahora cincuenta años después de su muerte, la calle de San Miguel del Zapillo sigue siendo el escenario de uno de los episodios más oscuros y tristes de la Transición en la provincia de Almería , pese a que desde hace algunos años ya no existe la terraza de verano, ni el muro donde Javier Verdejo Lucas dejó impreso en pintura roja parte de un mensaje inacabado Pan, T (Trabajo y libertad) antes de caer abatido por el disparo de un guardia civil de la comandancia de Almería quien separado del cuerpo pasó los últimos años de su vida en la barriada del Alquián.

Era la madrugada del 13 al 14 de agosto de 1976 y en esas fechas España vivía una situación sociopolítica un tanto compleja. El dictador Francisco Franco había muerto unos meses antes y se iniciaba tímidamente la andadura hacia una incierta democracia con diversas incógnitas para muchos. Las ideas políticas para otros estaban muy confusas.

Francisco Javier Verdejo, hijo de un ex alcalde de Almería y procedente de una familia conservadora, muy conocida y respetada en la capital, tenía solo 19 años cuando la bala de un subfusil le destrozó la garganta.

El entonces presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, -según recuerdan las crónicas escritas a posteriori- se encontraba disfrutando de unos días de descanso en la barriada de Cabo de Gata a escasos veinte kilómetros donde murió el joven Javier Verdejo. Allí, pasaba unos días de asueto, rodeado de toda la fauna política almeriense del momento. Una de sus hijas había sido coronada esa misma noche como reina de las fiestas.

Por la pintada Pan, T (Trabajo y libertad) Francisco Javier Verdejo militante de la Joven Guardia Roja, rama juvenil del Partido del Trabajo de España, y delegado de curso de primero de Biológicas en la Universidad de Granada, murió alevosamente de un disparo en unas dramáticas circunstancias.

Esa noche el joven no estaba solo. Otros tres compañeros vigilaban el estrecho callejón mientras Javier con pintura roja realizaba la pintada. Fueron ellos quienes dieron la voz de alarma al hacer su aparición por las inmediaciones dos agentes de la Guardia Civil de vigilancia de costas. Los cuatro jóvenes salieron corriendo por distintas direcciones, Francisco Javier en una alocada carrera lo hizo en dirección a la playa. De entre las sombras surgieron las figuras de los guardias civiles que se encontraban patrullando la playa armados con pistolas y subfusiles. Cerca de unas casetas de baño próximas de la orilla, un proyectil alcanzó de lleno a Javier Verdejo cayendo mortalmente herido.

La versión oficial transmitida a los medios de comunicación de Almería a través del Gobierno Civil hablaba de un desafortunado accidente: el agente durante la persecución tropezó y se le disparó el arma, alcanzando al joven en la garganta. Fue una explicación jamás creída ni compartida por la militancia de la izquierda. En realidad, poco o muy poco se ha llegado a saber en profundidad de lo que realmente sucedió esa trágica noche salvo que una llamada telefónica efectuada desde la comandancia de la Guardia Civil alertó a la familia de la dramática situación.

En principio parece ser que los agentes no sabían que el muchacho estaba muerto. La explicación oficial que la Guardia Civil ofreció en su momento fue que dos efectivos sorprendieron al grupo de jóvenes y que estos salieron corriendo. Les dieron varias veces la voz de ‘alto' sin que llegaran a obedecer las indicaciones de los agentes.

Fue una versión enarbolada por el entonces gobernador civil de Almería, Roberto García Calvo, que no dudó en amenazar con el uso de utilizar la fuerza cuando la gente comenzó a reunirse para protestar por el trágico hecho. Se detuvieron a diez personas, entre ellas a un periodista y a cuatro menores de edad.

Roberto García Calvo estuvo en el cargo menos de un año, entre los meses de abril de 1976 y marzo de 1977 pero le bastó para dejar en su “destino” además del Caso Verdejo varias huelgas reprimidas sin miramientos y un homicidio que no se llegaría a resolver.

Así se le dio carpetazo al asunto, nunca más desempolvado ni esclarecido por ninguna investigación oficial. El día del entierro del joven, miles de personas se congregaron en la Plaza de San Pedro, mostrando abiertamente su indignación y su rabia por la trágica muerte del muchacho. Precisamente en esta plaza, sobre las diez y media de la noche del fatídico día, habían quedado el grupo de jóvenes soñadores convertidos en idealistas de la democracia ansiosos de buscar otro mundo diferente.

El Partido del Trabajo, al que pertenecía Verdejo, cuyo abogado sirvió de enlace con los medios de comunicación como portavoz de los grupos de izquierda, Ernesto Ruiz, aseguró en su día que el levantamiento del cadáver en la playa se hizo en presencia de un juez, pero al partido no le cuadraba un detalle: el hallazgo de restos de sangre en una caseta de baño. Tomaron una muestra y la mandaron a analizar a través de un notario a un laboratorio de Madrid para corroborar si se trataba de la de Javier Verdejo. Nunca supieron el resultado del análisis ya que "las diligencias se cerraron" supuestamente por la falta de denuncia de la familia. El juzgado militar zanjó un penoso asunto, que año tras año después se sigue rememorando la memoria del estudiante Javier Verdejo.

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