La Voz de Almeria

Almería

El vaper conquista a los jóvenes de Almería y la nueva ley antitabaco intenta frenar su avance

Las restricciones llegan en un momento en el que expertos y psicólogos alertan del aumento del consumo y de la normalización de estos dispositivos

Joven vapeando

Joven vapeandoEuropa Press

Sara Ruiz
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Terrazas llenas, paseos marítimos abarrotados y playas en las que el humo del cigarrillo ha dado paso a un nuevo protagonista. En Almería, el vaper se ha convertido en una imagen cada vez más habitual entre adolescentes y jóvenes, atraídos por sus diseños llamativos, la variedad de sabores y la percepción de que se trata de una alternativa menos perjudicial que el tabaco convencional. Sin embargo, especialistas y profesionales sanitarios llevan tiempo advirtiendo de los riesgos asociados a unos dispositivos cuyo consumo no deja de crecer.

El debate ha cobrado una nueva dimensión después de que el Consejo de Ministros aprobara el proyecto de ley del tabaco impulsado por el Ministerio de Sanidad, que inicia ahora su tramitación parlamentaria. El texto amplía los espacios sin humo a terrazas, playas, piscinas de uso colectivo, instalaciones deportivas y espectáculos al aire libre, además de equiparar los cigarrillos electrónicos y otros productos similares al tabaco convencional y prohibir expresamente su consumo entre los menores de edad.

Almería, por encima de la media andaluza 

Aunque la atención se centra ahora en el auge de los cigarrillos electrónicos, el tabaquismo continúa siendo un importante problema de salud pública en la provincia. Según la Encuesta Andaluza de Salud de 2023, el 24,85 % de los almerienses mayores de 16 años fuma a diario, un porcentaje que se sitúa casi cuatro puntos por encima de la media autonómica, fijada en el 20,89 %. La diferencia también se aprecia al analizar los datos por sexos. En Almería, el 27,08 % de los hombres reconoce consumir tabaco de forma habitual, frente al 22,45 % de las mujeres. La provincia se sitúa así entre los territorios andaluces con una mayor incidencia del tabaquismo, junto a Málaga, Cádiz y Huelva.

Las cifras también se reflejan en la actividad asistencial. Solo durante 2024 se realizaron más de 8.900 intervenciones básicas y avanzadas para ayudar a la población a abandonar el consumo de tabaco. De ellas, 5.014 se llevaron a cabo con hombres y cerca de 3.900 con mujeres. Además, otras 526 personas fueron atendidas por exposición al humo ambiental.

Sin embargo, los expertos ahora ya no solos se fijan en el tabaco convencional. Según la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), desde su delegación en Almería, uno de cada cuatro niños de entre 12 y 13 años vapea y la cifra aumenta hasta uno de cada dos en la franja comprendida entre los 14 y los 17 años. 

En la misma línea, el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Almería señaló que uno de cada cuatro estudiantes de Secundaria ha utilizado cigarrillos electrónicos durante el último mes. La Sociedad Andaluza de Medicina Familiar y Comunitaria (SAMFyC) también ha alertado de la magnitud del problema. De acuerdo con la encuesta realizada durante la Semana Sin Humo de 2026, el 11,9 % de los adolescentes andaluces de entre 14 y 18 años que consumen nicotina lo hacen ya a través de vapers, muy por delante del tabaco convencional y de la cachimba.

El "caballo de Troya" del vapeo

Si hace apenas unas décadas el tabaco aparecía ligado al cine, la televisión o la publicidad tradicional, ahora son las redes sociales las que desempeñan un papel fundamental en la difusión de nuevos hábitos de consumo. Precisamente por ello, la nueva ley también pone el foco sobre los cigarrillos electrónicos y otros productos relacionados con la nicotina, cuya regulación se equiparará a la del tabaco convencional.

La norma contempla restricciones sobre el consumo de estos dispositivos en los espacios en los que esté prohibido fumar y limita su venta y promoción, una medida que llega en un momento en el que el uso de vapeadores entre los más jóvenes continúa creciendo. Desde Trilum Psicología, en Almería, las especialistas Carmen Cazorla Aguirre, María del Mar Jódar García e Inma Muñoz Sánchez consideran que el fenómeno ha ido ganando terreno de una forma silenciosa. "Lo que verdaderamente se está normalizando es el vaper", explican en una conversación con LA VOZ.

En su opinión, estos dispositivos han logrado abrirse paso gracias a una estrategia basada en la apariencia y la percepción del riesgo. "Ha funcionado como un auténtico caballo de Troya. Ha disfrazado la adicción a la nicotina con una estética de accesorio tecnológico moderno y sabores afrutados o de gominola, haciéndolo atractivo incluso para los niños", señalan. Las especialistas apuntan también a un aspecto diferencial con respecto al tabaco tradicional. "No deja mal olor ni es fácilmente detectable, lo que permite a los adolescentes esconderlo de sus padres sin problema". 

A ello se suma, según añaden, una tolerancia social diferente, ya que muchas personas no perciben el vapeo como un hábito tan perjudicial o molesto como el consumo de cigarrillos convencionales. El resultado es una realidad que, a juicio de las expertas, se ha integrado en la vida cotidiana de muchos adolescentes y jóvenes sin despertar la misma alarma social que el tabaco tradicional. Y ese es, precisamente, uno de los aspectos sobre los que pretende actuar la nueva normativa.

¿Basta con prohibir?

La ampliación de los espacios sin humo no es una medida nueva en esencia, sino un paso más dentro de una estrategia que ya transformó por completo los hábitos sociales hace años. Basta con recordar la prohibición de fumar en el interior de bares y restaurantes, una decisión que modificó comportamientos que hasta entonces parecían completamente normalizados.

Desde Trilum Psicología consideran que las nuevas restricciones podrían provocar un efecto similar. "Es posible que, al aplicar estas medidas a las terrazas o a las playas, podamos replicar ese mismo efecto de freno y desnormalización", explican las especialistas. Sin embargo, también advierten de los riesgos de confiar únicamente en las prohibiciones. "Convertir el vapeo en un fruto prohibido puede aumentar su atractivo como símbolo de rebeldía o de estatus dentro del grupo", afirman.

Una joven fumando vaper

Una joven fumando vaperLa Voz

A ello se suma otro problema: la dependencia no desaparece con la restricción. "La prohibición, por sí sola, no elimina la adicción, sino que corre el riesgo de desplazarla a la clandestinidad, a espacios como los baños o los dormitorios", apuntan. Por ese motivo, las expertas defienden la necesidad de combinar las limitaciones legales con la educación y la prevención. "Las leyes pueden convertirse en una barrera de contención, pero deben ir acompañadas de educación emocional y de herramientas reales para gestionar el estrés. Prohibir sin educar solo enseña a esconderse mejor", concluyen. 

Mientras la ley inicia su recorrido parlamentario, Almería se prepara para un cambio que afectará a algunos de los espacios más frecuentados de la provincia, desde las terrazas y los paseos marítimos hasta las playas y las zonas de ocio. El objetivo es claro: evitar que una costumbre cada vez más presente entre los jóvenes termine asentándose como un hábito cotidiano.

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