El silencioso adiós de los buzones, el reflejo del fin del correo tradicional: "En unos años quedarán 6 o 7 en Almería"
La digitalización ha relegado el envío de cartas a un uso residual y Correos ha retirado decenas de buzones amarillos en la capital en los últimos años
La transformación digital no solo ha cambiado la forma de comunicarnos, también el paisaje urbano de Almería. Primero fueron las cabinas telefónicas, ya extintas en la capital. Ahora, poco a poco, les llega el turno a otro símbolo de la comunicación tradicional: los icónicos buzones amarillos de Correos. Casi impasibles al paso del tiempo, aunque marcados por algún grafiti y el desgaste propio de los años, siguen presentes en calles y plazas de Almería. Pero cada vez son menos.
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Desaparecen silenciosamente de las calles al ritmo que cae el envío de cartas. Así lo explica a este periódico Paco Sabio, responsable del sindicato SIPCTE en Almería y cartero durante años: "Ha bajado el envío postal, en España prácticamente nadie manda ya una carta, salvo alguna postal en verano o en Navidad".

Buzón en la Plaza de Barcelona, en la capital almeriense.
De 90 a 30 buzones en Almería
Actualmente, y según Correos, en la capital quedan alrededor de 30 buzones amarillos. El mapa habilitado por la empresa postal sitúa prácticamente uno de estos icónicos cilindros metálicos en cada barrio de Almería. Lo justo para cubrir los servicios mínimos.
"Se han retirado a lo largo de estos últimos años. Antes, si ahora calculas unos 30 buzones, yo diría que había incluso más de 90. Se han reducido prácticamente por eso mismo: porque ya no hay envíos ordinarios. La gente no usa el correo ordinario, ya no nos comunicamos así", cuenta Sabio.

Mapa de los buzones operativos hoy en Almería.
Para la elaboración de este reportaje, este periódico preguntó a varios almerienses cuándo fue la última vez que echaron una carta en un buzón de la calle. Las respuestas dibujan con claridad el cambio de época. Los mayores recuerdan haberlo hecho hace dos o tres décadas, cuando enviar cartas formaba parte de la rutina. Los más jóvenes, en cambio, apenas conservan recuerdos ligados a estos cilindros amarillos: muchos nunca han depositado una carta en uno. Para ellos, el correo postal es casi un objeto de otra generación, sustituido por el correo electrónico, la mensajería instantánea y los trámites digitales.
El futuro de los buzones
Esta nueva escena también ha cambiado para los propios carteros. "Muchas veces la gente nos para por la calle para preguntar dónde hay un buzón o si puede darnos la carta en mano", explica Sabio. La respuesta casi siempre es la misma: en las ciudades, las cartas deben depositarse obligatoriamente en un buzón o entregarse en una oficina de Correos.
Y, sin embargo, los que sobreviven siguen funcionando con la misma rutina de siempre. Cada día, sin excepción, un cartero pasa a recoger las cartas. "Es obligatorio por ley; no pueden quedarse de un día para otro", recuerda Sabio. Un gesto cotidiano que se mantiene aunque el contenido de esos cilindros metálicos sea hoy apenas una sombra de lo que fue.

Clasificando la correspondencia que se recogia en los buzones y llegaba en el tren. Años 70.
Su futuro, sin embargo, parece escrito. Igual que las cabinas telefónicas desaparecieron casi sin hacer ruido, los buzones amarillos avanzan hacia una presencia cada vez más testimonial. "Siempre habrá algún nostálgico que quiera mandar una carta, pero dentro de unos años quedarán seis o siete en toda Almería", concluye.