Del quirófano a los 31 maratones: la historia del traumatólogo de Almería Antonio Ríos
Llegó a pesar 100 kilos, encontró en el deporte una nueva forma de vivir y hoy es referente en medicina regenerativa

Antonio Ríos Luna, traumatólogo y maratoniano.
Todavía no ha despuntado el día en la provincia de Almería. El silencio envuelve las calles y el único sonido que rompe la calma es el de unas zapatillas golpeando el asfalto. Mientras la mayoría continúa dormida, él corre. Lo hace sin prisas, pero con la constancia de quien ha convertido esos primeros kilómetros de la mañana en un refugio. Es el momento en el que la mente se despeja, el estrés pierde fuerza y las ideas encuentran, casi siempre, el camino de vuelta.
Antonio Ríos Luna tiene 55 años. Nació en Córdoba, aunque dice sentirse granadino en una conversación con LA VOZ, y fue en Almería donde echó raíces tanto en lo personal como en lo profesional. Traumatólogo especializado en medicina regenerativa, creador de la técnica INOCA —se explicará en las siguientes líneas—, antiguo médico de la UD Almería, escritor y maratoniano, ha hecho de la vocación el nexo entre todas las facetas de su vida: cuidar, innovar, correr y compartir lo aprendido.
Una promesa a su abuela
La medicina nunca fue una opción entre muchas para Ríos Luna. Fue una vocación temprana. Desde niño jugaba a curar a sus muñecos y soñaba con ponerse una bata blanca. Buena parte de esa ilusión nacía en casa, al ver el dolor con el que convivía su abuela a causa de una artrosis de rodilla. "Siempre le decía: 'Abuela, cuando yo sea médico te voy a curar'", recuerda. Aquella promesa infantil terminó convirtiéndose en la semilla de una profesión marcada por el deseo de ayudar a los demás.
Paradójicamente, la especialidad a la que dedicaría su vida no despertó su interés durante la carrera. La traumatología le parecía una asignatura excesivamente teórica, basada en memorizar nombres de huesos, tendones y fracturas, hasta el punto de descartarla. Sin embargo, el destino cambió sus planes en torno a 1996.
A la salida de la boda de un amigo, un accidente de tráfico obligó a detener el coche. Ríos Luna viajaba junto a varios médicos residentes de Traumatología que fueron los primeros en atender a los heridos. La rapidez con la que actuaron, la serenidad para controlar la situación y la capacidad de aliviar a los pacientes le dejaron una imagen difícil de olvidar. "En ese momento tuve claro que quería ser traumatólogo", afirma. Aquella escena transformó por completo la percepción que tenía de una especialidad que, poco después, acabaría convirtiéndose en su forma de vida.
Tras obtener una muy buena nota en el MIR y realizar la residencia en el Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid, uno de los centros de referencia del país, su carrera terminó llevándolo hasta Almería, la tierra natal de su mujer, donde terminaría de completar su vida con sus hijas Lucía y Paloma.

Antonio Ríos en una de sus charlas sobre la técnica INOCA
Del ajetreo al deporte
La llegada a Almería marcó un antes y un después, ya que se incorporó al Hospital de Poniente, donde se encontró con una realidad asistencial muy diferente. La intensidad del trabajo y el ritmo de aquellos primeros años hicieron que se olvidara de sí mismo. Descuidó la alimentación, dejó de hacer ejercicio y llegó a alcanzar los 100 kilos. "Hubo un momento en el que tuve que parar y decir: no puedo seguir así", recuerda. En 2008 decidió dejar el sistema público para emprender una nueva etapa profesional, una decisión que también transformó su vida fuera de la consulta.
Con más tiempo para su familia y para él mismo, comenzó a recuperar hábitos que había dejado de lado. Empezó a hacer ejercicio casi por casualidad, sin imaginar que terminaría convirtiéndose en una parte esencial de su rutina. Dos años después completó su primer maratón. Desde entonces ha cruzado la meta en 31 ocasiones.
"Correr elimina el estrés, la adrenalina, el cortisol y los pensamientos tóxicos", explica. Para él, salir a correr no consiste únicamente en sumar kilómetros, sino en encontrar un espacio para pensar con claridad. "Muchas veces la solución a un problema con un paciente aparece mientras corro. Es como si la niebla mental desapareciera y todo se viera mucho más claro". Hoy el deporte forma parte de su día a día con la misma naturalidad que entrar en una consulta: "Está tan integrado en mi ADN que, si un día no corro, lo echo en falta".

Antonio Ríos en uno de sus maratones.
Innovar para ayudar a más pacientes
Si los maratones transformaron su vida personal, la pandemia marcó un antes y un después en su trayectoria profesional. Con los quirófanos ocupados por pacientes con COVID-19 y miles de intervenciones aplazadas, Ríos Luna comenzó a preguntarse cómo seguir ayudando a quienes continuaban conviviendo con el dolor. Fue entonces cuando decidió trasladar a la consulta un procedimiento que hasta ese momento solo realizaba en quirófano.
Así nació la técnica INOCA (Infiltración Ósea en Consulta Ambulatoria), un procedimiento de medicina regenerativa mínimamente invasivo que consiste en infiltrar plasma rico en plaquetas directamente en el hueso para favorecer la regeneración del cartílago y aliviar patologías como la artrosis, todo ello sin necesidad de pasar por un quirófano. "Sabía que iba a funcionar porque ya lo hacía en otro escenario", explica.
El primer paciente fue un vecino de Viator que, pese a tratarse de un procedimiento inédito en consulta, aceptó someterse al tratamiento. Aquel caso confirmó que el camino era el correcto. Desde entonces, el traumatólogo ha realizado cientos de procedimientos y la técnica ha despertado el interés de especialistas de todo el mundo.
Tras publicar los primeros resultados en la revista científica 'Arthroscopy: The Journal of Arthroscopic & Related Surgery', el artículo se convirtió en el más consultado de la publicación durante ese año. Poco después fue invitado a presentar la técnica en el Congreso Mundial de Medicina Regenerativa celebrado en Miami, donde obtuvo el premio a la mejor ponencia. Desde entonces, médicos de distintos países viajan hasta Almería para conocer de primera mano un procedimiento que ha permitido acercar este tipo de tratamientos a más pacientes al reducir tanto la complejidad como el coste de la intervención.

El doctor Steve Sampson, médico estadounidense con una clínica en Beverly Hills, el cual visitó la clínica de Antonio Ríos para aprender la técnica del INOCA.
Escribir para ayudar
Después de la medicina y los maratones llegó la escritura. El primero de sus libros, 'Del sillón al maratón', nació casi por insistencia de quienes habían seguido de cerca su transformación personal. Ríos Luna echaba en falta una guía sencilla para cualquier persona que quisiera abandonar el sedentarismo y empezar a cuidar de sí misma, lejos de los manuales dirigidos a deportistas de élite. Así decidió contar su propia experiencia con la esperanza de que pudiera servir de impulso a otros.
Aquel fue solo el principio. Con el paso del tiempo llegarían nuevos títulos, entre ellos 'Historias en zapatillas', un recopilatorio de relatos inspirados en pacientes y personas con las que se ha cruzado a lo largo de su vida. Sin embargo, todos comparten una misma filosofía: ninguno persigue un beneficio económico. A propuesta de su mujer, decidió destinar íntegramente los derechos de autor a distintas causas solidarias. La primera fue la Asociación de Esclerosis Múltiple de Almería, una enfermedad que padece su hermana mayor. Después llegarían otras entidades como la Asociación de Niños con Discapacidad de Almería o A Toda Vela. "Si la vida me ha tratado bien, siento que tengo que devolver una parte", resume.
Y es que durante la conversación aparece varias veces una misma palabra. No habla de éxito, ni de reconocimiento, ni siquiera de sacrificio. Habla de vocación. La misma que le llevó de niño a prometerle a su abuela que algún día la curaría. La misma que le hizo enamorarse de la traumatología tras presenciar un accidente de tráfico. La misma que lo empujó a cambiar de vida cuando el estrés y el olvidarse de uno mismo amenazaban con apartarlo del camino. La misma que le hizo seguir investigando en plena pandemia hasta desarrollar una técnica que hoy se aplica mucho más allá de Almería. Y la misma que lo lleva a levantarse antes de que salga el sol para correr, convencido de que siempre hay una forma mejor de ayudar a los demás.
Porque, quizá, Ríos Luna no entiende la vida como una sucesión de maratones, publicaciones científicas o libros escritos. Entiende que cada paciente recuperado, cada corredor que decide levantarse del sofá o cada asociación que recibe el dinero de uno de sus libros forman parte de una misma meta. Una meta que no se mide en kilómetros, ni en congresos internacionales, ni en premios. Se mide en las huellas que uno deja en la vida de los demás. Y esa es, probablemente, la carrera más importante que ha corrido hasta ahora.