“El factor humano es vital en medicina”
Raimundo Castro, padre de la traumatología almeriense

El trumatólogo Raimundo Castro Mayor
De Raimundo Castro sorprende de entrada su vitalidad. Rondando los ochenta años mantiene el empuje que le llevó a convertirse en uno de los médicos con mayor reconocimiento nacional e internacional desde mediados de los sesenta y hasta hoy.
Su DNI indica que nació en Fermoselle, un pueblo de Zamora próximo a la frontera portuguesa y a la capital. En Salamanca pasó siete años en un internado estudiando e inició estudios de medicina. Tres años allí y 4 en Madrid y la ‘suerte’ de haber tenido como maestros a algunos de los más ilustres médicos de la época.
Se empapó de conocimiento con Marañón, Jiménez Díaz, López Ibor, Vallejo Nájera o Laín Entralgo, “y eso imprime carácter porque son los monstruos sagrados de la medicina española, pero también porque han sido una luz durante toda mi vida no sólo médica, sino también humanística, y eso es tan imoprtante o más que la propia medicina”, asegura al recordarlo.
Su trayectoria académica fue tan brillante que la Universidad de Salamanca, con motivo de su centenario, le otorgó su premio extraordinario a un joven Castro, empeñado desde entonces en alcanzar las mayores cotas en la especialidad que sería su vida, la traumatología.
Completó su formación y se especializó en lo que entonces era el faro mundial de la traumatología, Inglaterra, donde aprendió de los grandes maestros y donde tuvo la ocasión de intervenir en la operación de cadera que le practicaron a Churchil.
No es el único famoso en su nómina de pacientes. Por sus manos han pasado personajes como el propio Winston Churchil, la actriz Sofía Loren, el actor Sean Connery o el imán supremo del Islam, al que operó en El Cairo.
En Almería Con esa formación aprobó sin problemas las primeras oposiciones para especialistas convocadas en España y eligió como destino Almería, “porque el jefe de servicios sanitarios del Gobierno, que me conocía, me lo pidió ya que estaba en proyecto crear aquí el Centro Nacional de Parapléjicos. Yo venía del centro Goodman en Oxford y les pareció que era el más indicado”.
Sin embargo, un cambio de ministro dejaría a Almería sin ese centro. El nuevo mandatario de la sanidad española era toledano y se llevó para su tierra el Centro Nacional. A Raimundo Castro le ofrecieron entonces irse de Almería a alguna otra provincia, “pero yo ya había venido, esta provincia me impresionó por su fuerza y su carácter y por las personas que me encontré y ya no pude irme, no quise”.
Pero siguió ejerciendo de pionero lo que permitió que Almería se convirtiera en una de las provincias españolas con mayor proyección en la traumatología y la rehabilitación, sus especialidades. Por ejemplo, aquí se realizaron las primeras operaciones de prótesis de cadera. “Eso también tiene su historia porque al principio no existían prácticamente las prótesis en Almería ni en España y yo me traje las primeras de una visita a mis colegas ingleses”. Las traía en el bolsillo del abrigo, de forma casi clandestina, pero sirvieron para abrir un camino que ya nunca se cerró.
El deporte La historia del dortor Castro es también la de Almería en los últimos cincuenta años. Prueba de ello su intervención para rescatar víctimas del edificio Azorín, en cuyas ruínas, en un estrecho túnel, tuvo que amputar la pierna a un hombre para poder sacarlo de allí con vida, lo que le valió la Gran Cruz de la Beneficencia y otros reconocimientos oficiales.
Después llegaría el deporte, porque Raimundo fue el médico del Almería durante muchos años, desde que se lo pidiera Guillermo Blanes al fundar el Almería C.F. “Lo acepté porque entiendo el deporte como algo absolutamente recomendable a cualquier edad. Generaciones de futbolistas y atletas han pasado por sus manos y su saber.
Pero por encima de todo, Raimundo Castro se considera un médico humanista porque “pese a toda la tecnología, al final es el médico el que decide tras entrevistarse con el paciente, ver y palpar sus síntomas, conocer sus dolencias”. Lo cortés no quita lo valiente y sostiene que es un apasionado del aprendizaje permanente -”esencial en la medicina”- y de la innovación en este y en cualquier campo.