El entorno de la Alcazaba, proyecto condenado a quedarse a medias
El plan original contemplaba el derribo de la manzana que se ha quedado en pie

La subida a la Alcazaba, la calle más transitada por el turismo, lleva seis años esperando que la adecenten.
El derribo del adefesio chamuscado de cuatro plantas que quedaba en pie entre las calles Hércules y Viña ha dejado a la vista una manzana de viviendas que en el proyecto inicial también iban a ser derribadas. La marcha atrás por parte de las autoridades municipales, renunciando a tirar las casas que ocupaban esa parcela entre las calles Música y Dicha, supone que el llamado Plan Integral de Mejora del Entorno de la Alcazaba, que echó a andar en el año 2016, siendo alcalde de la ciudad Ramón Fernández-Pacheco, esté condenado a quedarse a medias.
El plan original pasaba por unir la calle Pósito y la cuesta Almanzor y liberar de viviendas un espacio de más de dos mil metros cuadrados, que finalmente no ha podido rescatarse íntegramente, sin que se conozcan a ciencia cierta cuales han sido las razones para que el Ayuntamiento decidiera optar por esta inesperada solución. Ahora, una vez derribado el edificio que taponaba visualmente la subida a la Alcazaba, saltan a la vista todas esas viviendas y solares que estaban incluidas también en la reforma.
La duda que surge ahora, tras la desaparición del adefesio de hormigón, es saber cuándo van a comenzar los trabajos para adecentar de una vez la subida al monumento. Lo lógico, después de tantos años de espera, hubiera sido que el proyecto ya estuviera terminado por parte del estudio de arquitectura y que se hubiera puesto en marcha inmediatamente después del derribo. Pero la realidad parece distinta y no se vislumbra ningún indicio de que la ansiada reforma vaya a llegar en las próximas semanas.
Nos han tirado el edificio feo, es verdad, pero la cuesta de Almanzor sigue siendo un calvario, no por lo empinada que resulta para los mayores que vienen a visitarla, sino por el estado de abandono absoluto que presenta. Siete años después de que derribaran las viviendas del costado derecho, el escenario sigue siendo un solar inmundo del que el Ayuntamiento solo se ha preocupado de sanear una vez al año en vísperas de la cabalgata de Reyes Magos. Como la fiesta ha dejado de salir de la Alcazaba, los vecinos no disfrutan ya ni de ese pequeño alivio que suponía la presencia de los equipos de limpieza para mejorar el camino de sus majestades.

Manzana de viviendas que estaba previsto derribar en el proyecto inicial.
La desdichada calle Almanzor, que queramos o no es la calle más transitada de la ciudad por parte de los que nos visitan, es también la que más nos avergüenza, la que nos deja con el culo al aire delante del turismo, la que nos llena de contradicciones y de dudas en relación a los políticos responsables. Al margen de ese gran proyecto que no está aún terminado, lo coherente, lo razonable, lo lógico, hubiera sido realizar una primera actuación sobre este escenario para eliminar la mugre que lo cubre y esa masa de vegetación de selva miserable que se ha convertido en un nido de mosquitos que tienen en pie de guerra a toda la vecindad.
Cualquiera que se dé una vuelta por la Alcazaba se encontrará con una escena deprimente: un solar abandonado, cubierto por una valla metálica completamente derrotada, a los pies de las históricas murallas. Nos han tirado el edificio quemado después de años de espera, pero nos queda por delante una reforma que no puede seguir esperando más.
Es de agradecer que en el Ayuntamiento estén muy preocupados en estos momentos por rescatar la finca experimental de la Hoya para unirla al plan del entorno de la Alcazaba, pero convendría ir por pasos, vamos a terminar un proyecto para empezar otro, y ese comienzo pasa irremediablemente porque tengamos una calle de acceso al monumento de la que no nos tengamos que avergonzar cada vez que pasa un turista y se echa las manos a la cabeza.