La Voz de Almeria

Almería

El Paseo de Almería no le ha gustado a todos en Semana Santa (y quizá el problema no es el Paseo)

Los parterres, protagonistas inesperados e inevitables de la Semana Santa de Almería de 2026

La Hermandad del Resucitado, en el Paseo de Almería

La Hermandad del Resucitado, en el Paseo de Almería

Álvaro Hernández
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Era el estreno más esperado y, sobre todo, el que más ojos tenía encima. Cualquier fallo iba a ser analizado, compartido, proclamado y vociferado a los cuatro vientos en las sacrosantas redes sociales. Tras una Navidad piloto, la Semana Santa era la gran prueba de fuego del Paseo de Almería tras las obras de remodelación que están convirtiendo esta vía en una gran zona peatonal.

¿Cómo ha terminado el examen? Depende. No nos hemos convertido en un diario gallego, es que algo tan subjetivo y polémico como las obras del Paseo de Almería no pueden tener una nota que no sea esa. Depende. 

Lo cierto es que ha ido todo bien. El Paseo de Almería ha ganado un mundo con la remodelación y quien no lo reconozca, o miente, o le interesa intentar dejar mal el cambio. Basta ir cualquier fin de semana al Paseo de Almería, aun con las tiendas cerradas, y disfrutar de una vía que, de repente, se ha convertido en una zona de disfrute que hace honor a su nombre y en la que se ve a gente haciendo algo insólito: pasear

Cabe preguntarse si, más allá del día a día, el nuevo Paseo de Almería se adapta bien a la celebración de grandes eventos. Y es ahí cuando se titubea. No porque en la Semana Santa de 2026 no haya ido todo rotundamente perfecto (como así ha sido), sino porque siempre hay que poner un pero. 

Parterres, palabra del año en Almería

"Sí, pero...". El 'pero' del Paseo de Almería con el transcurrir de las procesiones ha sido, una vez más, la ubicación y extensión de los dichosos parterres, esos trozos de tierra que se han convertido inesperadamente en los protagonistas de una obra de más de 11 millones de euros de presupuesto. 

La ubicación de alguno de ellos ha sido muy comentada desde dos puntos de vista: a los espectadores les ha molestado porque, en puntos muy concretos del Paseo de Almería, no es posible ponerse delante de ellos para ver cofradías; al Ayuntamiento le ha irritado que los menos cívicos hayan hecho caso omiso de parterres y plantas y hayan pisoteado lo que fuera necesario para cruzar. 

Los más guasones comentaban ya con el Señor de la Vida delante, este Domingo de Resurrección, que igual sería buena idea instalar pasarelas para atravesar los parterres en días de grandes eventos como la Semana Santa y así todos quedan contentos. Como si fueran puentes provisionales de un jardín japonés al que solo le faltaría un estanque con carpas. 

Lo cierto es que, según los más recientes estudios de las más influyentes universidades, nadie ha muerto por tener que ver una cofradía detrás de un parterre en el Paseo de Almería. Respecto a lo de pisotearlos, confiemos en que en los próximos años todos aprendamos a convivir con estos pedazos de tierra que en verano ayudarán a refrescar el ambiente. 

Porque ese es otro asunto muy almeriense. ¡Ay, si el Ayuntamiento de Almería no hubiera puesto un mísero parterre! Ahí estaríamos gimiendo y llorando, pataleando, protestando enfurecidamente porque el Paseo de Almería es un solar, un yermo paisaje como el de la Plaza de la Catedral, porque no es un espacio habitable. Se haga lo que se haga y como se haga, jamás se acierta. 

Lo que sí hay que aplaudir (y este punto se lo tengo que acreditar a mi amigo Víctor Pérez, que puso cordura entre tanta crítica) es la capacidad de reacción del Ayuntamiento a la hora de redimensionar esos trozos de tierra cuyo nombre es ya candidata a palabra del año. 

Porque en un mundo en el que impera la cabezonería y la negación del error hasta el final, el hecho de que, tras la Navidad, el Ayuntamiento de Almería ordenara hacer más pequeños los parterres es digno de aplaudir. ¿Se podría haber hecho así desde un principio? Sí, claro. ¿Lo importante es cómo van a quedar al final? Por supuesto.

Lo mismo sucede con tantas y tantas cosas. El del Paseo de Almería, como otros muchos, es un proyecto vivo. Errores y aciertos aparte, el Paseo que hemos vivido esta Semana Santa es distinto al de la Semana Santa de 2027. Primero, porque las obras ya estarán acabadas. Segundo, porque quizás alguien ha tomado nota sobre la forma de ver cofradías en esa calle y, a lo mejor, tiene solución este gran problema del primer mundo. 

Dicho esto, si alguien ha llegado a este punto del artículo (cosa que dudo), lo cierto es que la filosofía de estas líneas no va a gustar a los habituales comentaristas de Facebook: el Paseo de Almería está quedando bien y al Paseo de Almería le están quedando de miedo las cofradías. A lo mejor, el problema del Paseo de Almería no es el Paseo de Almería. 

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