La Voz de Almeria

Almería

Barnahus, un fortín en Almería contra la violencia sexual en menores

La Fundación Márgenes y Vínculos acompaña a las víctimas en su proceso

Espacio Barnahus, en Almería capital.

Espacio Barnahus, en Almería capital.La Voz

Alberto Godoy
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En una casa de Almería, lejos de la imagen fría de los juzgados o las comisarías, funciona desde hace meses un espacio pensado para que niños y adolescentes puedan hablar de la violencia sexual que han sufrido sin sentirse interrogados ni señalados. Es el Barnahus, la ‘Casa de la Infancia’, un modelo importado del norte de Europa que reúne bajo un mismo techo la atención psicológica, la coordinación con la Junta de Andalucía y el acompañamiento al procedimiento judicial, con un objetivo claro: que el menor cuente su historia las menos veces posibles y en un entorno que perciba como seguro. María Rodríguez Rodulfo, psicóloga de la Fundación Márgenes y Vínculos, explica que esa especialización marca la diferencia: “Aquí estamos muy formadas en violencia sexual, desarrollo sexual y conductas sexuales problemáticas”.

El programa atiende a menores de entre 3 y 18 años, aunque la el acompañamiento empieza antes cuando hay sospechas en bebés o niños que aún no pueden verbalizar lo ocurrido. La clave está en el testimonio, porque en la violencia sexual infantil “no es tan común que haya marca física” y, en muchos casos, la única prueba es lo que relata el propio menor. Por eso se trata de preservar esa voz: antes de llegar a un recurso especializado como el Barnahus, un niño puede haber repetido su relato hasta siete veces ante distintas figuras —familia, pediatra, servicios sociales, fuerzas de seguridad—, con el riesgo de que la memoria se altere y de que el proceso resulte revictimizador. En la casa de Almería se busca justo lo contrario: una sola puerta de entrada y un circuito interno que reduzca al mínimo la exposición.

Escuchar y acompañar

Los casos llegan desde el Servicio de Prevención y Apoyo a la Familia de la Junta de Andalucía, que centraliza las sospechas, amplía información y deriva a la Fundación Márgenes y Vínculos para la evaluación y el tratamiento. La atención es gratuita y financiada con fondos públicos, y la intervención se adapta a cada niño: no hay un número cerrado de sesiones, ni tiempos estándar

Tras una primera fase de evaluación, se determina si el testimonio es compatible o no con violencia sexual, una matización importante para Rodríguez Rodulfo: “No somos adivinas, no estuvimos allí; lo que valoramos es la compatibilidad del relato con la violencia sexual, no si ‘ha pasado o no ha pasado’”. Cuando hay sintomatología asociada, se ofrece tratamiento tanto al menor como a su familia, que también suele arrastrar sentimientos de culpa, vergüenza o miedo.

La casa, decorada con colores y juegos, se ha diseñado a partir de estándares europeos y de encuestas a los propios niños: ellos pidieron más juguetes, espacios menos infantiles para los adolescentes e incluso perros de acompañamiento, una figura que se está implantando en otros países y que el equipo de Almería ve con buenos ojos para el futuro. 

Espacio Barnahus, en Almería capital.

Espacio Barnahus, en Almería capital.La Voz

Ese entorno amable no es solo una cuestión estética; también se utiliza para realizar pruebas preconstituidas, de manera que el menor pueda declarar desde un espacio que ya conoce, con una psicóloga de referencia, sin pisar una sala judicial pensada para adultos. En una provincia pequeña como Almería, la red de jueces y fiscales permite integrar este modelo y evitar desplazamientos innecesarios, algo que, según la psicóloga, mejora notablemente la calidad del testimonio y la vivencia del proceso.

Tender la mano

Barnahus no atiende solo a víctimas; también trabaja con niños y adolescentes que ejercen violencia sexual o presentan conductas sexuales problemáticas, especialmente los menores de 14 años que quedan fuera del sistema judicial. Rodríguez Rodulfo reconoce que este trabajo genera resistencias sociales, pero lo considera imprescindible: “Que un niño haya cometido un comportamiento sexual problemático es una alarma de que hay algo que hay que trabajar”. 

El objetivo no es que el menor “confiese un delito” ante su psicóloga, sino que comprenda qué ha hecho, por qué lo ha hecho y, sobre todo, que no vuelva a repetirlo. En algunos casos, cuando la violencia se ha producido en el ámbito intrafamiliar y tras finalizar los tratamientos, el equipo ha organizado sesiones de reunificación entre víctima y ofensor que describen como experiencias “brutales” por la carga emocional y reparadora que tienen para las familias.

La intervención se apoya en modelos terapéuticos con respaldo científico, como la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma, y en formaciones específicas sobre evaluación de conductas sexuales de riesgo. La experiencia les dice que cuanto antes se detecta la violencia y antes se ofrece tratamiento, menos probabilidad hay de que se desarrollen secuelas en la vida adulta. 

Sala de conferencias de Barnahus.

Sala de conferencias de Barnahus.La Voz

Aun así, la psicóloga insiste en no universalizar la experiencia de la víctima: hay menores que han vivido situaciones que cualquiera consideraría gravísimas y no han desarrollado síntomas, y eso no los hace “menos víctimas” que quienes sí necesitan terapia. En todos los casos, se recomienda a las familias mantener, dentro de lo posible, una “vida normal” para sus hijos, sin encapsularlos ni convertir la violencia sufrida en el eje absoluto de su identidad.

Alzar la voz

Según datos aportados por el Consejo de Europa, 1 de cada 5 niños son abusados; esto no significa que se esté experimentando un crecimiento, sino que hay mayor voluntad de denunciar: la concienciación social ha cambiado el escenario. Cada vez hay más profesionales que detectan indicadores, más familias dispuestas a “levantar la manta” y menos tendencia a dejar estos episodios dentro de casa, especialmente comparado con generaciones anteriores. 

Sin embargo, el tabú persiste, sobre todo cuando los agresores son conocidos o pertenecen al entorno familiar, y también cuando las víctimas son chicos, condicionados por una masculinidad que dificulta reconocer que han sufrido violencia sexual. Ante cualquier sospecha, el mensaje de Rodríguez Rodulfo es prudente pero claro: no precipitar preguntas dirigidas al menor, buscar asesoramiento profesional antes de actuar y, en situaciones de riesgo inmediato, llamar al 112. El Barnahus de Almería nace precisamente para estar en ese punto intermedio: ofrecer un espacio especializado y cercano donde la infancia y la adolescencia puedan sentirse escuchadas sin volver a ser dañadas.

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