La Voz de Almeria

Almería

Un ‘coworking’ en el edificio donde empezó el colegio del obispado

La casa de la calle de la Reina albergó las aulas de la escuela Diego Ventaja

Casa histórica de la calle de la Reina convertida hoy en oficina de alquiler.

Casa histórica de la calle de la Reina convertida hoy en oficina de alquiler.Eduardo D. Vicente

Eduardo de Vicente
Publicado por

Creado:

Actualizado:

Uno de los edificios que le dan prestigio al casco histórico se encuentra en la calle de la Reina y extiende sus fachadas a las calles de Arráez y José Ángel Valente. Se trata de un casa histórica, no solo por su condición de centenaria, sino por las vidas que fueron pasando por ella. Cuando el barrio rebozada vida fue tienda de ultramarinos y despacho de petróleo; bajo sus muros floreció un colegio, una tienda y una fábrica de muebles y ahora, en estos últimos años, una de esas oficinas de alquiler donde por un módico precio puedes tener tu ordenador, tu mesa y tu silla como si estuvieras en tu casa, un ‘coworking’, utilizando el vocabulario que se impone en estos tiempos. La presencia de este nuevo negocio supone un soplo de aire fresco para una calle y una manzana que atraviesan el momento más crítico de los últimos cien años. Nunca, la calle de la Reina y sus alrededores se habían visto tan solos como ahora. Han ido desapareciendo los negocios y también los vecinos, esa corriente de savia nueva que generaba la vida familiar desapareció y la moda de las casas turísticas de alquiler ha terminado por convertir la zona en un desierto. A las ocho de la tarde, cuando cierra la peluquería de Miguel Bisbal y se apagan las luces del ‘coworking’, las tinieblas inundan la calle como si una guerra o una epidemia hubiera pasado por ella.

Los que nacimos allí llevamos en la memoria el recuerdo de la calle cuando no había un solo local libre para poner un negocio y cuando el edificio de las tres calles tenía la tienda más importante del barrio, los ultramarinos de Rafael Fenoy, un lugar que conservó durante décadas su atmósfera de tienda de coloniales de otro siglo, con una monumental estantería de madera donde se podían encontrar las latas más exóticas de especias, las primeras cajas de Cola Cao que a finales de los años cuarenta empezaron a llegar a los comercios de la ciudad, las conservas selectas que sólo estaban al alcance del bolsillo de unos pocos. La estantería de la tienda de Rafael era un espectáculo para la vista, como también lo era el antiguo mostrador de madera que recorría todo el local de una pared a otra. Sobre el mostrador se alineaban los botes redondos de cristal llenos de caramelos y bombones, las tabletas de chocolate, el molinillo que movido por una manivela molía el café, las cajas de madera donde venían los cargamentos de leche condensada que eran el alimento de los lactantes de la época.

La casa tiene fachadas a tres calles: Reina, Arráez y José Ángel Valente.

La casa tiene fachadas a tres calles: Reina, Arráez y José Ángel Valente.Eduardo D. Vicente

El establecimiento contaba con un departamento independiente donde se distribuía el petróleo y con una enorme trastienda en la que se guardaba un gran depósito que siempre estaba lleno de aceite. Allí se almacenaba para volcarlo después sobre la máquina del aceite a granel que estaba debajo del mostrador. La gente llegaba con su botella para que se la llenara de aceite, lo mismo que se llevaba los platos de sus casas cuando iba a comprar atún suelto o las sardinas en aceite que tanto alimentaron las cenas de aquellos días. Rafael Fenoy, su esposa Aurora Sánchez y sus tres hijos formaron parte de la vida de un barrio hasta que a mediados de los setenta, cuando las pequeñas tiendas familiares empezaron a sufrir la competencia de los supermercados, tuvieron que cerrar.

En el piso alto, encima de la tienda, estuvo durante más de treinta años la Graduada de niños Obispo Diego Ventaja, que echó a andar en octubre de 1944. El colegio estaba formado por seis aulas de enseñanza Primaria. Además, contaba con un aula para párvulos en la calle de La Almedina, que durante años fue conocido popularmente con el nombre de ‘escuela de los cagones’, en virtud de la edad de sus escolares. No era el único centro escolar de esa acera, ya que unos metros más abajo funcionaba el famoso colegio de San José. Entonces la calle de la Reina y su manzana eran un río de vida y de negocios, todo lo contrario de lo que ocurre ahora, convertida en un camino solitario que lleva hacia la Alcazaba.

tracking