La Voz de Almeria

Almería

El derecho de los kioscos a regresar al Paseo de Almería cuando esté terminado

Si la hostelería sale fortalecida con la reforma, los kioscos no pueden ser los perdedores

Francisco Luis Cara, dueño del kiosco de las pipas, en su nueva ubicación en la Rambla.

Francisco Luis Cara, dueño del kiosco de las pipas, en su nueva ubicación en la Rambla.La Voz

Eduardo de Vicente
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Cuando todavía no se han terminado las obras, la hostelería ya empieza a sacar pecho en el nuevo Paseo. En apenas sesenta metros, entre la Puerta de Purchena y el bar Coimbra, ya han florecido setenta mesas que ocupan un espacio privilegiado en la remodelada avenida. Parece una evidencia que el nuevo Paseo va ser el reino de los bares, de los cafés, de las pastelerías, y que se va a convertir en una terraza monumental en pleno corazón de Almería. Después de un año de crisis por las obras, es una buena noticia la nueva realidad que les espera, tienen todo el derecho a salir beneficiados de la reforma, como también tendrían que tenerlo los negocios pequeños que tuvieron que recoger las maletas y marcharse cuando empezaron las obras. Los grandes perjudicados fueron los kioscos, que viven en la incertidumbre de no saber a ciencia cierta que va a pasar con sus negocios.

El caso más llamativo, por la popularidad del establecimiento, es el del kiosco de las pipas, que formaba parte de la vida de los almerienses en su esquina del Paseo y la calle de Méndez Núñez. Desde hace un año y medio está sufriendo el exilio de la Rambla, que a pesar de ser una avenida céntrica con mucho movimiento, no tiene la fuerza comercial que tenía el Paseo. Hay quien ha bautizado a la Rambla con el nombre de ‘Paseo de los Jubilados’.

El kiosco de las pipas está instalado cerca del colegio de La Salle, pero sigue echando de menos el Paseo y su propietario, Francisco Luis Cara, conserva la esperanza de poder regresar algún día. Tanto él como los dueños de los otros kioscos que tuvieron que abandonar su ubicación por las obras, tienen el derecho de exigir al ayuntamiento que les permita volver, aunque tengan que adaptarse a un nuevo modelo de kioscos, si es necesario. En el caso particular del kiosco de las pipas, los motivos del regreso son históricos: forma parte de la vida del Paseo con tanto arraigo que ambos se necesitan. Quién no echa de menos su presencia en la gran avenida.

Es una parte más del Paseo desde finales de los años cincuenta, cuando su propietario, Fernando Sánchez puso de moda las palomitas. En 1961, se incorporó al Kiosco su hijastro, Antonio Cara Pérez, que acababa de terminar el Servicio Militar y necesitaba el trabajo. Su colaboración fue clave para sacar al mercado el producto estrella, las pipas calientes, que además de darle fama al puesto, le cambió el nombre. Desde entonces, los almerienses lo bautizaron como el kiosco de las pipas. Empezó utilizando un método poco seguro, calentando las pipas en la olla de las palomitas, lo que provocaba continuas averías, hasta que se fabricó un recipiente que daba vueltas gracias a un motor, con un fuego debajo que iba calentado las semillas. Eran tiempos de esplendor. La vida de la ciudad transitaba a diario por el Paseo. Allí estaban los mejores comercios, los bancos, los grandes cafés que sacaban las mesas a la calle y el lugar donde iban los jóvenes a pasear los domingos y a mirar los escaparates. Llegó a convertirse en una tradición, después de salir del cine y antes de regresar a casa, ir al kiosco a comprar una bolsa de pipas. Cualquier época era temporada alta para el negocio de las pipas calientes. En el verano de 2006, a Antonio Cara le llegó la hora de jubilarse después de cuarenta y cinco años viendo pasar la vida de la ciudad por delante de la ventanilla del kiosco. Su hijo, Francisco, fue el encargado de hacer el cambio de guardia para quedarse con el establecimiento familiar que había creado su abuelastro en 1958. El kiosco de las pipas sigue siendo un lugar de culto, una referencia sentimental para los almerienses, que quieren seguir disfrutándolo en el Paseo.

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