La Voz de Almeria

Almería

El negro futuro de un parque acorralado entre dos carreteras

El Ayuntamiento planea intervenciones futuras en el Parque Viejo

El lugar, declarado Bien de Interés Cultural, ha perdido su naturaleza de parque.

El lugar, declarado Bien de Interés Cultural, ha perdido su naturaleza de parque.La Voz

Eduardo de Vicente
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En las últimas semanas hemos leído la noticia de que Urbanismo ha contratado a una empresa para que haga un estudio y ponga las bases sobre futuras intervenciones en el Parque Nicolás Salmerón. Es una buena noticia que tiene difícil solución para un recinto valorado como Bien de Interés Cultural y Jardín Histórico que perdió su naturaleza de parque, de lugar de retiro, de descanso y refugio, acorralado por el tráfico de dos carreteras.

El Parque Viejo, el primer Parque que tuvo la ciudad, ha ido languideciendo años tras años, asfixiado entre esas dos carreteras y convertido hoy día en un lugar de paso y en un refugio para los perros. La presencia sobre todo de la Carretera Nacional 340 ha convertido el Parque en un territorio hostil para el paseo, en un lugar lleno de ruidos de coches que no se parece en nada a ese escenario tranquilo, lleno de sombras y soledades que por definición debe de ser un parque. El Ayuntamiento intentó darle una nueva vida instalando zonas con aparatos de gimnasia, que no han conseguido rescatar al parque de su decadencia. Esa agonía imparable del Parque de Almería se acentuó con la pérdida del puerto como punto de referencia de la ciudad. Sin la coartada del muelle como un elemento más de atracción para la gente, el Parque se fue quedando sin argumentos.

Lejos, casi olvidados, quedan aquellos años en los comienzos del siglo veinte cuando la ciudad peleaba porque el solar que se extendía de poniente a levante paralelo a la franja marítima se convirtiera en un malecón extraordinario que fuera la primera estampa que se encontraran los visitantes cuando llegaba a la ciudad por el mar. Fue una batalla larga, llena de inconvenientes. En 1910, la prensa local se quejaba de que “todas aquellas personas que nos visitan se llevan las manos a la cabeza al ver el abandono que reina en la parte sur de la población, precisamente el sitio más pintoresco por sus vistas y vecindad al mar. ¿Por qué nos mostramos huraños con el mar, con nuestro puerto, que es lo que más significación da a nuestra capital?”, subrayaba el artículo de La Crónica Meridional.

Hubo que esperar hasta 1914 para que las obras fueran una realidad y aquel escenario dejado de la mano de Dios empezara a convertirse en el ansiado Parque del Malecón. El Parque fue, antes incluso de que estuviera terminado, un orgullo para la ciudad y el lugar elegido por los almerienses para salir a pasear y para organizar sus celebraciones. El nuevo escenario que empezaba a vislumbrarse, llamado a ser el lugar de esparcimiento más importante de la ciudad en aquel tiempo, pudo haber llevado el nombre del ingeniero del puerto Francisco Javier Cervantes, tal y como lo llamaban de forma extraoficial durante las obras, pero en enero de 1916 el concejal señor Villegas pidió que “se denominara el Parque de Cervantes, hoy en construcción, con el nombre de Parque Alfonso XIII”, quedando aprobada dicha propuesta en la sesión municipal del uno de febrero.

En los años veinte el Parque era ya el primer lugar de recreo de los almerienses. En las tardes de verano, con el sol en retirada, bajo sus árboles se refugiaban las familias buscando sus sombras y el frescor de la brisa del mar, que entonces también formaba parte de aquel privilegiado escenario. Muchas noches se organizaban conciertos y sesiones de cine mudo. Al Parque Viejo le salió un competidor cuando en los primeros años de la posguerra construyeron el Parque Nuevo, y poco a poco fue cayendo en el olvido. Todavía, en los años sesenta y setenta, con la proximidad de la Feria, el lugar recuperaba viejos esplendores, contrarrestados siempre por la presencia de esa carretera nacional que ha terminado siendo su tumba.

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