El malagueño cunero que guerreó por Almería
Salvador Torres Cartas tiene plaza en Almería y fue el que hizo el primer puente de la ciudad

Salvador Torres Cartas
Quizá uno de los diputados cuneros (puestos a dedo por los partidos políticos desde el poder central de Madrid) más irreconocibles en Almería, a pesar de tener rotulada a su nombre una plaza del centro histórico, es Salvador Torres Cartas; quizá nunca se le hizo demasiada justicia en su labor social como paladín de Almería y en su enorme influencia en la Villa y Corte a la hora de defender a esta provincia al no haber dejado descendencia en esta tierra. Sin embargo, por unos cuantos años, Torres Cartas fue uno de los principales valedores de aquel distrito uvero y minero a caballo entre finales del XIX y principios del XX, como se refleja continuamente en la prensa de la época y en las actas de sesiones del Ayuntamiento capitalino.
Su labor como parlamentario encasillado (en la España de la Restauración, los gobiernos de turno cambiaban antes de las elecciones y salían los candidatos de la casilla que quería el gobierno entrante mediante un sistema de pucherazo caciquil nada democrático) en la provincia de Almería tuvo como razón principal que se había casado con una patricia almeriense, Concha Gómez de Salazar y Trell, hija del potentado ingeniero de minas Ignacio Gómez de Salazar y de la ilustre Remedios de Trell y Chacón, con amplias posesiones en bienes raíces y en demarcaciones mineras por la provincia. Ignacio fue el ingeniero comisionado para realizar el monumento a la minería, formado por dos columnas de Hércules y una masa de mineral de plomo, que construyó en el Puerto la ciudad, junto al pabellón de esparto, para recibir a la reina Isabel II en su viaje por Andalucía en 1862.
El cunero emparentó, por tanto con una gran fortuna almeriense que complementó con la suya propia. Salvador Torres Cartas nació en Málaga en 1846, hijo de una estirpe noble. Fue cadete en el colegio de Toledo y alumno de Ingenieros en Guadalajara y en la Escuela Naval del Ferrol. Establecido en Madrid fue nombrado alférez de la Marina y participó en la construcción del célebre dique de la Habana como ingeniero naval jefe de la Armada española.
Fue también un notable inventor con patentes propias en proyectos de impulsión naval. Las casas ingleses constructoras de buques como la Palmers Ship Building realizaron algunos de sus proyectos. A raíz del desastre del 98 en Santiago de Cuba, Torres Cartas fue comisionado por el Gobierno español para comprar un barco en un astillero italiano, que a la postre demostró, con pericia, que se trataba de un engaño con un modelo defectuoso. Su invento más notable fue un buque de combate invulnerable a la acción de torpedos y artillería de 22.000 toneladas.
Fue miembro del Partido Conservador de Cánovas del Castillo y ya en 1886 se presentó como candidato al Congreso por Sorbas, aunque sin éxito. Logró escaño unos años más tarde, en la legislatura de 1891 por ese mismo municipio, apoyado por la élite conservadora de la provincia como Manuel Giménez Ramírez, oriundo de Antas, y por el silvelista Emilio Pérez Ibáñez, el que rotula con su nombre la Plaza Circular de la ciudad.
En 1896 volvió a ser elegido diputado hasta 1898, esta vez por la circunscripción de Almería capital junto a José González Egea, hijo de José González Canet. Poco antes de su designación como parlamentario almeriense, en 1902, tuvo un papel clave en la configuración urbana de Almería. Tras varios intentos, el Gobierno municipal consiguió convencer a Torres Cartas para que diseñara como ingeniero y se quedara con la contrata del primer puente que tuvo la Rambla de Almería, desde lo que hoy es el Instituto Celia Viñas (entonces almacén de espartos del industrial británico Mac-Murray) hasta lo que es hoy el inicio de la Avenida de la Estación. Se había terminado de encauzar la Rambla, tras el terror de la riada de 1891 que costó 20 muertos, y ahora se necesitaba obligatoriamente un puente por el que cruzar. Lo consiguió finalizar Torres Cartas con un coste de casi 100.000 pesetas, en lo que fue un gran ingenio metálico. Ya había presentado Torres Cartas un primer proyecto de cargadero de mineral sobre las Almadrabillas que fue rechazado, a la espera de que llegara el actual Cable Inglés.
Por su labor decisiva en ese puente iniciático de la Rambla, años después, en 1913, el Ayuntamiento decidió poner su nombre a la antigua calle del Emir, entre la calle Real y la calle Hospital. Décadas después, en 1931, la calle pasó a ser rotulada con el nombre del exalcalde Braulio Moreno y se reservó la denominación Torres Cartas para la Plaza donde hoy está el bar Tropezón. También lleva su nombre una calle de Sorbas.
Torres Cartas tuvo amplias posesiones mineras heredadas y fincas y cortijos en Níjar, Serón y Bacares. En la villa nijareña, su esposa obtuvo la Cruz de Beneficencia por la cesión de una propiedad para dedicarla a Hospital durante varias epidemias de sarampión. Trabajó también el ingeniero en la repoblación de montes de la provincia para aliviar las inundaciones, en el aprovechamiento comunal de los campos de esparto y en las conexiones del ferrocarril. Fue también productor de uva y en su finca nijareña celebró grandes banquetes donde acudían ministros del Gobierno, como Ramón Auñón, responsable de la cartera de Marina.
En los últimos años de su vida tuvo que enfrentarse a un Consejo de Guerra donde fue juzgado por haber cuestionado la profesionalidad de varios ingenieros navales por su supuesta ineficacia en la implementación de la artillería naval utilizada en la Guerra de Cuba. El Tribunal Supremo de Marina dictaminó separarlo del cargo de primera clase que ocupaba. Sabemos por las actas municipales que en 1924 solicitó residencia en Almería y, sin conocer la fecha exacta, el benéfico ingeniero falleció muy pocos meses después.