La Voz de Almeria

Almería

Montero y los años mágicos

Fue uno de los futbolistas de la tierra que vivió los días de gloria de la A.D. Almería

Montero fichó por el Real Madrid con 19 años y  fue cedido al Rayo Vallecano, en Segunda División.

Montero fichó por el Real Madrid con 19 años y fue cedido al Rayo Vallecano, en Segunda División.La Voz

Eduardo de Vicente
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En Almería salían los futbolistas por generación espontánea. De vez en cuando nacía una promesa de la nada, de aquellos campos infames de tierra y hoyos, de la arena de la playa, de los páramos de la vega en retirada, de los callejones de tierra donde los niños jugaban al fútbol con una pelota vieja y dos carteras como portería.

La academia era la calle y cuando destacaba un futbolista no tenía otro  camino si quería crecer que hacer las maletas y marcharse lejos. Fueron muchos los que se marcharon, desde Biosca a Juan Rojas, desde Segura a Román, pasando por Goros, Belmonte, los hermanos Polo, Salva, Brasi, Salmerón, Cano, Héctor o Francisco, entre otros. A esa lista de aventureros que hicieron carrera lejos de su tierra hay que unir un nombre, el de Francisco Montero Ramos, que con solo dieciséis años ya estaba haciéndose un futbolista en Cataluña.

Montero fue uno de aquellos niños que se criaron en la plaza de Villagarcía y en los descampados de la Vega soñando con poder jugar algún día en el estadio de la Falange.

Sus comienzos fueron en el Hispania juvenil, allá por el año de 1961. Después llegó su etapa en Barcelona, primero en los juveniles del Vich donde llegó a debutar en Tercera División y donde empezó su despegue cuando un ojeador del Real Madrid se fijo en sus cualidades y se lo llevó para el club de la capital de España. Con diecinueve años recién cumplidos, Montero fue cedido al Rayo Vallecano, llegando a jugar en Segunda División. 

Como le ocurrió a tantas jóvenes promesas de entonces, no tuvo tiempo de triunfar en el Madrid y acabó de nuevo en Cataluña defendiendo la camiseta de clubes históricos como el Tarrasa, el Figueras, el Sanz y el Tarragona. Un día, cansado de dar vueltas y de estrenar colores, decidió regresar a su tierra y aceptó la oferta que le hizo Ángel Martínez, presidente de la A.D. Almería. Era el verano de 1972 y aquel Almería acababa de empezar a escribir una nueva página en la historia de nuestro fútbol. Era un club recién nacido que había echado a andar un año antes en Preferente, ocupando el vacío que había dejado la dolorosa desaparición, unos años antes, del Atlético Almería.

La temporada 72-73 se presentaba llena de alicientes para la A.D. Almería, que debutaba en Tercera División, que en aquella época era una categoría fuerte donde militaban clubes de gran solera en el contexto futbolístico nacional. Con Ángel Martínez empujando fuerte desde la presidencia y una nueva generación de aficionados, el objetivo era volver un día a jugar en Segunda, la categoría que por ciudad le correspondía a Almería.

A ese club nuevo, a ese equipo lleno de sueños, llegó en el verano de 1972 el futbolista Montero después de su largo periplo fuera. Era uno de los fichajes importantes para reforzar el centro del campo y rematar una plantilla donde había nombres tan relevantes como Goros, Juan Rojas, Zapata, Richar, Reyes, Maxi, Alfonsín o Martín Doblado.

Montero se incorporó unos días antes del comienzo de la pretemporada, junto a uno de los fichajes estrella que hizo el club ese verano, el lateral Garrido, que venía del Betis y que acabaría haciendo historia de rojiblanco, no solo por los logros deportivos sino por el cariño que se ganó de la afición, que lo bautizó con el apodo del ‘teniente Colombo’ por tener cierto parecido, en su aspecto desgarbado, con el famoso agente secreto de la serie americana que estaba de moda en televisión.

Montero llegó  al Almería en un momento crucial. En las seis temporadas que vistió la camiseta rojiblanca no paró de vivir fuertes emociones. Supo lo que era sufrir para mantener la categoría, lloró los fracasos de la promoción ante el Córdoba y aquella maldita eliminatoria ante el Tarrasa en la que el equipo quedó eliminado en los despachos. Pero también gozó de grandes temporadas de fútbol total, sobre todo a partir de 1976 cuando la A.D. Almería cambió de rumbo en ese mágico escenario que fue el campo Franco Navarro.

Montero formaba parte de la plantilla que ascendió a Segunda B y a Segunda División de forma consecutiva haciendo un fútbol brillante y convirtiendo cada tarde de partido en una fiesta total. Aquel año, con Enrique Ales de  entrenador, tuvo el placer de compartir vestuario con jugadores de la talla de Gregorio, Garrido, Martínez, Rojas, Molowny, Mantecón, Pino, Polo, Zapata, Espejo, Mendoza, Jeromo, Unamuno, Marco, Rocamora y Martín Doblado. Ese verano de 1978, tras conseguir el ascenso soñado, colgó las botas dejándonos en el recuerdo aquellos pases majestuosos que le daba a Juan Rojas, con el que se entendía a la perfección.

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